miércoles, 9 de noviembre de 2016

PADRE CARLOS CARDÓ FRANCO SJ

                    PADRE CARLOS CARDÓ FRANCO SJ


Padre Cardó, gracias a usted, nos hemos dado cuenta que es de suma importancia y urgencia, que debemos como iglesia de Cristo, evangelizarnos para así poder llevar la palabra del Padre a nuestros hermanos sin distinción al resto del mundo;  y estamos admirados e impresionados de ese entusiasmo, de ese ímpetu, de ese tesón, de la constancia y perseverancia como lleva adelante nuestros programas de capacitación en las escrituras bíblicas ya durante más de una década, a pesar de las dificultades, por eso y por todo lo que con seguridad usted va a seguir haciendo como misionero con la mejor voluntad e interés evangélico, no tenemos realmente palabras de agradecimiento por toda esta gran obra que valoramos no se imagina cuánto.

Son todas esas virtudes las que usted nos ha contagiado no sólo en lo académico sino en la acción y que lo presentan ante el mundo como un sacerdote de lo más auténtico entregado plenamente a la causa del Señor, buscando que cada vez seamos más los que queremos conocer mejor a Cristo nuestro Señor.

Es así que nos sentimos muy orgullosos de usted por la gracia a la que sin mayor merecimiento venimos gozando gratamente por esa su generosidad.

Y ni se diga de sus homilías que las prepara con el mayor interés y prolijidad, cubriendo todos los aspectos que involucran el ser un probado   cristiano, invitando a la reflexión y contemplación con el mayor rigor, de  cómo estamos viviendo con nuestra familia y en nuestra comunidad.

Usted padre, se ha constituido con toda autoridad, en nuestro referente para hacer nuestra la causa de Cristo como  modelo de vida que lo revele a cada momento y en cada uno de nuestros dichos y hechos.

Usted nos ha ayudado a encontrar un nuevo sentimiento de esperanza gracias al verdadero conocimiento de las bienaventuranzas.

Este conocimiento abrió para nosotros un camino nuevo de luz y de ilusión, que se mantiene a lo largo de los días oscuros que aún perviven.

El Señor Jesús no nos abandona a pesar del dramático y triste momento.

Con sus enseñanzas padre Cardó aquellas personas que representan el sufrimiento de la condición humana, ahora pueden encontrar a través de su magisterio el camino hacia Jesús, nuestro redentor, el único nuevo camino de luz y esperanza para nuestro tiempo.

Estas enseñanzas unidas armoniosamente a la caridad y la práctica del mutuo amor, realiza admirablemente ese doble dar que compendia por entero, la doctrina y la acción social de la Iglesia.

Asimismo, cada uno de los textos que usted prepara los selecciona  en razón de su importancia, con la esperanza de que nosotros nos  sintamos movidos a aprenderlos íntegramente y familiarizarnos con la amplitud de la doctrina cristiana.   

Su magisterio ha ido brotando desde el corazón de la iglesia Madre y Maestra de pueblos, para un mundo que necesita desesperadamente una visión moral para construir un orden social más humano.

Así, usted nos ha enseñado que la iglesia no pretende ofrecer soluciones científicas a los problemas económicos y sociales en forma de recetas políticas o prescripciones legales detalladas.
  
Lo que ofrece es mucho más importante:

ü Un conjunto de ideales y valores morales que destacan y afirman la dignidad del hombre.

Y es que usted sabe que la aplicación de tales principios a las diferentes realidades económicas, políticas y sociales de los pueblos puede aportar:
                                                  

                       I.            Una mayor justicia y paz para todo el mundo y
                                                  II.            Un auténtico desarrollo humano y liberación de la opresión y la pobreza.

Por todo esto estamos aquí con usted para compartir su aspiración por la
         Justicia y la paz unidas, y por todos aquellos que buscan conocer al Cristo de la fe.

Con toda seguridad, usted está trascendiendo y contribuyendo al bien común universal y a que se realice la visión del salmista, en la que la justicia y la paz se besan, para anticipar el Reino de Dios.

Muchas felicidades y salud en abundancia para que continúe con su noble obra evangelizadora para la conversión de los hombres.

Ronald Lacunza Tello y Pepita Espinoza.


martes, 1 de noviembre de 2016

¿CON QUÉ FRECUENCIA NOS SITUAMOS EN EL ÁMBITO DEL AMOR QUE ASUME Y SE HACE CARGO DE LA SITUACIÓN DEL OTRO?.

El pasado 16 de Junio, el Papa Francisco participó en la apertura del Congreso Diocesano de Roma con un discurso sobre el tema “La Alegría del Amor, el camino de las familias en Roma a la luz de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia”.

El realismo evangélico fue uno de los puntos desarrollados por Francisco y, nuevamente, ofreció criterios para orientarse en la complejidad de la realidad que pide de nosotros respuestas acertadas y oportunas que ayuden y no sólo declaraciones de principios. Estas fueron sus palabras:
“Nuestros análisis son importantes y necesarios y nos ayudarán a tener un sano realismo. Pero nada se compara con el realismo evangélico, QUE NO SE DETIENE EN UNA DESCRIPCIÓN DE LAS SITUACIONES, DE LAS PROBLEMÁTICAS -MENOS EN EL PECADO- SINO QUE SIEMPRE VA MÁS ALLÁ Y LOGRA VER DETRÁS DE CADA ROSTRO, DE CADA HISTORIA, DE CADA SITUACIÓN, UNA OPORTUNIDAD, UNA POSIBILIDAD.

El realismo evangélico SE COMPROMETE CON EL OTRO, CON LOS OTROS Y NO HACE DE LOS IDEALES Y DEL “DEBER SER” UN OBSTÁCULO PARA ENCONTRARSE CON LOS DEMÁS EN LA SITUACIONES EN LAS QUE SE HALLAN.
NO SE TRATA DE NO PROPONER EL IDEAL EVANGÉLICO, AL CONTRARIO, NOS INVITA A VIVIRLO AL INTERIOR DE LA HISTORIA, CON TODO LO QUE IMPLICA. 
ESTO NO SIGNIFICA NO SER CLAROS EN LA DOCTRINA, SINO EVITAR CAER EN JUICIOS Y ACTITUDES QUE NO ASUMAN LA COMPLEJIDAD DE LA VIDA.

Metidos como estamos en Valencia en plenas Fallas queremos acercarnos a la figura de san José y lo hacemos recordando que en la Eucaristía con la que el Papa Francisco daba inicio a su ministerio se celebró en la Fiesta de san José.
El Evangelio que se proclama en ese día le sirvió para recordar la misión que José recibe del ángel: custodiar, cuidar de María y de Jesús.

Es el horizonte de vida que se le propone. No es algo que descubra por sí mismo sino que le es revelado y mostrado.
Y es que no es lo mismo tener metas que tener horizonte.
PODEMOS TENER METAS Y HABER PERDIDO EL HORIZONTE, EL NORTE.

El horizonte es el “hacia dónde encaminarnos”, ES LA DIRECCIÓN HACIA LA QUE NOS SENTIMOS MOVIDOS E IMPULSADOS COMO FUERZA QUE NOS ATRAE.

José escucha y da crédito a las palabras que le dice el ángel y acoge ese horizonte que se le propone: CUIDAR DEL OTRO, CUIDAR DE MARÍA Y DE JESÚS.
Contemplar el Evangelio que se nos propone en la Fiesta de san José es la ocasión para recuperar esa dimensión que reconocemos en Él: la capacidad de escuchar más allá de lo que es capaz de decirse a sí mismo.

Y es que hay momentos en que nos encontramos con palabras que no surgen de la propia reflexión o introspección sino que, inesperadamente, NOS LAS ENCONTRAMOS COMO UNA INSPIRACIÓN QUE SE NOS MUESTRA PROVOCANDO ASOMBRO Y DESCONCIERTO.

Nos encontramos ante lo inesperado e inimaginable.

PALABRAS QUE SON UNA INVITACIÓN Y, MUCHAS VECES, UNA PROVOCACIÓN A ALGO MÁS DE LO QUE CADA UNO SE IMAGINABA.

José escucha y se implica en la situación de María yendo más allá de lo razonable, rompiendo las barreras de las lógicas previsibles, de los planes inamovibles Y SE SITÚA EN EL ÁMBITO DEL AMOR QUE ASUME Y SE HACE CARGO DE LA SITUACIÓN DEL OTRO.
En palabras del Papa Francisco, José aparece “como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma SE PERCIBE UNA GRAN TERNURA, QUE NO ES LA VIRTUD DE LOS DÉBILES, SINO MÁS BIEN TODO LO CONTRARIO: DENOTA FORTALEZA DE ÁNIMO Y CAPACIDAD DE ATENCIÓN, DE COMPASIÓN, DE VERDADERA APERTURA AL OTRO, DE AMOR.

NO DEBEMOS TENER MIEDO DE LA BONDAD, DE LA TERNURA”.
En José reconocemos esa ternura que Jesús mostrará en su encuentro con abatidos y desquiciados, con tullidos y estigmatizados.
ES LA TERNURA QUE SE HACE CARGO DEL OTRO, QUE NO DESCARTA NI SE MUESTRA INDIFERENTE.

EN JESÚS LA TERNURA SE CONVERTIRÁ EN IMPLICACIÓN COMPASIVA CON EL SUFRIMIENTO CONCRETO DEL OTRO.
Es la ternura que no soportarán los de siempre, los de la Ley y el Templo.
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Publicado por Centro Arrupe

marzo 16, 2016

domingo, 23 de octubre de 2016

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

               LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Como en muchas situaciones en nuestro mundo, debo decir lamentablemente que las acciones  fundamentales para  cambiar a las gentes en seres más amables son bloqueadas por ´´ los señores” don dinero, don poder y otras banalidades que  pasan por encima de la dignidad de las personas, por estar  dominadas por los antivalores, por tener a estos ídolos siempre con deseos desbocados SIN IMPORTARLES NI POR ASOMO EL CONSTRUIR UN MUNDO MÁS HUMANO Y SOLIDARIO.

Se trata de ´´justificar” aludiendo a la libertad de expresión, lo cual nunca es verdad, porque lo que existe realmente es LIBERTINAJE DE EXPRESIÓN el cual daña la honra de muchas personas gratuitamente.

Por desgracia los medios de comunicación han adquirido demasiado poder causado porque, también, las personas en el mundo, irresponsablemente se quedan sólo con las especulaciones sensacionalistas y no profundizan en el tema para descubrir las  mentiras de los medios calculadores, recurriendo a lenguajes oblicuos, mentiras y medias verdades, seducciones, confabulaciones para retorcer la verdad para su beneficio propio sacando ´´ventaja”  EN LA COMPETENCIA SALVAJE POR EL PODER ECONÓMICO, POLÍTICO O CUALQUIER OTRO ESTÚPIDO PODER.

Vivimos pues en un mundo timorato e hipócrita haciendo muchas cosas solo tangenciales frente a este evidente y flagrante daño diario que envenena a las personas en el mundo SIN QUE NADIE SE ATREVA ENFRENTARLO CON CORAJE Y DETERMINACIÓN.

Cuando se dice que es un gremio que se autorregula con su código de ética, todos sabemos que no es verdad, al igual que en el ámbito de los abogados, de los congresistas y otros gremios QUE NO HAN ENTENDIDO SU ROL CONSTRUCTIVO EN SU ÁMBITO PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UN MUNDO NUEVO CON HOMBRES NUEVOS.

Pongamos en acción los valores y principios cristianos cotidianamente donde estemos, cada uno desde su quehacer con agresividad positiva y constructiva,  para contrarrestar esta situación execrable que tanto daño causa en el mundo diariamente, para mitigar los daños que ocasionan a tantas personas.

No consumamos esos periódicos, revistas que ponderan como lo máximo a las personas con tontos títulos de nobleza, que promueven el derroche de dinero con el lujo y otras actitudes de estúpida opulencia, igual en la televisión y la radio con producciones embrutecedoras que NO ENRIQUECEN EN NADA EL INTELECTO NI LA CULTURA.

Si consumimos esa chatarra, dando mal ejemplo a nuestros hijos, nos estaremos volviendo cómplices de estos mediocres medios. Si no hay consumidores morirán por inanición.

Otros esclavos del dinero son LOS AUSPICIADORES de estas chatarras que no les interesa financiar estas producciones perniciosas.

Y que no se diga que a nadie se le obliga a consumir estas sandeces, porque TODOS NO POSEEN UNA FORMACIÓN SÓLIDA PARA DEFENDERSE DE ESTAS COSAS INSENSATAS.

NO PERMANEZCAMOS INDIFERENTES FRENTE A TANTA INJUSTICIA.

miércoles, 19 de octubre de 2016

JESÚS HA HECHO DEL SERVICIO A LOS NECESITADOS EL SIGNO CLARO DE QUE EL REINO DE DIOS YA ESTÁ ENTRE NOSOTROS.

JESÚS HA HECHO DEL SERVICIO A LOS NECESITADOS EL SIGNO CLARO DE QUE EL REINO DE DIOS YA ESTÁ ENTRE NOSOTROS.
LC 14, 1.7-14
                                                                              Homilía del padre Carlos Cardó SJ

Las comidas, en especial los banquetes, suelen tener un carácter simbólico: son acontecimientos en los que se afirman valores o se establecen o refuerzan relaciones sociales.

El comer no sólo sirve para alimentar el cuerpo.
Una comida puede servir para INICIAR O ESTRECHAR VÍNCULOS DE AMISTAD, ESTABLECER PACTOS Y ALIANZAS O CELEBRAR ACONTECIMIENTOS IMPORTANTES PARA LA VIDA DEL GRUPO.

En Palestina, las comidas estaban regidas por normas tradicionales, que Jesús no dudó en modificar para transmitir mejor el significado que el banquete tenía en la predicación de los profetas: EL BANQUETE SIMBOLIZABA EL REINO DE DIOS.

Por eso, en contra de lo establecido, Él no dudaba en comer con publicanos y pecadores, para dar a entender QUE SE DEBÍAN SUPERAR LAS BARRERAS Y DIVISIONES ENTRE LA GENTE Y, SOBRE TODO, HACER VER QUE DIOS ACOGÍA EN SU REINO A LOS QUE, SEGÚN LAS TRADICIONES JUDÍAS, ESTABAN EXCLUIDOS DE ÉL. 

Por eso las comidas de Jesús son tan importantes como sus curaciones de enfermos o el perdón que otorgaba a los pecadores.

El pasaje que comentamos, unido al de la curación de un enfermo en sábado, muestra cómo los fariseos y maestros de la ley, al criticar esa actitud de Jesús, no hacían otra cosa que manifestar SU AFÁN DE DOMINIO DE LO RELIGIOSO PARA SOMETER AL PUEBLO.
MANIPULABAN LAS NORMAS SOCIALES DE LOS BANQUETES PARA OCUPAR ELLOS LOS PRIMEROS LUGARES.

Jesús desenmascara esta hipocresía y propone en cambio la lógica del Reino: Hay que hacerse pequeños para entrar en el Reino de Dios.

Su lógica es HUMILDAD, HECHA DE SINCERIDAD, VERDAD Y DESEO DE SERVIR.
ASÍ HAN DE OBRAR LOS QUE LO SIGUEN.

No es fácil predicar hoy la humildad, en una sociedad que, tras el valor positivo de la búsqueda de superación personal, transmite imágenes falseadas del éxito, o del “triunfador”, como modelo de identificación.

La humildad cristiana no frena la búsqueda del progreso personal y colectivo; lo que hace es librar a la persona de la mentira: LA LLEVA A LA ACEPTACIÓN DE SÍ MISMA, A CONOCER SUS LIMITACIONES Y DEBILIDADES, Y LA IMPULSA A OBRAR DE ACUERDO CON ESE CONOCIMIENTO.

Ser humilde no es sentirse inferior a los demás. “LA HUMILDAD ES ANDAR EN LA VERDAD”, decía Santa Teresa.

El soberbio, en cambio, se engaña pretendiendo lo que no le corresponde. “Cédele el puesto a éste” –le dice Jesús- y, avergonzado, tiene que ir a ocupar el último lugar.

Esta vergüenza anticipa la vergüenza del creyente a quien el Juez le dirá: “No te conozco”.
Anticipa también la vergüenza de los hijos del Israel cuando vean venir gentes de todas partes a ocupar su puesto de elegidos por Dios (13,25).
Y recuerda, en fin, la vergüenza de Adán QUE PRETENDIÓ OCUPAR EL PUESTO DE DIOS Y SE HALLÓ DESNUDO (Gen 3).

Dice Jesús: “Más bien, cuando te inviten, acomódate en el último lugar. Vendrá el que te invitó y te dirá: Amigo, sube más arriba”.
Esta manera nueva de pensar la vemos reflejada en María.
En su canto del Magníficat nos enseña a no sepultar los propios talentos, a reconocerlos con gratitud y a invertirlos de la manera más justa.

A los humildes Dios los llena de su gloria, se refleja en ellos; A LOS SOBERBIOS LOS RECHAZA Y DERRIBA DE SUS TRONOS.

En la segunda parte de este pasaje, Jesús hace ver que la dinámica social de las invitaciones y de los encuentros lleva consigo la satisfacción de la estima y afecto compartido cuando se trata de parientes y amigos, y puede estar cargada del deseo de obtener alguna ganancia, cuando se invita a los ricos.

En la enseñanza de Jesús, amigos, hermanos, parientes y vecinos ricos, de los que se puede sacar algo, son sustituidos por cuatro tipos de personas DE LOS QUE NADA SE PUEDE OBTENER PORQUE SON LOS POBRES, LOS LISIADOS, LOS COJOS Y LOS CIEGOS, ES DECIR, LOS SIN HONOR Y SIN PODER.

La búsqueda de reciprocidad (yo invito a los que podrán hacer algo por mí) la cambia Jesús por el espíritu de gratuidad: INVITA A LOS QUE NO PUEDEN CORRESPONDERTE.
EL AMOR VERDADERO ES SIEMPRE GRATUITO: DA SIN ESPERAR NADA A CAMBIO.

Además, la razón de invitar (o favorecer) a los pobres es que Dios se ha identificado con ellos, JESÚS HA VENIDO POR ELLOS Y HA HECHO DEL SERVICIO A LOS NECESITADOS EL SIGNO CLARO DE QUE EL REINO DE DIOS YA ESTÁ ENTRE NOSOTROS.

Al tratar con el pobre, uno se sitúa dónde  está Dios.
LO QUE LE HACEMOS AL POBRE SE LO HACEMOS A CRISTO.

El amor al pobre caracteriza la vida cristiana, no es una opción ideológica ni moralista.

Es reflejar la misericordia del Padre e imitar el modo de actuar de Jesús, que vino a anunciar la buena noticia a los pobres y a sanar los corazones afligidos (Lc 4, 18).

Es además un rasgo característico de la comunidad reunida en torno al Señor en la celebración de la Eucaristía.
El libro de los Hechos de los apóstoles muestra claramente cómo los primeros cristianos, en fidelidad al Señor, consideraron siempre la atención y cuidado de los pobres como parte esencial de aquello que más los unía y representaba como Iglesia de Cristo, COMUNIDAD DE HERMANOS Y HERMANAS.

En la Eucaristía, Jesús nos demuestra su humildad: parte el pan con todos y se pone a servirnos.

Su ejemplo nos invita a hacer también nosotros lo mismo. Jesucristo, sencillo y humilde de corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo.

domingo, 16 de octubre de 2016

¿SABES QUE DIOS NO QUIERE QUE NINGUNO DE SUS HIJOS SE PIERDA Y MUESTRA UNA PREDILECCIÓN ESPECIAL POR EL PERDIDO?

¿SABES QUE DIOS NO QUIERE QUE NINGUNO DE SUS HIJOS SE PIERDA Y MUESTRA UNA PREDILECCIÓN ESPECIAL POR EL PERDIDO?
LC 15, 1-32
Homilía del Padre Carlos Cardó SJ

En el camino hacia Jerusalén (Lc 14,25), Jesús ha expuesto las condiciones para seguirlo (Lc 14,26-35).

Ahora lo vemos enfrentando las críticas de los fariseos y doctores de la ley PORQUE ACOGE A PECADORES O «PERDIDOS» Y COME CON ELLOS (Lc 15,2).

El cap. 15 de Lucas contiene las parábolas de la misericordia, o parábolas de “lo perdido”.

Las tres parábolas:

LA OVEJA PERDIDA (vv. 4-7),
LA MONEDA EXTRAVIADA (8-10) y
EL HIJO PRÓDIGO (11-32), son tan características de la figura de Jesús, tal como la ofrece Lucas, que algunos llaman a esta parte de su narración «EL CORAZÓN DEL TERCER EVANGELIO», QUE ES «EL EVANGELIO DE LOS MARGINADOS», porque MUESTRA LA MISERICORDIA DE DIOS PARA CON LOS QUE SUFREN RECHAZO, EXCLUSIÓN E INCLUSO CONDENA, POR PARTE DE SUS SEMEJANTES.

El tono de estas parábolas es de confrontación: Jesús se ve rodeado, por una parte, DE LOS POBRES, DE LOS ENFERMOS Y DE «RECAUDADORES Y DETESTADOS» (v. 1), y por otra, DE LA GENTE MÁS DISTINGUIDA, «FARISEOS Y DOCTORES DE LA LEY», que critican su cercanía a los indeseables (ver el llamamiento del publicano Leví - en 5,29-32).

En ese contexto, Jesús empela las tres parábolas para justificar y convalidar su comportamiento frente a las críticas que le hacen y, sobre todo, PARA TRANSMITIR LA IMAGEN DE UN DIOS QUE, POR SER PADRE, NO QUIERE QUE NINGUNO DE SUS HIJOS SE PIERDA Y MUESTRA UNA PREDILECCIÓN ESPECIAL POR EL PERDIDO.

Dios es así, dice Jesús, y por eso yo hago bien en actuar como actúo. «El Hijo del hombre HA VENIDO A BUSCAR Y A SALVAR LO QUE ESTABA PERDIDO» (Lc 19,10).

La parábola del Pastor que sale a buscar a la oveja perdida es una llamada a hacer lo mismo que hizo Jesús, SER COMPASIVO Y MISERICORDIOSO.
Vista en dimensión eclesial, la parábola del Pastor, recuerda a la comunidad de los discípulos que tiene el deber de hacer visible el estilo de Dios como Jesús lo ha manifestado y puesto en práctica.
INVITACIÓN A HACER SITIO A LOS QUE VIENEN DE FUERA, A ALEGRARSE DE SU VENIDA.

La parábola de la mujer que ha perdido una moneda y se pone a buscarla con esmero hasta encontrarla, reproduce la misma enseñanza: Así es Dios.
SE ESMERA POR ENCONTRAR A LOS PERDIDOS, PUES LE PERTENECEN; Y SE ALEGRA DE RECOBRARLOS.

La defensa de Jesús es clara: porque Dios ama a todos con una tan incomprensible misericordia, que SU MAYOR ALEGRÍA CONSISTE EN EL PERDÓN, POR ESO HAGO BIEN YO EN BUSCAR A LOS QUE NECESITAN AYUDA, COMPRENSIÓN, MISERICORDIA.

La parábola del hijo pródigo –que habría que llamar LA «PARÁBOLA DEL AMOR DEL PADRE», ya que el personaje central es el padre–, es una de las piezas maestras de Lucas.

Se han hecho de ella un sinnúmero de interpretaciones porque contiene una gama de temas:

LIBERTAD Y ALIENACIÓN,
NOSTALGIA Y RETORNO,
GRACIA Y RESPONSABILIDAD,
ANGUSTIA Y RECONCILIACIÓN...,
RASGOS UNIVERSALES Y NECESIDADES BÁSICAS DE LA PERSONA.

Pero es importante por encima de todo porque ilustra uno de los temas más centrales de nuestra fe en Dios, tal como Jesús nos lo ha enseñado: EL PERDÓN.

Dios perdona al pecador, saliendo Él, en persona, a su encuentro.

Así es Dios, puro amor y misericordia.

SE ALEGRA DEL REGRESO DE UN HIJO QUE SE PIERDE COMO EL PADRE QUE ORGANIZA UN BANQUETE.

Por consiguiente, si así es el amor de Dios para con todos sus hijos, incluso con aquellos que se le van, NO SEAN USTEDES COMO EL HIJO MAYOR DE LA PARÁBOLA, ENVIDIOSOS, DESAGRADECIDOS Y, SOBRE TODO, CRUELES EN SUS JUICIOS CONTRA LOS DEMÁS. ¡SEAN TAMBIÉN MISERICORDIOSOS! ¡MUESTREN COMPASIÓN POR LOS QUE ANDAN MAL! ¡ALÉGRENSE CONMIGO CUANDO ALGUIEN RECOBRA UNA VIDA DIGNA Y SIENTE QUE ES IMPORTANTE PARA MÍ, TANTO COMO USTEDES!

La parábola tiene dos partes y en cada una nos podemos ver incluidos:

EN LA DEL HIJO MENOR QUE SE ALEJA, Y
EN LA DEL HIJO MAYOR QUE SE QUEDA.

El hijo menor, que echa a perder la herencia, abraza
simbólicamente toda situación de ruptura con Dios, QUE ACARREA SIEMPRE DAÑOS Y PERJUICIOS LAMENTABLES PARA LA PERSONA.

El pródigo lo pierde todo, sus bienes y derechos, su dignidad de hijo y su lugar en el hogar: ya no se siente capaz de considerarse hijo y ve que, en justicia, tendrá que ganarse la vida como un peón.
Pero se trata de un hijo y aunque sea un pródigo (que desperdicia y consume su hacienda en gastos inútiles, sin medida ni razón), el padre siempre será un padre.

Él sabe que la mala conducta del hijo lo ha llevado a malgastar el patrimonio, pero quiere salvarlo.

El amor restablece y eleva. Por eso lo acoge con cariño, lo cubre de besos, le da un anillo y un traje nuevo y organiza una fiesta extraordinaria, que despierta los celos y la envidia del hijo mayor.

Por su parte, el hijo mayor era incapaz de imaginar que el amor de un padre por su hijo PUEDE IR MÁS ALLÁ DE LO QUE LA JUSTICIA ESTABLECE, ES DECIR: “DARLE SU MERECIDO”.

Por eso, lleno de amargura y rabia, se niega a participar en la fiesta.

Ya no ve a su hermano como hermano. Se refiere a él diciéndole a su padre: “tu hijo ése que se ha gastado tus bienes con prostitutas”.

Lo único que le interesa es reclamar derechos y reconocimientos porque él siempre se ha mostrado trabajador y obediente, pero no le han dado ni un cabrito.
Queda claro, sin embargo, que hasta que este hermano, tan creído y seguro de sus méritos, tan celoso y displicente, NO SE RECONCILIE CON EL PADRE Y CON SU HERMANO, EL BANQUETE NO SERÁ EN PLENITUD LA FIESTA DEL ENCUENTRO Y DEL HALLAZGO.

En resumen, que esta palabra del Señor AVIVE EN NOSOTROS EL DESEO DE UNA RECONCILIACIÓN QUE CAMBIE NUESTRA VIDA Y NOS HAGA VIVIR COMO VERDADEROS HIJOS E HIJAS DE DIOS.

Que nos ayude a superar las dificultades que sentimos para servir de manera desinteresada y fomentar la unión sin egoísmos, ni celos ni juicios contra nadie.

Y QUE PONGA EN NOSOTROS UN CORAZÓN NUEVO PARA ACOGER A NUESTROS PRÓJIMOS Y RECHAZAR LA INCOMPRENSIÓN Y LAS HOSTILIDADES ENTRE LOS HERMANOS.


martes, 4 de octubre de 2016

¡SABÍAS QUE DIOS NOS DA CREATIVIDAD, EMPEÑO Y FORTALEZA EN LAS DIFICULTADES, CLARIDAD PARA VER LOS ACONTECIMIENTOS DE LA VIDA Y PONER AMOR EN TODO LO QUE VIVIMOS?

¡SABÍAS QUE DIOS NOS DA CREATIVIDAD, EMPEÑO Y FORTALEZA EN LAS DIFICULTADES, CLARIDAD PARA VER LOS ACONTECIMIENTOS DE LA VIDA Y PONER AMOR EN TODO LO QUE VIVIMOS?
LC 11, 1-13

Homilía del padre Carlos Cardó SJ

Un discípulo le dijo a Jesús: Enséñanos a orar.
Jesús responde proponiendo el Padre nuestro, que más que una plegaria ES UN PROGRAMA DE VIDA, PUES CADA UNA DE SUS PETICIONES HA DE SER LLEVADA A LA PRÁCTICA.

El poder llamar Padre a Dios es el gran don de Jesús.
Al hacerlo nos reconocemos como hijos suyos, CREADOS POR AMOR.

Tener a Dios como Padre es vivir con la certeza de que siempre estará con nosotros, y esto nos debe dar una confianza inquebrantable: Nada “podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rom 8, 32ss).

La oración, como toda nuestra vida, está orientada a santificar el Nombre de Dios.
Esto significa TENER A DIOS EN EL LUGAR CENTRAL que se merece.
Jesús santificó continuamente el Nombre de Dios su Padre, amándolo y amando a los hermanos.

Y así nos enseñó a vivir: “Padre, yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo daré a conocer, PARA QUE EL AMOR CON QUE ME HAS AMADO ESTÉ EN ELLOS Y YO EN ELLOS” (Jn 17,26).

Santificamos el nombre de Dios cuando, como Jesús, procuramos hacer su voluntad, cuando nos rendimos a él en los momentos críticos, sin miedo a nuestras flaquezas ni a la muerte misma.

Santificamos su nombre CUANDO RECONOCEMOS COMO DON SUYO LO QUE TENEMOS Y NOS DISPONEMOS A COMPARTIRLO CON LOS NECESITADOS. En eso el Nombre de Dios es santificado.

La oración que Jesús nos enseña despierta en nosotros el deseo del reino de Dios. VENGA TU REINO.

Es nuestra esperanza: que la historia confluya en su reino como su término seguro y feliz, cuando Dios sea todo en todos (1 Cor 15,24.28) Y SEAN CREADOS CIELOS NUEVOS Y TIERRA NUEVA EN QUE HABITE LA JUSTICIA.

Sabemos que ese reino “ha llegado” ya en Jesús; que “viene” a nosotros cuando encarnamos en nuestra vida los valores del evangelio; y que “VENDRÁ” PLENAMENTE CUANDO SE SUPEREN LAS DESIGUALDADES INJUSTAS Y SE ESTABLEZCA LA FRATERNIDAD ENTRE LOS HIJOS E HIJAS DE DIOS.
El reino está entre nosotros como semilla que crece y se hace árbol sin que nos demos cuenta (Lc 13,18s).

Y es Jesús resucitado, que vendrá finalmente para ser nuestro juez y también nuestra eterna felicidad y realización completa.

Por eso, nuestro deseo de la venida del reino de Dios es nuestro anhelo profundo: Maranatha, ¡Ven Señor, Jesús!

Al orar ponemos ante Dios lo que necesitamos: Danos hoy nuestro pan. El pan es vida.
Necesitamos el pan material para nuestros cuerpos y el pan espiritual para nuestra vida en Dios.
Y decimos pan nuestro, NO MI PAN, PORQUE LO QUE DIOS DA TIENE QUE COMPARTIRSE.

EL PAN QUE NO SE COMPARTE GENERA DIVISIÓN.
                          EL PAN COMPARTIDO ES BENDICIÓN, EUCARISTÍA.

En la oración que Jesús nos dejó expresamos también la necesidad del perdón.
Perdónanos nuestros pecados. DIOS NO NIEGA NUNCA SU AMOR QUE REHABILITA A TODO HIJO SUYO, AUNQUE SEA UN REBELDE O UN MALVADO.

Como dice el Papa Francisco: DIOS NO SE CANSA DE PERDONAR, SOMOS NOSOTROS LOS QUE NOS CANSAMOS DE PEDIR PERDÓN.
Todos necesitamos perdón. El cristiano no es justo sino justificado (Paz con el Dios de Jesús con una fe firme, con paciencia y esperanza, y así seremos salvos. La  gracia vino de muchos delitos para justificación); no es santo sino pecador tocado por la gracia divina que lo rehabilita y eleva; NO ES INTOLERANTE NI EXCLUYENTE Y SE MUESTRA COMPASIVO CON EL QUE HA CAÍDO. POR ESO NO CONDENA, SINO PERDONA.

La confianza en Dios nos lleva a asumir ante Él nuestra radical deficiencia y debilidad, el riesgo de la vida: No nos dejes caer en tentación.
No pedimos que nos libre de la prueba, porque forma parte de la existencia, sino que nos proteja para no sucumbir, seguros –como dice San Pablo– de que “Dios es fiel y no permitirá que sean tentados por encima de sus fuerzas, antes bien con la tentación recibirán la fuerza para superarla” (1 Cor 10,13).
LA GRAN TENTACIÓN ES LA PÉRDIDA DE CONFIANZA, QUE NOS ARRANCA DEL AMOR DE DIOS.

Y para reforzar aún más esta confianza, Lucas añade dos pequeñas parábolas en las que Jesús pone como referencia el comportamiento de un amigo con su amigo y el de un padre con su hijo, para concluir que EL AMOR DE DIOS ES MUCHO MÁS DISPONIBLE Y GENEROSO QUE EL DE UN AMIGO O EL DE UN PADRE TERRENO.

EL AMOR DE PADRE ES EN SÍ LA VERDADERA PARÁBOLA QUE USA JESÚS PARA HACERNOS VER QUE DIOS NOS AMA COMO EL MÁS PATERNAL DE LOS PADRES Y LA MÁS MATERNAL DE LAS MADRES; AMA GRATUITAMENTE, NO POR NUESTROS MÉRITOS; AMA SIEMPRE,  NO UNAS VECES SÍ Y OTRAS NO; NO PUEDE DEJAR DE AMAR, NO ENGAÑA NI DEFRAUDA.

¿Qué padre hay tan malo que se atreva engañar a su hijo pequeñito dándole algo inservible o peligroso?

Si esto es así con los padres de la tierra, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? 


Queda claro, pues, que el don por excelencia que se obtiene con la oración ES EL ESPÍRITU QUE NOS LIBERA, QUE INSPIRA CREATIVIDAD, EMPEÑO Y FORTALEZA EN LAS DIFICULTADES, CLARIDAD PARA VER LOS ACONTECIMIENTOS DE LA VIDA A LA LUZ DE DIOS Y PONER AMOR EN TODO LO QUE VIVIMOS.