lunes, 2 de enero de 2017

¿SABÍAS QUE UNIENDO ARMONIOSAMENTE LAS ENSEÑANZAS Y LA PRÁCTICA DEL MUTUO AMOR, SE REALIZA ADMIRABLEMENTE ESE DOBLE DAR QUE COMPENDIA LA DOCTRINA LA SOCIAL DE LA IGLESIA”?

¿SABÍAS QUE UNIENDO ARMONIOSAMENTE LAS ENSEÑANZAS Y LA PRÁCTICA DEL MUTUO AMOR, SE REALIZA ADMIRABLEMENTE ESE DOBLE DAR QUE COMPENDIA LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA”?
                                                                       CÁRITAS

La Doctrina Social de la Iglesia ES UN CONJUNTO DE NORMAS Y PRINCIPIOS REFERENTES A LA REALIDAD SOCIAL, POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LA HUMANIDAD, BASADA EN EL EVANGELIO Y EN EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA CATÓLICA.

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia y el Catecismo de la Iglesia Católica la definen como un “cuerpo doctrinal renovado que se va articulando a medida que la Iglesia, en la plenitud de la Palabra revelada por Jesucristo y mediante la asistencia del Espíritu Santo, lee los hechos según se desenvuelven en el curso de la historia”.

“Nada, pues, tiene de extraño que la Iglesia Católica, siguiendo el ejemplo y cumpliendo el mandato de Cristo, HAYA MANTENIDO CONSTANTEMENTE EN ALTO LA ANTORCHA DE LA CARIDAD DURANTE DOS MILENIOS, es decir, desde la institución del antiguo diaconado hasta nuestros días, tanto con la enseñanza de sus preceptos como con sus ejemplos innumerables; caridad que, UNIENDO ARMONIOSAMENTE LAS ENSEÑANZAS Y LA PRÁCTICA DEL MUTUO AMOR, REALIZA DE MODO ADMIRABLE EL MANDATO DE ESE DOBLE DAR QUE COMPENDIA POR ENTERO LA DOCTRINA Y LA ACCIÓN SOCIAL DE LA IGLESIA”.

La Iglesia, PARTÍCIPE DE:
LOS GOZOS Y DE LAS ESPERANZAS,
DE LAS ANGUSTIAS Y DE LAS TRISTEZAS DE LOS HOMBRES,
ES SOLIDARIA CON CADA HOMBRE Y CON CADA MUJER DE CUALQUIER LUGAR Y TIEMPO, Y LES LLEVA LA ALEGRE NOTICIA DEL REINO DE DIOS QUE CON JESUCRISTO HA VENIDO Y VIENE EN MEDIO DE ELLOS.

Para la humanidad, la Iglesia es –en este mundo– el sacramento del amor de Dios, “EL PROYECTO VISIBLE DEL AMOR DE DIOS HACIA LA HUMANIDAD” Y, POR ELLO, DE LA ESPERANZA MÁS GRANDE, QUE ACTIVA Y SOSTIENE TODO PROYECTO Y EMPEÑO DE AUTÉNTICA LIBERACIÓN Y PROMOCIÓN HUMANA.

Fecundar y fermentar la sociedad con el Evangelio.
Con su Doctrina Social, la Iglesia se hace cargo del anuncio que el Señor le ha confiado: el Evangelio del Reino.

En cuanto Evangelio que resuena mediante la Iglesia en el hoy del hombre, la Doctrina Social ES PALABRA QUE ILUMINA Y LIBERA.

Esto significa que posee la eficacia de verdad y de gracia del Espíritu de Dios, que PENETRA LOS CORAZONES DISPONIÉNDOLOS A CULTIVAR PENSAMIENTOS Y PROYECTOS:
DE AMOR:
DE JUSTICIA,
DE LIBERTAD Y
DE PAZ.

El Concilio Vaticano II nos recuerda que, con su enseñanza social, la Iglesia quiere anunciar y actualizar el Evangelio en la compleja red de las relaciones sociales.

Busca fecundar y fermentar la sociedad misma con el Evangelio. “Para ello es importante que en América los agentes de evangelización (obispos, sacerdotes, profesores, animadores pastorales, etc.) asimilen este tesoro que es la doctrina social de la Iglesia e, iluminados por ella, se hagan capaces de leer la realidad actual y de buscar vías para la acción”. Evangelización y promoción humana. “En este esfuerzo por conocer el mensaje de Cristo y hacerlo guía de la propia vida hay que recordar que LA EVANGELIZACIÓN HA IDO UNIDA SIEMPRE A LA PROMOCIÓN HUMANA Y A LA AUTÉNTICA LIBERACIÓN CRISTIANA.

«AMOR A DIOS Y AMOR AL PRÓJIMO SE FUNDEN ENTRE SÍ: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios».
 Por lo mismo, será también necesaria una catequesis social y una adecuada formación en la doctrina social de la Iglesia.

Es muy útil para ello el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.

LA VIDA CRISTIANA NO SE EXPRESA SOLAMENTE EN LAS VIRTUDES PERSONALES, SINO TAMBIÉN EN LAS VIRTUDES SOCIALES Y POLÍTICAS”.

“La Iglesia, con su doctrina social, no sólo no se aleja de la propia misión, sino que es estrictamente fiel a ella.
La redención realizada por Cristo y confiada a la misión salvífica de la Iglesia ES CIERTAMENTE DE ORDEN SOBRENATURAL.

Esta dimensión no es expresión limitativa, sino integral de la salvación”. “Lo sobrenatural NO DEBE SER CONCEBIDO COMO UNA ENTIDAD O UN ESPACIO QUE COMIENZA DONDE TERMINA LO NATURAL, SINO COMO LA ELEVACIÓN DE ÉSTE, DE TAL MANERA QUE NADA DEL ORDEN DE LA CREACIÓN Y DE LO HUMANO ES EXTRAÑO O QUEDA EXCLUIDO DEL ORDEN SOBRENATURAL Y TEOLOGAL DE LA FE Y DE LA GRACIA, SINO MÁS BIEN ES EN ÉL:
RECONOCIDO,
ASUMIDO Y
ELEVADO”.

Benedicto XVI, en su encíclica Caritas in veritate, nuevamente recuerda las palabras de su predecesor Pablo VI, quien reconoció la estrecha relación entre el desarrollo y la evangelización. “ENTRE EVANGELIZACIÓN Y PROMOCIÓN HUMANA (DESARROLLO, LIBERACIÓN) EXISTEN EFECTIVAMENTE LAZOS MUY FUERTES”.

“EL TESTIMONIO DE LA CARIDAD DE CRISTO MEDIANTE OBRAS DE JUSTICIA, PAZ Y DESARROLLO FORMA PARTE DE LA EVANGELIZACIÓN, PORQUE A JESUCRISTO LE INTERESA TODO EL HOMBRE”.

HACIA UNA NUEVA SOCIEDAD RECONCILIADA EN LA JUSTICIA Y EN EL AMOR.
 Se requiere que las obras de misericordia estén acompañadas por la búsqueda DE UNA VERDADERA JUSTICIA SOCIAL, QUE VAYA ELEVANDO EL NIVEL DE VIDA DE LOS CIUDADANOS, PROMOVIÉNDOLOS COMO SUJETOS DE SU PROPIO DESARROLLO.

En su encíclica Deus caritas est el Papa Benedicto XVI ha tratado con claridad inspiradora la compleja relación entre justicia y caridad.

Ahí nos dice que “EL ORDEN JUSTO DE LA SOCIEDAD Y DEL ESTADO ES UNA TAREA PRINCIPAL DE LA POLÍTICA” Y NO DE LA IGLESIA.

Pero la Iglesia “no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia”,  ya identificó la urgencia de esta opción preferencial de Cristo por los más pobres y excluidos, QUE DEBE CONCRETARSE EN EL COMPROMISO EVANGÉLICO DE LA IGLESIA.

Este compromiso está fundado en el testimonio mismo de Cristo: un compromiso con los más necesitados.
Se nos recuerda que “la Iglesia debe mirar, por consiguiente, a Cristo cuando se pregunta cuál ha de ser su acción evangelizadora.

El Hijo de Dios demostró la grandeza de ese compromiso AL HACERSE HOMBRE, PUES SE IDENTIFICÓ CON LOS HOMBRES HACIÉNDOSE UNO DE ELLOS, SOLIDARIO CON ELLOS Y ASUMIENDO LA SITUACIÓN EN QUE SE ENCUENTRAN, EN SU NACIMIENTO, EN SU VIDA, Y –SOBRE TODO– EN SU PASIÓN Y MUERTE, DONDE LLEGÓ A LA MÁXIMA EXPRESIÓN DE LA POBREZA”.

“Por esta sola razón, LOS POBRES MERECEN UNA ATENCIÓN PREFERENCIAL, CUALQUIERA QUE SEA LA SITUACIÓN MORAL O PERSONAL EN QUE SE ENCUENTREN.

Hechos a imagen y semejanza de Dios, para ser sus hijos, ESTA IMAGEN ESTÁ ENSOMBRECIDA Y AÚN ESCARNECIDA.

Por eso Dios toma su defensa y los ama. Es así como los pobres son los primeros destinatarios de la misión, Y SU EVANGELIZACIÓN ES, POR EXCELENCIA, SEÑAL Y PRUEBA DE LA MISIÓN DE JESÚS”.  

´´ACERCÁNDONOS AL POBRE PARA ACOMPAÑARLO Y SERVIRLO HACEMOS LO QUE CRISTO NOS ENSEÑÓ AL HACERSE HERMANO NUESTRO, POBRE COMO NOSOTROS.

Por eso, el servicio a los pobres es la medida privilegiada, aunque no excluyente, de nuestro seguimiento a Cristo.

EL MEJOR SERVICIO AL HERMANO ES LA EVANGELIZACIÓN QUE LO DISPONE A REALIZARSE COMO HIJO DE DIOS, LO LIBERA DE LAS INJUSTICIAS Y LO PROMUEVE INTEGRALMENTE; asimismo LO CAPACITA PARA TRABAJAR, JUNTO CON LOS MIEMBROS DE SU COMUNIDAD, A FAVOR DE UN AUTÉNTICO DESARROLLO HUMANO INTEGRAL.

La opción preferencial por los pobres es uno de los rasgos que marca la fisonomía de la Iglesia latinoamericana y caribeña y, por tanto, una condición sine qua non para la labor de Cáritas en el Perú.

Juan Pablo II, dirigiéndose a nuestro continente, sostuvo que “convertirse al Evangelio, para el pueblo cristiano que vive en América, significa revisar todos los ambientes y dimensiones de su vida, ESPECIALMENTE TODO LO QUE PERTENECE AL ORDEN SOCIAL Y A LA OBTENCIÓN DEL BIEN COMÚN”.

Como discípulos misioneros de Jesucristo ESTAMOS LLAMADOS A DESCIFRAR Y CONTEMPLAR EN LOS ROSTROS SUFRIENTES DE NUESTROS HERMANOS EL ROSTRO DE CRISTO QUE NOS LLAMA A SERVIRLO EN ELLOS:
“Los rostros sufrientes de los pobres son rostros sufrientes de Cristo”.
“Todo lo que tenga que ver con Cristo tiene que ver con los pobres, y todo lo relacionado con los pobres reclama a Jesucristo: «Cuanto hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron» (Mt 25,40).

Juan Pablo II destacó que este texto bíblico «ilumina el misterio de Cristo».

Porque en Cristo EL GRANDE SE HIZO PEQUEÑO, EL FUERTE SE HIZO FRÁGIL, EL RICO SE HIZO POBRE”.

“Sólo la cercanía que nos hace amigos nos permite apreciar profundamente los valores de los pobres de hoy, sus legítimos anhelos y su modo propio de vivir la fe.

La opción por los pobres debe conducirnos a la amistad con los pobres.
Día a día, los pobres se hacen sujetos de la evangelización y de la promoción humana integral:
EDUCAN A SUS HIJOS EN LA FE,
VIVEN UNA CONSTANTE SOLIDARIDAD ENTRE PARIENTES Y VECINOS,
BUSCAN CONSTANTEMENTE A DIOS Y
DAN VIDA AL PEREGRINAR DE LA IGLESIA.

A la luz del Evangelio reconocemos SU INMENSA DIGNIDAD Y SU VALOR SAGRADO A LOS OJOS DE CRISTO, pobre como ellos y excluido entre ellos.
Desde esta experiencia creyente, compartiremos con ellos la defensa de sus derechos” la reflexión y preocupación sobre el desarrollo humano entra con fuerza en el Magisterio de la Iglesia.

Frente a ideologías emergentes QUE VALORABAN AL HOMBRE SÓLO POR SU DIMENSIÓN PRODUCTIVA O ECONÓMICA, Pablo VI señala que el verdadero desarrollo humano debe considerar a “todos los hombres y a todo el hombre”.

Benedicto XVI, en Caritas in veritate, retomando toda la extensa y profunda reflexión sobre este tema, nos señala que “el desarrollo humano integral como vocación exige también QUE SE RESPETE LA VERDAD.

La vocación al progreso impulsa a los hombres a «hacer, conocer y tener más para ser más».

Pero la cuestión es: ¿QUÉ SIGNIFICA «SER MÁS»?

A esta pregunta, Pablo VI responde indicando lo que comporta esencialmente el «auténtico desarrollo»: «debe ser integral, es decir, PROMOVER A TODOS LOS HOMBRES Y A TODO EL HOMBRE».

En la concurrencia entre las diferentes visiones del hombre que, más aún que en la sociedad que vivió Pablo VI, se proponen también en la de hoy, LA VISIÓN CRISTIANA TIENE LA PECULIARIDAD DE AFIRMAR Y JUSTIFICAR EL VALOR INCONDICIONAL DE LA PERSONA HUMANA Y EL SENTIDO DE SU CRECIMIENTO.

La vocación cristiana al desarrollo ayuda a buscar la promoción de todos los hombres y de todo el hombre.

Pablo VI escribe: «lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera».

La fe cristiana se ocupa del desarrollo, no apoyándose en privilegios o posiciones de poder, ni tampoco en los méritos de los cristianos, que ciertamente se han dado y también hoy se dan, junto con sus naturales limitaciones, SINO SÓLO EN CRISTO, al cual debe remitirse toda vocación auténtica al desarrollo humano integral.

El Evangelio es un elemento fundamental del desarrollo porque, en él, Cristo, «en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre»”.

“Cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él, para realizarlo plenamente: en efecto, encuentra en dicho proyecto su verdad y, aceptando esta verdad, se hace libre (cf. Jn 8,22)”.

Y éste es el proyecto de Dios: una Historia de Salvación, una Historia que empieza en Israel y que avanza hasta nuestro momento presente, en el que estamos llamados –como nuevo Pueblo de Dios, como Cáritas– a ser promotores y protagonistas.

“Sobre todo el fondo de la experiencia religiosa universal se destaca la Revelación que Dios hace progresivamente de Sí mismo al pueblo de Israel.

Esta Revelación responde de un modo inesperado y sorprendente a LA BÚSQUEDA HUMANA DE LO DIVINO, GRACIAS A LAS ACCIONES HISTÓRICAS EN LAS QUE SE MANIFIESTA EL AMOR DE DIOS POR EL HOMBRE”.

Dios crea, por un acto de su amor, al hombre y a la mujer (Cf. Gen 1,26-27) y les da la misión de dominar la tierra.

Por ello, estamos llamados a ser instrumento eficaz de la gratuidad divina en el jardín en el que Dios los ha puesto como cultivadores y guardianes de la creación.

“El libro del GÉNESIS NOS PROPONE ALGUNOS FUNDAMENTOS DE LA ANTROPOLOGÍA CRISTIANA:
LA INALIENABLE DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA, QUE TIENE SU RAÍZ Y SU GARANTÍA EN EL DESIGNIO CREADOR DE DIOS;

LA SOCIABILIDAD CONSTITUTIVA DEL SER HUMANO, QUE TIENE SU PROTOTIPO EN LA RELACIÓN ORIGINARIA ENTRE EL HOMBRE Y LA MUJER, CUYA UNIÓN ES LA EXPRESIÓN PRIMERA DE LA COMUNIÓN DE PERSONAS HUMANAS;
ELSIGNIFICADO DEL ACTUAR HUMANO EN EL MUNDO QUE ESTÁ LIGADO AL DESCUBRIMIENTO Y AL RESPETO DE LAS LEYES DE LA NATURALEZA QUE DIOS HA IMPRESO EN EL UNIVERSO CREADO, PARA QUE LA HUMANIDAD LO HABITE Y LO CUSTODIE SEGÚN SU PROYECTO.


ESTA VISIÓN DE LA PERSONA HUMANA, DE LA SOCIEDAD Y DE LA HISTORIA HUNDE SUS RAÍCES EN DIOS Y ESTÁ ILUMINADA POR LA REALIZACIÓN DE SU DESIGNIO DE SALVACIÓN”

sábado, 31 de diciembre de 2016

¿SABÍAS QUE NO PODEMOS SER DISCÍPULOS SIN SER MISIONEROS?

¿SABÍAS QUE NO PODEMOS SER DISCÍPULOS SIN SER MISIONEROS?

“EL PLAZO SE HA CUMPLIDO. EL REINO DE DIOS ESTÁ LLEGANDO. CONVIÉRTANSE Y CREAN EN EL EVANGELIO (Mc1,15).

La voz del Señor nos sigue llamando como discípulos misioneros Y NOS INTERPELA A ORIENTAR TODA NUESTRA VIDA DESDE LA REALIDAD TRANSFORMADORA DEL REINO DE DIOS QUE SE HACE PRESENTE EN JESÚS.

Acogemos con mucha alegría esta buena noticia.
Dios es amor, es Padre de todos los hombres y mujeres de todos los pueblos y razas.

Jesucristo es el Reino de Dios que procura desplegar toda su fuerza transformadora en nuestra Iglesia y en nuestras sociedades.

En Él, Dios nos ha elegido para:

Que seamos sus hijos con el mismo origen y destino,
Con la misma dignidad,
Con los mismos derechos y deberes vividos en el mandamiento supremo del amor.

El Espíritu ha puesto este germen del Reino en nuestro Bautismo y lo hace crecer mediante la conversión permanente gracias a la Palabra y a los sacramentos”.

LA PERSONA ES EL FUNDAMENTO Y EL FIN DE LA CONVIVENCIA POLÍTICA.
El hombre es una criatura social y política por naturaleza; de ahí que la comunidad política derive de la naturaleza misma de las personas.

La comunidad política encuentra en referencia al pueblo, su auténtica dimensión: ella “es, y debe ser.  En los albores del Tercer Milenio de la era cristiana ESTAMOS LLAMADOS A RESPONDER AL DESAFÍO DE TRANSFORMAR LA REALIDAD SOCIAL CON LA FUERZA DEL EVANGELIO, DANDO TESTIMONIO COMO SEGUIDORES COMPROMETIDOS DE JESUCRISTO.

Somos conscientes de que el anuncio de su Palabra, “buena nueva” DE SALVACIÓN, DE AMOR, DE JUSTICIA Y DE PAZ, NO ENCUENTRA FÁCIL ACOGIDA EN EL MUNDO DE HOY, AQUEJADO AÚN POR TANTAS MISERIAS E INJUSTICIAS.

Por esto, el hombre de nuestro tiempo tiene más que nunca necesidad del Evangelio:
DE LA FE QUE SALVA,
DE LA ESPERANZA QUE ILUMINA,
DE LA CARIDAD QUE AMA Y ACTÚA SIN CONDICIONES NI
RETRIBUCIONES DE TIPO MATERIAL.

Este Evangelio -esta buena noticia- es, sobre todo, un hombre: JESÚS DE NAZARET, en quien tenemos la gracia de reconocer a Dios que se ha hecho uno de nosotros PARA SER “CAMINO, VERDAD Y VIDA” (Jn 14, 6) PARA TODOS.

Por lo tanto, no podemos dejar de mirarlo todo DESDE ÉL; Y EN ÉL, HACERNOS “EXPERTOS EN HUMANIDAD”, INDICANDO A CADA PERSONA EL SENTIDO AUTÉNTICO DE SU VIDA: “EL HOMBRE QUE VIVE EN PLENITUD SU DIGNIDAD DA GLORIA A DIOS, QUE SE LA HA DONADO”.

Nuestra misión como Cáritas es trabajar POR DEVOLVER AL HOMBRE SU PLENA DIGNIDAD PERSONAL, Y “EL AMOR –«CARITAS»– ES LA FUERZA EXTRAORDINARIA QUE NOS HA DE MOVER A COMPROMETERNOS CON VALENTÍA Y GENEROSIDAD EN EL CAMPO DE LA JUSTICIA Y DE LA PAZ.

Una «caritas» que debe DEFENDER LA VERDAD, PROPONERLA CON HUMILDAD Y CONVICCIÓN, Y TESTIMONIARLA CON LA VIDA”.

Al servicio de la verdad de la vida plena del hombre.
La Iglesia, pueblo de Dios peregrino en la tierra, se ha adentrado en el Tercer Milenio de la era cristiana guiada por Cristo, el “gran Pastor” (Heb 13,20).

Nosotros, integrantes de la Cáritas peruana y parte activa de la Iglesia militante, confirmamos nuestra fe y nuestra esperanza en el único Salvador y fin de la historia.

“JESÚS VINO A TRAER LA SALVACIÓN INTEGRAL, QUE ABARCA AL HOMBRE ENTERO Y A TODOS LOS HOMBRES, ABRIÉNDOLES A LOS ADMIRABLES HORIZONTES DE LA FILIACIÓN DIVINA”.

POR ELLO, LA IGLESIA SIGUE INTERPELANDO HOY A TODOS LOS HOMBRES DE TODOS LOS PUEBLOS, PORQUE SÓLO EN EL NOMBRE DE CRISTO SE DA AL HOMBRE LA SALVACIÓN.

En relación al desarrollo humano, Benedicto XVI acude al Magisterio de la Encíclica Populorum Progressio para señalar que “EL ANUNCIO DE CRISTO ES EL PRIMERO Y PRINCIPAL FACTOR DEL DESARROLLO” QUE, PARA SER INTEGRAL, DEBE SER UN “DESARROLLO DE TODO EL HOMBRE Y DE TODOS LOS HOMBRES” EN EL PASO DE “CONDICIONES MENOS HUMANAS A CONDICIONES MÁS HUMANAS”.

Para que este proceso sea pleno, se necesita un encuentro personal con Jesucristo.
A partir de Él estamos llamados, por un lado, A SUPERAR UNA VISIÓN QUE REDUCE EL DESARROLLO DE LOS PUEBLOS A LO ECONÓMICO, A LO POLÍTICO, AL ASISTENCIALISMO SOCIAL;
Y, POR OTRO, A SER TESTIGOS Y MISIONEROS DEL SEÑOR EN UN MUNDO QUE HA PERDIDO EL SENTIDO DE LA VIDA, COMO NOS RECUERDA LA V CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE CELEBRADA EN APARECIDA.

La pobreza de nuestro continente radica EN EL EGOÍSMO PERSONAL Y ESTRUCTURAL QUE UNAS VECES NO CONOCE Y OTRAS RECHAZA ABIERTAMENTE EL MANDAMIENTO DEL AMOR.  

El magisterio social de la Iglesia nos enseña que “LA EVANGELIZACIÓN ES PROMOCIÓN HUMANA”.

Así podemos superar POSTURAS DUALISTAS COMO:
“PRIMERO FORMAMOS AL HOMBRE Y DESPUÉS AL CRISTIANO”, O
“NO ES SUFICIENTE LA CARIDAD, SE NECESITA PRIMERO LA JUSTICIA”.

PORQUE EL HOMBRE NO ESTÁ COMPLETO SI NO ES CRISTIANO, Y EL CRISTIANO ES EL HOMBRE COMPLETO.

Del mismo modo, la caridad no puede ser injusta, y la justicia no es algo que el hombre pueda darse a sí mismo.

“ES NECESARIO PARTIR DE CRISTO PARA QUE EL HOMBRE SE ENCUENTRE A SÍ MISMO, SU ROSTRO HUMANO, Y, POR CONSIGUIENTE, PARA QUE PUEDA VIVIR UNA SOLIDARIDAD CON LOS DEMÁS”.

“La solidaridad es fruto de la comunión que se funda en el misterio de Dios uno y trino, y en el Hijo de Dios encarnado y muerto por todos.

SE EXPRESA EN EL AMOR DEL CRISTIANO QUE BUSCA EL BIEN DE LOS OTROS, ESPECIALMENTE DE LOS MÁS NECESITADOS”. Bajo el signo de la solidaridad, del respeto y del amor.

El amor tiene por delante un amplio trabajo al que la Iglesia quiere contribuir también con su Doctrina Social, que concierne a todo el hombre y se dirige a todos los hombres.

Existen muchos hermanos necesitados:

Que esperan ayuda,
Muchos oprimidos que esperan justicia,
Muchos desocupados que esperan trabajo,
Muchos pueblos que esperan respeto:
“¿CÓMO ES POSIBLE QUE, EN NUESTRO TIEMPO, HAYA TODAVÍA QUIEN SE MUERE DE HAMBRE;
QUIEN ESTÁ CONDENADO AL ANALFABETISMO;
QUIEN CARECE DE LA ASISTENCIA MÉDICA MÁS ELEMENTAL; QUIEN NO TIENE TECHO DONDE COBIJARSE?

EL PANORAMA DE LA POBREZA PUEDE EXTENDERSE INDEFINIDAMENTE SI A LAS ANTIGUAS POBREZAS AÑADIMOS LAS NUEVAS, QUE AFECTAN A MENUDO A AMBIENTES Y GRUPOS NO CARENTES DE RECURSOS ECONÓMICOS, PERO EXPUESTOS:

A LA DESESPERACIÓN DEL SIN SENTIDO,
A LA INSIDIA DE LA DROGA,
AL ABANDONO EN LA EDAD AVANZADA O EN LA ENFERMEDAD,
A LA MARGINACIÓN O A LA DISCRIMINACIÓN SOCIAL […]

¿Podemos quedar al margen ante las perspectivas de un desequilibrio ecológico que hace inhabitables y enemigas del hombre vastas áreas del planeta?

¿O ante los problemas de la paz, amenazada a   menudo por las pesadillas de las guerras?

¿O frente a la violación de los derechos humanos fundamentales de tantas personas, especialmente de los niños?”

Llegados a este punto, debemos preguntarnos:
¿cómo podemos contribuir como Cáritas a la solución de los urgentes problemas sociales y políticos, y responder al gran desafío de la pobreza y de la miseria?

“Los problemas de América Latina y del Caribe, así como los del mundo de hoy –nos recuerda Benedicto XVI en Aparecida– son múltiples y complejos y no se pueden afrontar con programas generales.
Sin embargo, la cuestión fundamental sobre el modo como la Iglesia, iluminada por la fe en Cristo, deba reaccionar a estos desafíos, NOS CONCIERNE A TODOS”.

El mismo Papa, en su encíclica Caritas in veritate, nos propone lineamientos generales de una acción fecunda y renovadora al hablar de “LA CARIDAD COMO EXPRESIÓN AUTÉNTICA DE HUMANIDAD Y COMO ELEMENTO DE IMPORTANCIA FUNDAMENTAL EN LAS RELACIONES HUMANAS, TAMBIÉN LAS DE CARÁCTER PÚBLICO”.

CARIDAD QUE ES LA VÍA MAESTRA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA;
CARIDAD QUE SE DEBE PRACTICAR A LA LUZ DE LA VERDAD, SIN LA CUAL CAERÍA EN UN MERO SENTIMENTALISMO SIN RESPUESTAS A ESTOS DESAFÍOS.

Cáritas, en estado permanente de misión, camina junto a toda la humanidad por los senderos de la historia, viviendo en el mundo aunque sin ser del mundo (cf. Jn 17,14-16).

El Concilio Vaticano II, la voz más autorizada de la Iglesia, ha querido dar una elocuente demostración de SOLIDARIDAD, RESPETO Y AMOR POR LA FAMILIA HUMANA INSTAURANDO CON ELLA UN DIÁLOGO ACERCA DE TODOS ESTOS PROBLEMAS PARA “ACLARÁRSELOS A LA LUZ DEL EVANGELIO y poner a disposición del género humano el poder salvador que la Iglesia –conducida por el Espíritu Santo– ha recibido de su Fundador.
Es la persona del hombre la que hay que salvar.

Es la sociedad humana la que hay que renovar”.
Pero esto implica un gran reto para todos y cada uno de nosotros:

LA DECISIÓN DE RECORRER JUNTOS UN ITINERARIO DE CONVERSIÓN QUE NOS LLEVE A SER DISCÍPULOS DE JESUCRISTO Y TESTIGOS DE SU AMOR AL HOMBRE, Y PARTICULARMENTE AL HOMBRE QUE SUFRE:

“Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; Tuve sed y me dieron de beber;
Estaba de paso y me alojaron;
Desnudo y me vistieron;
Enfermo y me visitaron;

preso y me vinieron a ver… LES ASEGURO QUE CADA VEZ QUE LO HICIERON CON EL MÁS PEQUEÑO DE MIS HERMANOS, LO HICIERON CONMIGO” (Mt 25, 35-36.40). 

viernes, 30 de diciembre de 2016

¿SABES QUE DIOS HA PUESTO LA SEMILLA DE LA «CIVILIZACIÓN DEL AMOR» EN CADA PUEBLO Y EN CADA CULTURA”?.

¿SABES QUE DIOS HA PUESTO LA SEMILLA DE LA  «CIVILIZACIÓN DEL AMOR» EN CADA PUEBLO Y EN CADA CULTURA”?.


Nuestro tiempo está marcado por el complejo fenómeno de la globalización a través de un proceso de creciente integración de las economías.

Ciertamente la globalización alimenta nuevas esperanzas pero origina también grandes interrogantes.

Puede producir efectos potencialmente beneficiosos para toda la humanidad a través de la integración, PERO PUEDE POTENCIAR TAMBIÉN EL AUMENTO DE LAS DESIGUALDADES.

EN ESTE SENTIDO NOS ADVIERTE CARITAS IN VERITATE QUE “LA NOVEDAD PRINCIPAL HA SIDO EL ESTALLIDO DE LA INTERDEPENDENCIA PLANETARIA, YA COMÚNMENTE LLAMADA GLOBALIZACIÓN.

Pablo VI lo había previsto parcialmente, pero es sorprendente el alcance y la impetuosidad de su auge.

Surgido en los países económicamente desarrollados, este proceso ha implicado por su naturaleza a todas las economías.

Ha sido el motor principal para que regiones enteras superaran el subdesarrollo y es, de por sí, una gran oportunidad.

SIN EMBARGO, SIN LA GUÍA DE LA CARIDAD EN LA VERDAD, ESTE IMPULSO PLANETARIO PUEDE CONTRIBUIR A CREAR RIESGO DE DAÑOS HASTA AHORA DESCONOCIDOS Y NUEVAS DIVISIONES EN LA FAMILIA HUMANA.

Por eso, la caridad y la verdad nos plantean un compromiso inédito y creativo, ciertamente muy vasto y complejo.

Se trata de ensanchar la razón y hacerla capaz de conocer y orientar estas nuevas e imponentes dinámicas, animándolas en la perspectiva de esa «CIVILIZACIÓN DEL AMOR», DE LA CUAL DIOS HA PUESTO LA SEMILLA EN CADA PUEBLO Y EN CADA CULTURA.

El crecimiento del bien común EXIGE APROVECHAR LAS NUEVAS OCASIONES DE REDISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA ENTRE LAS DIVERSAS ÁREAS DEL PLANETA A FAVOR DE LAS MÁS NECESITADAS, HASTA AHORA EXCLUIDAS O MARGINADAS DEL PROCESO SOCIAL Y ECONÓMICO:

“En definitiva, el desafío consiste en asegurar una globalización en la solidaridad,
Una globalización sin dejar a nadie al margen”. 

Caritas in veritate nos advierte que “se ha de subrayar que NO BASTA PROGRESAR SÓLO DESDE EL PUNTO DE VISTA ECONÓMICO Y TECNOLÓGICO.

El desarrollo necesita ser, ANTE TODO, AUTÉNTICO E INTEGRAL.

El salir del atraso económico, algo en sí mismo positivo, NO SOLUCIONA LA PROBLEMÁTICA COMPLEJA DE LA PROMOCIÓN DEL HOMBRE,
NI EN LOS PAÍSES PROTAGONISTAS DE ESTOS ADELANTOS,
NI EN LOS PAÍSES ECONÓMICAMENTE YA DESARROLLADOS,
NI EN LOS QUE TODAVÍA SON POBRES, LOS CUALES PUEDEN SUFRIR, ADEMÁS DE ANTIGUAS FORMAS DE EXPLOTACIÓN, LAS CONSECUENCIAS NEGATIVAS QUE SE DERIVAN DE UN CRECIMIENTO MARCADO POR DESVIACIONES Y DESEQUILIBRIOS”.

A veces se perciben actitudes fatalistas ante la globalización, como si las dinámicas que la producen procedieran de fuerzas anónimas e impersonales o de estructuras independientes de la voluntad humana.

A este respecto, es bueno recordar que la globalización ha de entenderse ciertamente como un proceso socio-económico, PERO NO ES ÉSTA SU ÚNICA DIMENSIÓN.

Tras este proceso más visible hay realmente una humanidad cada vez más interrelacionada; hay personas y pueblos para los que el proceso debe ser de utilidad y desarrollo, gracias a que tanto los individuos como la colectividad asumen sus respectivas responsabilidades.

La superación de las fronteras no es sólo un hecho material, SINO TAMBIÉN CULTURAL, EN SUS CAUSAS Y EN SUS EFECTOS.

A pesar de algunos aspectos estructurales innegables, pero que no se deben absolutizar, «la globalización no es, a priori, ni buena ni mala.

SERÁ LO QUE LA GENTE HAGA DE ELLA».

DEBEMOS SER SUS PROTAGONISTAS, NO LAS VÍCTIMAS, PROCEDIENDO RAZONABLEMENTE, GUIADOS POR LA CARIDAD Y LA VERDAD.

Oponerse ciegamente a la globalización sería una actitud errónea que acabaría por ignorar un proceso que tiene también aspectos positivos, arriesgándose a desaprovechar las múltiples oportunidades de desarrollo que ofrece.

Antiguas modalidades de la vida empresarial van desapareciendo, mientras otras más prometedoras se perfilan en el horizonte.
Uno de los mayores riesgos es, sin duda, que la empresa responda casi exclusivamente a las expectativas de los inversores en detrimento de su dimensión social.

Debido a su continuo crecimiento y a la necesidad de mayores capitales, cada vez son menos las empresas que dependen de un único empresario estable que se sienta responsable a largo plazo, y no sólo por poco tiempo, de la vida y los resultados de su empresa, y cada vez son menos las empresas que dependen de un único territorio.

Además, la llamada deslocalización de la actividad productiva puede atenuar en el empresario el sentido de responsabilidad respecto a los interesados, como los trabajadores, los proveedores, los consumidores, así como al medio ambiente y a la sociedad más amplia que lo rodea, en favor de los accionistas, que no están sujetos a un espacio concreto y gozan por tanto de una extraordinaria movilidad.

El mercado internacional de los capitales, en efecto, ofrece hoy una gran libertad de acción.
Sin embargo, también es verdad que SE ESTÁ EXTENDIENDO LA CONCIENCIA DE LA NECESIDAD DE UNA «RESPONSABILIDAD SOCIAL» MÁS AMPLIA DE LA EMPRESA.

Aunque no todos los planteamientos éticos que guían hoy el debate sobre la responsabilidad social de la empresa son aceptables según la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia, ES CIERTO QUE SE VA DIFUNDIENDO CADA VEZ MÁS LA CONVICCIÓN SEGÚN LA CUAL LA GESTIÓN DE LA EMPRESA NO PUEDE TENER EN CUENTA ÚNICAMENTE EL INTERÉS DE SUS PROPIETARIOS, SINO TAMBIÉN EL DE TODOS LOS OTROS SUJETOS QUE CONTRIBUYEN A LA VIDA DE LA EMPRESA:
Trabajadores,
Clientes,
Proveedores de los diversos elementos de producción,
La comunidad de referencia.

En los últimos años se ha notado el crecimiento de una clase cosmopolita de manager, que a menudo responde sólo a las pretensiones de los nuevos accionistas de referencia compuestos generalmente por fondos anónimos que establecen su retribución.

Pero también hay muchos managers hoy que, con un análisis más previsor, se percatan cada vez más de los profundos lazos de su empresa con el territorio o territorios en que desarrolla su actividad.

Pablo VI INVITABA A VALORAR SERIAMENTE EL DAÑO QUE LA TRASFERENCIA DE CAPITALES AL EXTRANJERO, POR PURO PROVECHO PERSONAL, PUEDE OCASIONAR A LA PROPIA NACIÓN.

Juan Pablo II advertía que invertir tiene siempre un significado moral, además de económico.
Se ha de reiterar que todo esto mantiene su validez en nuestros días a pesar de que el mercado de capitales haya sido fuertemente liberalizado y la moderna mentalidad tecnológica PUEDA INDUCIR A PENSAR QUE INVERTIR ES SÓLO UN HECHO TÉCNICO Y NO HUMANO NI ÉTICO”.

El pueblo de Israel, en la fase inicial de su historia, no tiene rey como los otros pueblos, porque reconoce solamente el Señorío de Yahvé.
Samuel, a quien el pueblo reclama un rey, ADVIERTE DE LAS CONSECUENCIAS DE UN EJERCICIO DESPÓTICO DE LA REALEZA (Cf. 1Sam 8,11-18).

El poder real, sin embargo, también se puede experimentar como un don de Dios que viene en auxilio de su pueblo (Cf. 1Sam 9,16).

El prototipo de rey elegido por Yahvé es David, cuya condición humilde es subrayada por la narración bíblica (Cf. 1Sam 16,1-13).

El fracaso de la realeza en el plano histórico no llevará a la desaparición del ideal de un rey que, FIEL A DIOS, GOBIERNE CON SABIDURÍA Y REALICE LA JUSTICIA.

Jesús rechaza el poder opresivo y despótico de los jefes sobre las naciones (Cf. Mc 10,42) y su pretensión de hacerse llamar benefactores (Cf. Lc 22,25), PERO JAMÁS RECHAZA DIRECTAMENTE LAS AUTORIDADES DE SU TIEMPO.

Jesús, el Mesías prometido, HA COMBATIDO Y DERROTADO LA TENTACIÓN DE UN MESIANISMO POLÍTICO, CARACTERIZADO POR EL DOMINIO SOBRE LAS NACIONES (Cf. Mt 4,8-11; Lc 4,5-8).

ÉL ES EL QUE HA VENIDO “A SERVIR Y A DAR SU VIDA” (Mc 10,45).
A los discípulos que discuten sobre quién es el más grande, el Señor LES ENSEÑA A HACERSE LOS ÚLTIMOS Y A SERVIR A TODOS (Cf. Mc 9,33-35).

El señorío de Cristo, que es el Reino de Dios, entró en la historia de los hombres mediante el ocultamiento de Jesucristo, QUE SE DESPOJÓ DE SU RANGO, ASUMIÓ LA CONDICIÓN DE ESCLAVO, PASÓ POR UNO DE TANTOS Y SE REBAJÓ INCLUSO HASTA LA MUERTE DE CRUZ (Cf. Fil 2,7-8).

Jesucristo, como Mesías, ejerce, aún antes de su venida gloriosa, su señorío en el mundo, pero, mientras duran las circunstancias históricas, lo ejerce en el  ocultamiento y bajo el signo de la contradicción y de la cruz.


Jesucristo ejerce principalmente su soberanía A TRAVÉS DE LA IGLESIA Y DE LOS CRISTIANOS EN ELLA, QUE VIVEN Y ACTÚAN DESDE LA FE Y DESDE LA LIBERTAD REGIA DE LOS HIJOS DE DIOS, FRENTE A LAS ESCLAVITUDES DE UNA CREACIÓN SOMETIDA A LA CORRUPCIÓN INSANA; CONSIGUIENTEMENTE, TRABAJAN AL SERVICIO DE LOS POBRES Y A FAVOR DE LA JUSTICIA, EN ORDEN A PREPARAR LA LLEGADA DEL REINO DE DIOS EN SU PLENITUD

martes, 27 de diciembre de 2016

TODA FORMA DE ACUMULACIÓN DE RIQUEZA INDEBIDA Y SU DESPILFARRO ES INMORAL.

TODA FORMA DE ACUMULACIÓN DE RIQUEZA INDEBIDA Y SU DESPILFARRO ES INMORAL.


El trabajo pertenece a la condición originaria del hombre y precede a su caída; NO ES, POR ELLO, NI UN CASTIGO NI UNA MALDICIÓN.

El trabajo debe ser honrado porque es fuente de riqueza o, al menos, de condiciones para una vida decorosa, e instrumento eficaz contra la pobreza (Cf. Prov 10,4).

NO DEBEMOS CAER EN LA TENTACIÓN DE IDOLATRAR EL TRABAJO, PORQUE EN ÉL NO SE PUEDE ENCONTRAR EL SENTIDO ÚLTIMO Y DEFINITIVO DE LA VIDA; EL TRABAJO ES ESENCIAL, PERO ES DIOS, NO EL TRABAJO, LA FUENTE DE LA VIDA Y EL FIN DEL HOMBRE.

En el trabajo humano resplandece la belleza de la creación. “Jesús, el carpintero (cf. Mc 6, 3), dignificó el trabajo y al trabajador, y recuerda que el trabajo no es un mero apéndice de la vida, sino que «constituye una dimensión fundamental de la existencia del hombre en la tierra», por la cual el hombre y la mujer se realizan a sí mismos como seres humanos.

El trabajo garantiza la dignidad y la libertad del hombre; es probablemente la clave esencial de toda la cuestión social”.

El trabajo humano procede de la persona y está esencialmente ordenado y finalizado a ella.
El trabajo debe estar orientado hacia el sujeto que lo realiza, porque la finalidad del trabajo, de cualquier trabajo, es siempre el hombre.

Gracias a ello es posible la afirmación de que EL TRABAJO ES PARA EL HOMBRE Y NO EL HOMBRE PARA EL TRABAJO, y que la finalidad del trabajo, de cualquier trabajo realizado por el hombre, sigue siendo siempre el hombre mismo.

EL TRABAJO ES “UNA OBLIGACIÓN, ES DECIR, UN DEBER”, Y ES TAMBIÉN UN DERECHO FUNDAMENTAL Y UN BIEN PARA EL HOMBRE.

La Iglesia ha enseñado el valor del trabajo por su carácter de necesidad.
Efectivamente, el trabajo es necesario para formar y mantener una familia, para adquirir el derecho a la propiedad y contribuir al bien común de la familia humana.

“El trabajo es un bien de todos, que debe estar disponible para todos aquellos capaces de él.
La plena ocupación es, por tanto, un objetivo obligado para todo ordenamiento económico orientado a la justicia y al bien común.

UNA SOCIEDAD DONDE EL DERECHO AL TRABAJO SEA ANULADO O SISTEMÁTICAMENTE NEGADO Y DONDE LAS MEDIDAS DE POLÍTICA ECONÓMICA NO PERMITAN A LOS TRABAJADORES ALCANZAR NIVELES SATISFACTORIOS DE OCUPACIÓN, NO PUEDE CONSEGUIR SU LEGITIMACIÓN ÉTICA NI LA JUSTA PAZ SOCIAL”.

EL DESEMPLEO, LA INJUSTA REMUNERACIÓN DEL TRABAJO Y EL VIVIR SIN QUERER TRABAJAR SON CONTRARIOS AL DESIGNIO DE DIOS.

El discípulo y misionero, respondiendo a este designio:
Promueve la dignidad del trabajador y del trabajo,
El justo reconocimiento de sus derechos y de sus deberes, Desarrolla la cultura del trabajo y denuncia toda injusticia. .

En el Antiguo Testamento se encuentra una doble postura frente a los bienes económicos y la riqueza.
Por una parte, hay aprecio a la disponibilidad de bienes materiales considerados necesarios para la vida, vistos como una bendición de Dios.
Por otra parte, los bienes económicos no son condenados en sí mismos sino por su mal uso; así, por ejemplo la tradición profética denuncia:
La estafa,
La usura,
La explotación,
Las injusticias,
La opresión a los pobres, etc. (Cf. Is 58,3 -11; Jer 7,4-7; Os 4,1-2; Am 2,6-7; Miq 2,1-2).

Jesús asume toda la tradición del Antiguo Testamento sobre los bienes económicos, la riqueza y la pobreza, confiriéndole una definitiva claridad y plenitud (Cf. Mt 6,24; 13,22; Lc 6,20-24; 12,15-21; Rom 14,6-8; 1Tim 4,4).

Los bienes, aun cuando son poseídos legítimamente, conservan siempre un destino universal.
TODA FORMA DE ACUMULACIÓN INDEBIDA ES INMORAL, precisamente porque se halla en abierta contradicción con el destino universal que Dios creador asignó a todos los bienes.

La utilización del propio poder adquisitivo DEBE EJERCITARSE EN EL CONTEXTO DE LAS EXIGENCIAS MORALES DE LA JUSTICIA Y DE LA SOLIDARIDAD, Y DE RESPONSABILIDADES SOCIALES PRECISAS:          

NO SE PUEDE OLVIDAR “EL DEBER DE LA CARIDAD, ESTO ES, EL DEBER DE AYUDAR CON LO PROPIO «SUPERFLUO» Y, A VECES, INCLUSO CON LO PROPIO «NECESARIO», PARA DAR AL POBRE LO INDISPENSABLE PARA VIVIR”