viernes, 30 de diciembre de 2016

¿SABES QUE DIOS HA PUESTO LA SEMILLA DE LA «CIVILIZACIÓN DEL AMOR» EN CADA PUEBLO Y EN CADA CULTURA”?.

¿SABES QUE DIOS HA PUESTO LA SEMILLA DE LA  «CIVILIZACIÓN DEL AMOR» EN CADA PUEBLO Y EN CADA CULTURA”?.


Nuestro tiempo está marcado por el complejo fenómeno de la globalización a través de un proceso de creciente integración de las economías.

Ciertamente la globalización alimenta nuevas esperanzas pero origina también grandes interrogantes.

Puede producir efectos potencialmente beneficiosos para toda la humanidad a través de la integración, PERO PUEDE POTENCIAR TAMBIÉN EL AUMENTO DE LAS DESIGUALDADES.

EN ESTE SENTIDO NOS ADVIERTE CARITAS IN VERITATE QUE “LA NOVEDAD PRINCIPAL HA SIDO EL ESTALLIDO DE LA INTERDEPENDENCIA PLANETARIA, YA COMÚNMENTE LLAMADA GLOBALIZACIÓN.

Pablo VI lo había previsto parcialmente, pero es sorprendente el alcance y la impetuosidad de su auge.

Surgido en los países económicamente desarrollados, este proceso ha implicado por su naturaleza a todas las economías.

Ha sido el motor principal para que regiones enteras superaran el subdesarrollo y es, de por sí, una gran oportunidad.

SIN EMBARGO, SIN LA GUÍA DE LA CARIDAD EN LA VERDAD, ESTE IMPULSO PLANETARIO PUEDE CONTRIBUIR A CREAR RIESGO DE DAÑOS HASTA AHORA DESCONOCIDOS Y NUEVAS DIVISIONES EN LA FAMILIA HUMANA.

Por eso, la caridad y la verdad nos plantean un compromiso inédito y creativo, ciertamente muy vasto y complejo.

Se trata de ensanchar la razón y hacerla capaz de conocer y orientar estas nuevas e imponentes dinámicas, animándolas en la perspectiva de esa «CIVILIZACIÓN DEL AMOR», DE LA CUAL DIOS HA PUESTO LA SEMILLA EN CADA PUEBLO Y EN CADA CULTURA.

El crecimiento del bien común EXIGE APROVECHAR LAS NUEVAS OCASIONES DE REDISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA ENTRE LAS DIVERSAS ÁREAS DEL PLANETA A FAVOR DE LAS MÁS NECESITADAS, HASTA AHORA EXCLUIDAS O MARGINADAS DEL PROCESO SOCIAL Y ECONÓMICO:

“En definitiva, el desafío consiste en asegurar una globalización en la solidaridad,
Una globalización sin dejar a nadie al margen”. 

Caritas in veritate nos advierte que “se ha de subrayar que NO BASTA PROGRESAR SÓLO DESDE EL PUNTO DE VISTA ECONÓMICO Y TECNOLÓGICO.

El desarrollo necesita ser, ANTE TODO, AUTÉNTICO E INTEGRAL.

El salir del atraso económico, algo en sí mismo positivo, NO SOLUCIONA LA PROBLEMÁTICA COMPLEJA DE LA PROMOCIÓN DEL HOMBRE,
NI EN LOS PAÍSES PROTAGONISTAS DE ESTOS ADELANTOS,
NI EN LOS PAÍSES ECONÓMICAMENTE YA DESARROLLADOS,
NI EN LOS QUE TODAVÍA SON POBRES, LOS CUALES PUEDEN SUFRIR, ADEMÁS DE ANTIGUAS FORMAS DE EXPLOTACIÓN, LAS CONSECUENCIAS NEGATIVAS QUE SE DERIVAN DE UN CRECIMIENTO MARCADO POR DESVIACIONES Y DESEQUILIBRIOS”.

A veces se perciben actitudes fatalistas ante la globalización, como si las dinámicas que la producen procedieran de fuerzas anónimas e impersonales o de estructuras independientes de la voluntad humana.

A este respecto, es bueno recordar que la globalización ha de entenderse ciertamente como un proceso socio-económico, PERO NO ES ÉSTA SU ÚNICA DIMENSIÓN.

Tras este proceso más visible hay realmente una humanidad cada vez más interrelacionada; hay personas y pueblos para los que el proceso debe ser de utilidad y desarrollo, gracias a que tanto los individuos como la colectividad asumen sus respectivas responsabilidades.

La superación de las fronteras no es sólo un hecho material, SINO TAMBIÉN CULTURAL, EN SUS CAUSAS Y EN SUS EFECTOS.

A pesar de algunos aspectos estructurales innegables, pero que no se deben absolutizar, «la globalización no es, a priori, ni buena ni mala.

SERÁ LO QUE LA GENTE HAGA DE ELLA».

DEBEMOS SER SUS PROTAGONISTAS, NO LAS VÍCTIMAS, PROCEDIENDO RAZONABLEMENTE, GUIADOS POR LA CARIDAD Y LA VERDAD.

Oponerse ciegamente a la globalización sería una actitud errónea que acabaría por ignorar un proceso que tiene también aspectos positivos, arriesgándose a desaprovechar las múltiples oportunidades de desarrollo que ofrece.

Antiguas modalidades de la vida empresarial van desapareciendo, mientras otras más prometedoras se perfilan en el horizonte.
Uno de los mayores riesgos es, sin duda, que la empresa responda casi exclusivamente a las expectativas de los inversores en detrimento de su dimensión social.

Debido a su continuo crecimiento y a la necesidad de mayores capitales, cada vez son menos las empresas que dependen de un único empresario estable que se sienta responsable a largo plazo, y no sólo por poco tiempo, de la vida y los resultados de su empresa, y cada vez son menos las empresas que dependen de un único territorio.

Además, la llamada deslocalización de la actividad productiva puede atenuar en el empresario el sentido de responsabilidad respecto a los interesados, como los trabajadores, los proveedores, los consumidores, así como al medio ambiente y a la sociedad más amplia que lo rodea, en favor de los accionistas, que no están sujetos a un espacio concreto y gozan por tanto de una extraordinaria movilidad.

El mercado internacional de los capitales, en efecto, ofrece hoy una gran libertad de acción.
Sin embargo, también es verdad que SE ESTÁ EXTENDIENDO LA CONCIENCIA DE LA NECESIDAD DE UNA «RESPONSABILIDAD SOCIAL» MÁS AMPLIA DE LA EMPRESA.

Aunque no todos los planteamientos éticos que guían hoy el debate sobre la responsabilidad social de la empresa son aceptables según la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia, ES CIERTO QUE SE VA DIFUNDIENDO CADA VEZ MÁS LA CONVICCIÓN SEGÚN LA CUAL LA GESTIÓN DE LA EMPRESA NO PUEDE TENER EN CUENTA ÚNICAMENTE EL INTERÉS DE SUS PROPIETARIOS, SINO TAMBIÉN EL DE TODOS LOS OTROS SUJETOS QUE CONTRIBUYEN A LA VIDA DE LA EMPRESA:
Trabajadores,
Clientes,
Proveedores de los diversos elementos de producción,
La comunidad de referencia.

En los últimos años se ha notado el crecimiento de una clase cosmopolita de manager, que a menudo responde sólo a las pretensiones de los nuevos accionistas de referencia compuestos generalmente por fondos anónimos que establecen su retribución.

Pero también hay muchos managers hoy que, con un análisis más previsor, se percatan cada vez más de los profundos lazos de su empresa con el territorio o territorios en que desarrolla su actividad.

Pablo VI INVITABA A VALORAR SERIAMENTE EL DAÑO QUE LA TRASFERENCIA DE CAPITALES AL EXTRANJERO, POR PURO PROVECHO PERSONAL, PUEDE OCASIONAR A LA PROPIA NACIÓN.

Juan Pablo II advertía que invertir tiene siempre un significado moral, además de económico.
Se ha de reiterar que todo esto mantiene su validez en nuestros días a pesar de que el mercado de capitales haya sido fuertemente liberalizado y la moderna mentalidad tecnológica PUEDA INDUCIR A PENSAR QUE INVERTIR ES SÓLO UN HECHO TÉCNICO Y NO HUMANO NI ÉTICO”.

El pueblo de Israel, en la fase inicial de su historia, no tiene rey como los otros pueblos, porque reconoce solamente el Señorío de Yahvé.
Samuel, a quien el pueblo reclama un rey, ADVIERTE DE LAS CONSECUENCIAS DE UN EJERCICIO DESPÓTICO DE LA REALEZA (Cf. 1Sam 8,11-18).

El poder real, sin embargo, también se puede experimentar como un don de Dios que viene en auxilio de su pueblo (Cf. 1Sam 9,16).

El prototipo de rey elegido por Yahvé es David, cuya condición humilde es subrayada por la narración bíblica (Cf. 1Sam 16,1-13).

El fracaso de la realeza en el plano histórico no llevará a la desaparición del ideal de un rey que, FIEL A DIOS, GOBIERNE CON SABIDURÍA Y REALICE LA JUSTICIA.

Jesús rechaza el poder opresivo y despótico de los jefes sobre las naciones (Cf. Mc 10,42) y su pretensión de hacerse llamar benefactores (Cf. Lc 22,25), PERO JAMÁS RECHAZA DIRECTAMENTE LAS AUTORIDADES DE SU TIEMPO.

Jesús, el Mesías prometido, HA COMBATIDO Y DERROTADO LA TENTACIÓN DE UN MESIANISMO POLÍTICO, CARACTERIZADO POR EL DOMINIO SOBRE LAS NACIONES (Cf. Mt 4,8-11; Lc 4,5-8).

ÉL ES EL QUE HA VENIDO “A SERVIR Y A DAR SU VIDA” (Mc 10,45).
A los discípulos que discuten sobre quién es el más grande, el Señor LES ENSEÑA A HACERSE LOS ÚLTIMOS Y A SERVIR A TODOS (Cf. Mc 9,33-35).

El señorío de Cristo, que es el Reino de Dios, entró en la historia de los hombres mediante el ocultamiento de Jesucristo, QUE SE DESPOJÓ DE SU RANGO, ASUMIÓ LA CONDICIÓN DE ESCLAVO, PASÓ POR UNO DE TANTOS Y SE REBAJÓ INCLUSO HASTA LA MUERTE DE CRUZ (Cf. Fil 2,7-8).

Jesucristo, como Mesías, ejerce, aún antes de su venida gloriosa, su señorío en el mundo, pero, mientras duran las circunstancias históricas, lo ejerce en el  ocultamiento y bajo el signo de la contradicción y de la cruz.


Jesucristo ejerce principalmente su soberanía A TRAVÉS DE LA IGLESIA Y DE LOS CRISTIANOS EN ELLA, QUE VIVEN Y ACTÚAN DESDE LA FE Y DESDE LA LIBERTAD REGIA DE LOS HIJOS DE DIOS, FRENTE A LAS ESCLAVITUDES DE UNA CREACIÓN SOMETIDA A LA CORRUPCIÓN INSANA; CONSIGUIENTEMENTE, TRABAJAN AL SERVICIO DE LOS POBRES Y A FAVOR DE LA JUSTICIA, EN ORDEN A PREPARAR LA LLEGADA DEL REINO DE DIOS EN SU PLENITUD

martes, 27 de diciembre de 2016

TODA FORMA DE ACUMULACIÓN DE RIQUEZA INDEBIDA Y SU DESPILFARRO ES INMORAL.

TODA FORMA DE ACUMULACIÓN DE RIQUEZA INDEBIDA Y SU DESPILFARRO ES INMORAL.


El trabajo pertenece a la condición originaria del hombre y precede a su caída; NO ES, POR ELLO, NI UN CASTIGO NI UNA MALDICIÓN.

El trabajo debe ser honrado porque es fuente de riqueza o, al menos, de condiciones para una vida decorosa, e instrumento eficaz contra la pobreza (Cf. Prov 10,4).

NO DEBEMOS CAER EN LA TENTACIÓN DE IDOLATRAR EL TRABAJO, PORQUE EN ÉL NO SE PUEDE ENCONTRAR EL SENTIDO ÚLTIMO Y DEFINITIVO DE LA VIDA; EL TRABAJO ES ESENCIAL, PERO ES DIOS, NO EL TRABAJO, LA FUENTE DE LA VIDA Y EL FIN DEL HOMBRE.

En el trabajo humano resplandece la belleza de la creación. “Jesús, el carpintero (cf. Mc 6, 3), dignificó el trabajo y al trabajador, y recuerda que el trabajo no es un mero apéndice de la vida, sino que «constituye una dimensión fundamental de la existencia del hombre en la tierra», por la cual el hombre y la mujer se realizan a sí mismos como seres humanos.

El trabajo garantiza la dignidad y la libertad del hombre; es probablemente la clave esencial de toda la cuestión social”.

El trabajo humano procede de la persona y está esencialmente ordenado y finalizado a ella.
El trabajo debe estar orientado hacia el sujeto que lo realiza, porque la finalidad del trabajo, de cualquier trabajo, es siempre el hombre.

Gracias a ello es posible la afirmación de que EL TRABAJO ES PARA EL HOMBRE Y NO EL HOMBRE PARA EL TRABAJO, y que la finalidad del trabajo, de cualquier trabajo realizado por el hombre, sigue siendo siempre el hombre mismo.

EL TRABAJO ES “UNA OBLIGACIÓN, ES DECIR, UN DEBER”, Y ES TAMBIÉN UN DERECHO FUNDAMENTAL Y UN BIEN PARA EL HOMBRE.

La Iglesia ha enseñado el valor del trabajo por su carácter de necesidad.
Efectivamente, el trabajo es necesario para formar y mantener una familia, para adquirir el derecho a la propiedad y contribuir al bien común de la familia humana.

“El trabajo es un bien de todos, que debe estar disponible para todos aquellos capaces de él.
La plena ocupación es, por tanto, un objetivo obligado para todo ordenamiento económico orientado a la justicia y al bien común.

UNA SOCIEDAD DONDE EL DERECHO AL TRABAJO SEA ANULADO O SISTEMÁTICAMENTE NEGADO Y DONDE LAS MEDIDAS DE POLÍTICA ECONÓMICA NO PERMITAN A LOS TRABAJADORES ALCANZAR NIVELES SATISFACTORIOS DE OCUPACIÓN, NO PUEDE CONSEGUIR SU LEGITIMACIÓN ÉTICA NI LA JUSTA PAZ SOCIAL”.

EL DESEMPLEO, LA INJUSTA REMUNERACIÓN DEL TRABAJO Y EL VIVIR SIN QUERER TRABAJAR SON CONTRARIOS AL DESIGNIO DE DIOS.

El discípulo y misionero, respondiendo a este designio:
Promueve la dignidad del trabajador y del trabajo,
El justo reconocimiento de sus derechos y de sus deberes, Desarrolla la cultura del trabajo y denuncia toda injusticia. .

En el Antiguo Testamento se encuentra una doble postura frente a los bienes económicos y la riqueza.
Por una parte, hay aprecio a la disponibilidad de bienes materiales considerados necesarios para la vida, vistos como una bendición de Dios.
Por otra parte, los bienes económicos no son condenados en sí mismos sino por su mal uso; así, por ejemplo la tradición profética denuncia:
La estafa,
La usura,
La explotación,
Las injusticias,
La opresión a los pobres, etc. (Cf. Is 58,3 -11; Jer 7,4-7; Os 4,1-2; Am 2,6-7; Miq 2,1-2).

Jesús asume toda la tradición del Antiguo Testamento sobre los bienes económicos, la riqueza y la pobreza, confiriéndole una definitiva claridad y plenitud (Cf. Mt 6,24; 13,22; Lc 6,20-24; 12,15-21; Rom 14,6-8; 1Tim 4,4).

Los bienes, aun cuando son poseídos legítimamente, conservan siempre un destino universal.
TODA FORMA DE ACUMULACIÓN INDEBIDA ES INMORAL, precisamente porque se halla en abierta contradicción con el destino universal que Dios creador asignó a todos los bienes.

La utilización del propio poder adquisitivo DEBE EJERCITARSE EN EL CONTEXTO DE LAS EXIGENCIAS MORALES DE LA JUSTICIA Y DE LA SOLIDARIDAD, Y DE RESPONSABILIDADES SOCIALES PRECISAS:          

NO SE PUEDE OLVIDAR “EL DEBER DE LA CARIDAD, ESTO ES, EL DEBER DE AYUDAR CON LO PROPIO «SUPERFLUO» Y, A VECES, INCLUSO CON LO PROPIO «NECESARIO», PARA DAR AL POBRE LO INDISPENSABLE PARA VIVIR”

lunes, 26 de diciembre de 2016

ES UN DEBER FUNDAMENTAL HACIA DIOS, HACIA SÍ MISMOS, HACIA LA FAMILIA Y HACIA LA SOCIEDAD LA TRANSMISIÓN DEL DON DE LA VIDA HUMANA.
                                                                                                       CARÍTAS.

“Dios, con la creación del hombre y de la mujer a su imagen y semejanza, corona y lleva a perfección la obra de sus manos; LOS LLAMA A UNA ESPECIAL PARTICIPACIÓN EN SU AMOR Y AL MISMO TIEMPO EN SU PODER DE CREADOR Y PADRE, MEDIANTE SU COOPERACIÓN LIBRE Y RESPONSABLE EN LA TRANSMISIÓN DEL DON DE LA VIDA HUMANA LA PATERNIDAD Y MATERNIDAD RESPONSABLES

Y Dios los bendijo diciendo: Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla (Gen 1,28).

Así, el cometido fundamental de la familia es EL SERVICIO A LA VIDA, EL REALIZAR A LO LARGO DE LA HISTORIA LA BENDICIÓN ORIGINAL DEL CREADOR, transmitiendo en la generación la imagen divina de hombre a hombre. (Cf. Gen 5,1-3)”.

De este modo la familia contribuye de modo eminente al bien social por medio DE LA PATERNIDAD Y MATERNIDAD RESPONSABLES, formas peculiares de la especial participación de los cónyuges en la obra creadora de Dios.

Ésta debe llevar a una generosa acogida de la vida.

Las motivaciones que deben guiar a los esposos en el ejercicio responsable de la paternidad y maternidad DERIVAN DEL PLENO RECONOCIMIENTO DE LOS PROPIOS DEBERES HACIA DIOS, HACIA SÍ MISMOS, HACIA LA FAMILIA Y HACIA LA SOCIEDAD. .

En cuanto a los medios relativos a la procreación responsable se han de rechazar como moralmente ilícitos:
El aborto,
La esterilización,
La contracepción en sus diversas formas,
La inseminación artificial,
La fecundación in vitro,
La eugenesia y
La clonación, enumeradas entre las técnicas más conocidas, aunque la enumeración podría alargarse mucho más.

Son, además, moralmente condenables, como atentados a la dignidad de las personas y las familias, los programas de ayuda económica destinados A FINANCIAR CAMPAÑAS DE ESTERILIZACIÓN Y ANTICONCEPCIÓN O SUBORDINADOS A LA ACEPTACIÓN DE DICHAS CAMPAÑAS.

“En varias partes del mundo persisten prácticas de control demográfico por parte de los gobiernos, que con frecuencia difunden la contracepción y llegan incluso a imponer también el aborto.

En los países económicamente más desarrollados, LAS LEGISLACIONES CONTRARIAS A LA VIDA ESTÁN MUY EXTENDIDAS Y HAN CONDICIONADO YA LAS COSTUMBRES Y LA PRAXIS, CONTRIBUYENDO A DIFUNDIR UNA MENTALIDAD ANTINATALISTA, QUE MUCHAS VECES SE TRATA DE TRANSMITIR TAMBIÉN A OTROS ESTADOS COMO SI FUERA UN PROGRESO CULTURAL”.

El Santo Padre nos advierte que “algunas organizaciones no gubernamentales, además, DIFUNDEN EL ABORTO, PROMOVIENDO A VECES EN LOS PAÍSES POBRES LA ADOPCIÓN DE LA PRÁCTICA DE LA ESTERILIZACIÓN, INCLUSO EN MUJERES A QUIENES NO SE PIDE SU CONSENTIMIENTO.

Por añadidura, existe la sospecha fundada de que, en ocasiones, LAS AYUDAS AL DESARROLLO SE CONDICIONAN A DETERMINADAS POLÍTICAS SANITARIAS QUE IMPLICAN DE HECHO LA IMPOSICIÓN DE UN FUERTE CONTROL DE LA NATALIDAD.

Preocupan también tanto las legislaciones que aceptan la eutanasia como las presiones de grupos nacionales e internacionales QUE REIVINDICAN SU RECONOCIMIENTO JURÍDICO”. 

Debemos mencionar con firmeza que “LA APERTURA A LA VIDA ESTÁ EN EL CENTRO DEL VERDADERO DESARROLLO.

CUANDO UNA SOCIEDAD SE ENCAMINA HACIA LA NEGACIÓN Y LA SUPRESIÓN DE LA VIDA, ACABA POR NO ENCONTRAR LA MOTIVACIÓN Y LA ENERGÍA NECESARIAS PARA ESFORZARSE EN EL SERVICIO DEL VERDADERO BIEN DEL HOMBRE.

SI SE PIERDE LA SENSIBILIDAD PERSONAL Y SOCIAL PARA ACOGER UNA NUEVA VIDA, TAMBIÉN SE MARCHITAN OTRAS FORMAS DE ACOGIDA PROVECHOSAS PARA LA VIDA SOCIAL”.

La familia tiene una importancia también vital para la persona.
En esta cuna de la vida y del amor, el hombre nace y crece.

Cuando nace un niño, la sociedad recibe el regalo de una nueva persona, que está “LLAMADA, DESDE LO MÁS ÍNTIMO DE SÍ, A LA COMUNIÓN CON LOS DEMÁS Y A LA ENTREGA A LOS DEMÁS.”

En la familia, por tanto, la entrega recíproca del hombre y de la mujer, unidos en matrimonio.

La familia, comunidad natural en donde se experimenta la sociabilidad humana, contribuye en modo único e insustituible al bien de la sociedad.

La comunidad familiar nace de la comunión de las personas: “La «comunión» se refiere a la relación personal entre el «yo» y el «tú».

La «comunidad», en cambio, supera este esquema apuntando hacia una «sociedad», un «nosotros».

La familia, comunidad de personas, es, por consiguiente, la primera «sociedad» humana”.

EL SER HUMANO HA SIDO CREADO PARA AMAR Y NO PUEDE VIVIR SIN AMOR.

El amor, cuando se manifiesta en el don total de dos personas en su complementariedad, NO PUEDE LIMITARSE A EMOCIONES O SENTIMIENTOS, Y MUCHO MENOS A LA MERA EXPRESIÓN SEXUAL.

Una sociedad QUE TIENDE A RELATIVIZAR Y A BANALIZAR CADA VEZ MÁS LA EXPERIENCIA DEL AMOR Y DE LA SEXUALIDAD EXALTA LOS ASPECTOS EFÍMEROS DE LA VIDA Y OSCURECE LOS VALORES FUNDAMENTALES.

Por ello se hace más urgente que nunca anunciar y testimoniar que la verdad del amor y de la sexualidad conyugal SE ENCUENTRA ALLÍ DONDE SE REALIZA LA ENTREGA PLENA Y TOTAL DE LAS PERSONAS CON LAS CARACTERÍSTICAS DE LA UNIDAD Y DE LA FIDELIDAD.

Ha de afirmarse la prioridad de la familia respecto a la sociedad y al Estado.
La familia, al menos en su función procreativa, es la condición misma de la existencia de aquellos.
En las demás funciones en pro de cada uno de sus miembros, LA FAMILIA PRECEDE, POR SU IMPORTANCIA Y VALOR, A LAS FUNCIONES QUE LA SOCIEDAD Y EL ESTADO DEBEN DESEMPEÑAR.

LA FAMILIA, SUJETO TITULAR DE DERECHOS INVIOLABLES, ENCUENTRA SU LEGITIMACIÓN EN LA NATURALEZA HUMANA Y NO EN EL RECONOCIMIENTO DEL ESTADO.

LA FAMILIA NO ESTÁ, POR LO TANTO, EN FUNCIÓN DE LA SOCIEDAD Y DEL ESTADO, SINO QUE LA SOCIEDAD Y EL ESTADO ESTÁN EN FUNCIÓN DE LA FAMILIA.

En contraposición a este principio, la introducción del DIVORCIO en las  legislaciones civiles HA ALIMENTADO UNA VISIÓN RELATIVISTA DE LA UNIÓN CONYUGAL Y SE HA MANIFESTADO AMPLIAMENTE COMO UNA «VERDADERA PLAGA SOCIAL».

Las familias, lejos de ser sólo objeto de la acción política, pueden y deben ser sujeto de esta actividad, MOVILIZÁNDOSE PARA “PROCURAR QUE LAS LEYES Y LAS INSTITUCIONES DEL ESTADO NO SÓLO NO OFENDAN, SINO QUE SOSTENGAN Y DEFIENDAN POSITIVAMENTE LOS DERECHOS Y DEBERES DE LA FAMILIA.

En este sentido, las familias DEBEN CRECER EN LA CONCIENCIA DE SER «PROTAGONISTAS» DE LA LLAMADA «POLÍTICA FAMILIAR» Y ASUMIR LA RESPONSABILIDAD DE TRANSFORMAR LA SOCIEDAD”.

El matrimonio, tiene su fundamento en la familia, Y LA FAMILIA TIENE SU FUNDAMENTO EN LA LIBRE VOLUNTAD DE LOS CÓNYUGES DE UNIRSE EN MATRIMONIO, RESPETANDO EL SIGNIFICADO Y LOS VALORES PROPIOS DE ESTA INSTITUCIÓN, QUE NO DEPENDE DEL HOMBRE, SINO DE DIOS MISMO.

La institución matrimonial, “fundada por el Creador y en posesión de sus propias leyes promueve la íntima comunidad conyugal de vida y amor”, NO ES UN EFECTO DE CONVENCIONES HUMANAS O IMPOSICIONES LEGISLATIVAS, SINO QUE DEBE SU ESTABILIDAD AL ORDENAMIENTO DIVINO.

Ningún poder puede abolir el derecho natural al matrimonio ni modificar sus características ni su finalidad, YA QUE EL MATRIMONIO TIENE SUS CARACTERÍSTICAS PROPIAS ORIGINARIAS Y PERMANENTES.

Ni la sociedad, ni el Estado, ni aun los propios esposos, PUEDEN DISPONER DEL VÍNCULO MATRIMONIAL CON EL CUAL LOS ESPOSOS SE PROMETEN FIDELIDAD, ASISTENCIA RECÍPROCA Y APERTURA A LOS HIJOS. 

El matrimonio tiene como rasgos característicos:

La totalidad, en virtud de la cual SE ENTREGAN RECÍPROCAMENTE EN TODOS LOS ASPECTOS DE LA PERSONA, FÍSICOS Y ESPIRITUALES;
LA UNIDAD, QUE LOS HACE “UNA SOLA CARNE” (GEN 2,24);
LA INDISOLUBILIDAD Y LA FIDELIDAD, QUE EXIGEN LA DONACIÓN RECÍPROCA Y DEFINITIVA; Y
LA FECUNDIDAD, A LA QUE NATURAL, GENEROSA Y RESPONSABLEMENTE ESTÁ ABIERTO EL MATRIMONIO.  


domingo, 25 de diciembre de 2016

UNA SOCIEDAD DESARROLLADA MATERIALMENTE QUE OPRIME EL ALMA, NO ES UNA SOCIEDAD AUTÉNTICAMENTE DESARROLLA”.

UNA SOCIEDAD DESARROLLADA MATERIALMENTE QUE OPRIME EL ALMA, NO ES UNA SOCIEDAD AUTÉNTICAMENTE DESARROLLA”.
                                                                                                           CÁRITAS.

EL SER HUMANO SE DESARROLLA CUANDO:
CRECE ESPIRITUALMENTE,
CUANDO SU ALMA SE CONOCE A SÍ MISMA,
CUANDO  LA VERDAD QUE DIOS HA IMPRESO GERMINALMENTE EN  ELLA FRUCTIFICA Y
CUANDO DIALOGA CONSIGO MISMO Y CON SU CREADOR.

LEJOS DE DIOS, EL HOMBRE ESTÁ INQUIETO Y SE HACE FRÁGIL […]

Una sociedad del bienestar, MATERIALMENTE DESARROLLADA, pero que oprime el alma, NO ESTÁ EN SÍ MISMA BIEN ORIENTADA HACIA UN AUTÉNTICO DESARROLLO”.

El hombre es libre porque posee la facultad de determinarse en función de la verdad y del bien. “CONOCERÁN LA VERDAD, Y LA VERDAD LOS HARÁ LIBRES” (Jn 8, 32).

Estas palabras encierran una exigencia fundamental y al mismo tiempo una advertencia:

LA EXIGENCIA DE UNA RELACIÓN HONESTA CON RESPECTO A LA VERDAD, COMO CONDICIÓN DE UNA AUTÉNTICA LIBERTAD; 
LA ADVERTENCIA DE EVITAR CUALQUIER LIBERTAD APARENTE, SUPERFICIAL O UNILATERAL, Y
CUALQUIER LIBERTAD QUE NO PROFUNDICE EN TODA LA VERDAD SOBRE EL HOMBRE Y SOBRE EL MUNDO NO ES UNA VERDADERA LIBERTAD”.

Pero también “el recto ejercicio de la libertad personal exige unas determinadas condiciones de orden económico, social, jurídico, político y cultural QUE SON, CON DEMASIADA FRECUENCIA, DESCONOCIDAS Y VIOLADAS.

Estas situaciones de ceguera y de injusticia GRAVAN LA VIDA MORAL Y COLOCAN TANTO A LOS FUERTES COMO A LOS DÉBILES EN LA TENTACIÓN DE ATROPELLAR LA CARIDAD, DESHUMANIZÁNDONOS.

AL APARTARSE DE LA LEY MORAL:
EL HOMBRE ATENTA CONTRA SU PROPIA LIBERTAD,
SE ENCADENA A SÍ MISMO,
ROMPE LA FRATERNIDAD CON SUS SEMEJANTES Y
SE REBELA CONTRA LA VERDAD DIVINA.

La cancelación de las injusticias promueve la libertad y la dignidad humana: no obstante, ante todo, hay que apelar a las capacidades espirituales y morales de la persona y a la exigencia permanente de la conversión interior si se quieren obtener cambios económicos y sociales que estén verdaderamente al servicio del hombre”, PORQUE TODOS LOS HOMBRES TIENEN LA MISMA DIGNIDAD DE CRIATURAS A SU IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS.

La encarnación del Hijo de Dios manifiesta la igualdad de todas las personas en cuanto a su dignidad:
YA NO HAY JUDÍO NI GRIEGO;
NI ESCLAVO NI LIBRE;
NI HOMBRE NI MUJER,
YA QUE TODOS USTEDES SON UNO EN CRISTO JESÚS (Gal 3,28; cf. Rom 10,12; 1Cor 12,13; Col 3,11).

Y es que en el rostro de cada hombre resplandece algo de la gloria de Dios.
Esto es, además, el fundamento último de la radical igualdad y fraternidad entre los hombres, INDEPENDIENTEMENTE DE SU RAZA, NACIÓN, SEXO, ORIGEN, CULTURA Y CLASE”.

SÓLO EL RECONOCIMIENTO DE ESTA IGUALDAD EN DIGNIDAD HACE POSIBLE EL CRECIMIENTO DE TODOS (Cf. St 2,19).

Para favorecer tal crecimiento es necesario:
Apoyar a los últimos,
Asegurar efectivamente condiciones de igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer,
Garantizar una igualdad objetiva entre las diversas clases sociales ante la ley.

“La Iglesia en el Continente se siente comprometida a intensificar su preocupación por las mujeres y a defenderlas de modo QUE LA SOCIEDAD EN AMÉRICA AYUDE MÁS A LA VIDA FAMILIAR FUNDADA EN EL MATRIMONIO, PROTEJA MÁS LA MATERNIDAD Y RESPETE MÁS LA DIGNIDAD DE TODAS LAS MUJERES.

Se debe ayudar a las mujeres americanas a tomar parte activa y responsable en la vida y misión de la Iglesia, como también SE HA DE RECONOCER LA NECESIDAD DE LA SABIDURÍA Y COOPERACIÓN DE LAS MUJERES EN LAS TAREAS DIRECTIVAS DE LA SOCIEDAD AMERICANA”.

La persona es constitutivamente un ser social, porque así lo ha querido Dios que la ha creado.
Es necesario destacar que la vida comunitaria es una característica natural que distingue al hombre del resto de las criaturas terrenas.

La actuación social comporta de suyo un signo particular del hombre y de la humanidad, el de una persona que obra en una comunidad de personas: este signo determina su calificación interior y constituye, en cierto sentido, su misma naturaleza.

Esta característica relacional adquiere, a la luz de la fe, un sentido más profundo y estable.
Creada a imagen y semejanza de Dios (cf. Gen 1,26) y constituida en el universo visible para vivir en sociedad (cf. Gen 2,20.23) y dominar la tierra (cf. Gen 1,26.28-30), la persona humana está llamada desde el comienzo a la vida social: “DIOS NO HA CREADO AL HOMBRE COMO UN «SER SOLITARIO», SINO QUE LO HA QUERIDO COMO «SER SOCIAL».

La vida social no es, por tanto, exterior al hombre, EL CUAL NO PUEDE CRECER Y REALIZAR SU VOCACIÓN SI NO ES EN RELACIÓN CON LOS OTROS”.

Puestos a desarrollar el tema de los derechos del hombre, observamos que ÉSTE TIENE UN DERECHO A:
LA EXISTENCIA,
LA INTEGRIDAD CORPORAL,
LOS MEDIOS NECESARIOS PARA UN DECOROSO MODO DE VIDA, CUALES SON, PRINCIPALMENTE:
EL ALIMENTO,
EL VESTIDO,
LA VIVIENDA,
EL DESCANSO,
LA ASISTENCIA MÉDICA Y
LOS SERVICIOS INDISPENSABLES QUE A CADA UNO DEBE PRESTAR EL ESTADO.

De lo cual se sigue que el hombre posee también el derecho a:
LA SEGURIDAD PERSONAL EN CASO DE ENFERMEDAD, INVALIDEZ, VIUDEZ, VEJEZ, PARO Y
CUALQUIER OTRA EVENTUALIDAD QUE LE PRIVE, SIN CULPA SUYA, DE LOS MEDIOS NECESARIOS PARA SU SUSTENTO.

El hombre tiene por sí mismo derechos y deberes que provienen inmediatamente de su propia naturaleza.

Estos derechos y deberes SON, POR ELLO, UNIVERSALES E INVIOLABLES, Y NO PUEDEN SER NEGADOS POR NINGÚN CONCEPTO, pues “de la dignidad del hombre en cuanto hijo de Dios nacen los derechos humanos y las obligaciones.
Por esta razón, TODO ATROPELLO A LA DIGNIDAD DEL HOMBRE ES ATROPELLO AL MISMO DIOS, DE QUIEN ES IMAGEN”.

Cualquier derecho fundamental del hombre deriva de la ley natural QUE LE DA LA FUERZA MORAL DE OBLIGATORIEDAD Y LE IMPONE A SU VEZ EL CORRELATIVO DEBER.

POR TANTO, QUIENES AL REIVINDICAR SUS DERECHOS OLVIDAN POR COMPLETO SUS DEBERES, SE ASEMEJAN A LOS QUE DERRIBAN CON UNA MANO LO QUE CON LA OTRA CONSTRUYEN.

La Iglesia Católica, que “en virtud del Evangelio que se le ha confiado, proclama los derechos del hombre”, ha visto en la Declaración de los Derechos Humanos, conforme al Magisterio pontificio, un signo de los tiempos, considerándola un paso importante en el camino hacia la organización jurídicopolítica de la comunidad mundial. 

LA FAMILIA ES CONSIDERADA, EN EL DESIGNIO DEL CREADOR, COMO EL LUGAR PRIMARIO DE LA HUMANIZACIÓN DE LA PERSONA Y DE LA SOCIEDAD Y CUNA DE LA VIDA Y DEL AMOR.

La Iglesia ha considerado siempre la familia como la primera sociedad natural y el núcleo originario de la sociedad, titular de derechos propios y originarios, Y LA SITÚA EN EL CENTRO DE LA VIDA SOCIAL.

RELEGAR LA FAMILIA A UN PAPEL SECUNDARIO Y SUBALTERNO, EXCLUYÉNDOLA DEL LUGAR QUE LE CORRESPONDE EN LA SOCIEDAD, SIGNIFICARÍA CAUSAR UN GRAVE DAÑO AL AUTÉNTICO CRECIMIENTO DEL CUERPO SOCIAL.

“Dado que la familia es el valor más querido por nuestros pueblos, creemos que DEBE ASUMIRSE LA PREOCUPACIÓN POR ELLA COMO UNO DE LOS EJES TRANSVERSALES DE TODA LA ACCIÓN EVANGELIZADORA DE LA IGLESIA.


En toda diócesis se requiere una pastoral familiar “intensa y vigorosa” para proclamar el evangelio de la familia, promover la cultura de la vida Y TRABAJAR PARA QUE LOS DERECHOS DE LAS FAMILIAS SEAN RECONOCIDOS Y RESPETADOS”.