martes, 15 de mayo de 2018


¿SABÍAS QUE LOS CUATRO ELEMENTOS QUE CONSTITUYEN UNA VIDA AUTÉNTICA SON: LA ESPERANZA, LA FE, LA VERDAD Y EL AMOR?

ALETEIA
(Lucas 1: 5-25)

La esperanza es la espera de algún bien, sea éste material o espiritual, Y EL SER HUMANO MIENTRAS VIVA, ESPERA.
Esta esperanza siempre está ligada con la confianza o fe, pero a la vez es la espera ansiosa de conseguir aquello que aún no se tiene.

LA ESPERANZA DE POR SÍ NO ES UNA GARANTÍA SI NO ESTÁ ACOMPAÑADA DE LA FE.
En nuestro caso es la fe en nuestro Dios que es TODOPODEROSO Y QUE PARA ÉL NO HAY NADA IMPOSIBLE.
El filósofo griego Porfirio señalaba que LOS CUATRO ELEMENTOS QUE CONSTITUYEN UNA VIDA AUTÉNTICA SON: LA ESPERANZA, LA FE, LA VERDAD Y EL AMOR.

Desde el punto de vista cristiano, LA ESPERANZA TIENE POR OBJETO A DIOS.
Es esta esperanza de la que se habla cuando el ser humano puede salir de una situación difícil y se ve liberado con la ayuda de Dios.
Es una esperanza que se forja en la fe y no en las fantasías, es la confianza en un Dios misericordioso.
LOS QUE ESPERAN EN DIOS NO DEBEN TENER TEMOR ALGUNO.

La esperanza que tiene por objeto a Dios, tiene tres aspectos: 

LA ESPERA DEL FUTURO,
LA CONFIANZA Y
LA PACIENCIA DE LA ESPERA.

EL AGENTE QUE DINAMIZA LA ESPERANZA ES LA FE, constituyéndose ambos en LA ESENCIA DE LA VIDA CRISTIANA.
La esperanza unida a la fe se convierte en una nueva actitud para enfrentar al mundo.
Esta nueva actitud es un nuevo salto existencial que el ser humano realiza desde una situación trágica, para encontrar una solución inmediata, gracias a la intervención divina.

En el pasaje bíblico que hemos leído representa un ejemplo excelente del tipo de esperanza que estamos tratando.
Dos hechos señalamos: En una se describe a Zacarías y a Elizabeth que eran justos delante de Dios, pero no tienen hijos, debido a que Elizabeth era estéril. Y además, ambos eran muy ancianos (vv: 5-6). Sin duda que la situación de ambos no era muy buena y existía malestar entre ambos y entre el pueblo.
En la otra, la esperanza de que Dios responda a las oraciones de Zacarías se hace realidad. La espera y la oración dan sus frutos: Dios ha oído el clamor de sus hijos y provee un hijo, que ha de ser llamado Juan (vv. 13-14; 24-25).

La esperanza mesiánica presenta algunas dificultades, PERO LA FE EN DIOS HACE QUE ESA ESPERA SE CONVIERTA EN UNA ESPERANZA VIVA. Muchas veces lo que dificulta nuestra esperanza viva ES LA DESESPERANZA, QUE ESTÁ REPRESENTADA POR EL MIEDO, LA DUDA, LOS PROBLEMAS, LAS CONTRADICCIONES.

Hoy vivimos tiempos de desesperanza, de temores y dudas. No hay señales de esperanza en ningún lugar. De ahí que este tiempo de Adviento, debe ser un tiempo de reflexión acerca de la fe en Dios y del cumplimiento de sus promesas, entre ellas, el nacimiento de Jesús, el Salvador del mundo.
Los que ya hemos experimentado las maravillas del Señor, debemos generar esperanza ahí donde existe la desesperanza, fe donde haya duda.

Que nuestra confianza y esperanza estén cimentadas en la gracia de Dios.

Oremos al Señor para que nos sea aumentada la fe y mantengamos una esperanza viva, ahora y en el futuro por venir. Amén.

Rev. Lic. Jorge Bravo C.


¿SABES QUE LA ESPERANZA ES JESUCRISTO Y QUE NUNCA NOS DEFRAUDA?

La virtud de la esperanza – quizás menos conocida que la de la fe y la caridad– NUNCA DEBE CONFUNDIRSE CON EL OPTIMISMO HUMANO, QUE ES UNA ACTITUD MÁS RELACIONADA CON EL ESTADO DE ÁNIMO.
Para un cristiano, LA ESPERANZA ES JESÚS EN PERSONA, ES SU FUERZA DE LIBERAR Y VOLVER A HACER NUEVA CADA VIDA. Lo afirmó esta mañana el Papa Francisco en la homilía de la Misa presidida en la Casa Santa Marta.
La esperanza es “un don” de Jesús, LA ESPERANZA ES JESÚS MISMO, TIENE SU “NOMBRE”.
Esperanza no es la de quien consigue ver el “vaso medio lleno”: eso es sencillamente “optimismo”, y “el optimismo es una actitud humana que depende de muchas cosas”.
La homilía matutina del Papa Francisco se apoya al principio en esta distinción. El punto de partida viene de la Carta en la que Pablo escribe a los Colosenses “Cristo en vosotros, esperanza de la gloria”. Y sin embargo, objeta el Papa, “la esperanza es una virtud de segunda clase’”, la “virtud humilde” si se la compara con las más conocidas de la fe y de la caridad. Por esto, puede suceder que se la confunda con un sereno buen humor:
“Pero la esperanza es otra cosa, no es optimismo.
La esperanza ES UN DON, ES UN REGALO DEL ESPÍRITU SANTO Y POR ESTO PABLO DIRÁ: ‘NUNCA DEFRAUDA’.
La esperanza nunca defrauda, ¿por qué? Porque es un don que nos ha dado el Espíritu Santo. Pero Pablo nos dice que la esperanza tiene un nombre. La esperanza es Jesús. No podemos decir: ‘Yo tengo esperanza en la vida, tengo esperanza en Dios’, no: si no dices: ‘TENGO ESPERANZA EN JESÚS, EN JESUCRISTO, PERSONA VIVA, QUE AHORA VIENE EN LA EUCARISTÍA, QUE ESTÁ PRESENTE EN SU PALABRA’, NO ES ESPERANZA. Es buen humor, optimismo…”.
Del Evangelio, el Papa Francisco toma el segundo punto del día. El episodio es aquel cuando Jesús cura en sábado la mano paralizada de un hombre, suscitando la reprobación de escribas y fariseos.
Con su milagro, observa el Papa, Jesús libera la mano de la enfermedad Y DEMUESTRA “A LOS RÍGIDOS” QUE LA SUYA “NO ES LA VÍA DE LA LIBERTAD”. “LIBERTAD Y ESPERANZA VAN JUNTAS: DONDE NO HAY ESPERANZA NO PUEDE HABER LIBERTAD”, afirma el Papa Francisco. Que añade: “Jesús libera de la enfermedad, del rigor y de la mano paralizada a este hombre, REHACE LA VIDA DE AMBOS, LA HACE DE NUEVO”:
“Jesús, la esperanza, hace todo nuevo. Es un milagro constante. No sólo ha hecho milagros de curación, muchas cosas: esos eran sólo signos, señales de lo que está haciendo ahora, en la Iglesia. EL MILAGRO DE HACER TODO NUEVO: LO QUE HACE EN MI VIDA, EN TU VIDA, EN NUESTRA VIDA. HACER NUEVO. Y ESTO QUE HACE NUEVO ÉL ES PRECISAMENTE EL MOTIVO DE NUESTRA ESPERANZA.
Es Cristo el que hace nuevas todas las cosas más maravillosamente que en la Creación, es el motivo de nuestra esperanza. Y ESTA ESPERANZA NO DEFRAUDA, PORQUE ÉL ES FIEL. No puede negarse a sí mismo. Esta es la virtud de la esperanza”.
Y aquí, el Papa Francisco dirige una mirada en particular a los sacerdotes. “Es un poco triste – admite – cuando uno encuentra a un sacerdote sin esperanza”, mientras que es bonito encontrar a uno que llega al final de la vida “no con optimismo sino con esperanza”. “Este sacerdote – continua – está unido a Jesucristo, y el pueblo de Dios necesita que nosotros sacerdotes demos este signo de esperanza, VIVAMOS ESTA ESPERANZA EN JESÚS QUE HACE TODO NUEVO”:
“El Señor que es la esperanza de la gloria, que es el centro, que es la totalidad, nos ayude en este camino: dar esperanza, tener pasión por la esperanza. Y, como he dicho, no siempre es optimismo, sino que ES LA QUE LA VIRGEN, EN SU CORAZÓN, TUVO INCLUSO EN LA OSCURIDAD MÁS GRANDE: LA TARDE DEL VIERNES HASTA LA MADRUGADA DEL DOMINGO. ESA ESPERANZA: ELLA LA TENÍA. Y ESA ESPERANZA HA HECHO NUEVO TODO”.