miércoles, 14 de junio de 2017

LA PRIMACÍA Y ESENCIA DEL BIEN COMÚN SE SUSTENTA EN LA JUSTICIA CON CARIDAD.

LA PRIMACÍA Y ESENCIA DEL BIEN COMÚN SE     SUSTENTA EN LA JUSTICIA  CON CARIDAD.

CÁRITAS
 Como ya se ha mencionado, LA JUSTICIA es el objeto y, por tanto, también LA MEDIDA INTRÍNSECA DE TODA POLÍTICA.

La política es más que una simple técnica para determinar los ordenamientos públicos:

Su origen y su meta están precisamente EN LA JUSTICIA, Y ÉSTA ES DE NATURALEZA ÉTICA.

Así, pues, EL ESTADO se encuentra inevitablemente de hecho ante la cuestión de CÓMO REALIZAR LA JUSTICIA AQUÍ Y AHORA.

Benedicto XVI resalta también LA PRIMACÍA DE LA JUSTICIA DESDE SU INTRÍNSECA UNIÓN CON LA CARIDAD, y la entiende como ESENCIA DEL BIEN COMÚN cuando afirma que “el compromiso por el bien común, cuando está inspirado por la caridad, TIENE UNA VALENCIA SUPERIOR AL COMPROMISO MERAMENTE SECULAR Y POLÍTICO.

Como todo compromiso en favor de la justicia, forma parte de ese testimonio de la caridad divina que, actuando en el tiempo, prepara lo eterno.

La acción del hombre sobre la tierra, cuando está inspirada y sustentada por la caridad, contribuye a la edificación de esa ciudad de Dios universal hacia la cual avanza la historia de la familia humana.

En una sociedad en vías de globalización, el bien común y el esfuerzo por él han de abarcar necesariamente a toda la familia humana, es decir, a la comunidad de los pueblos y naciones, DANDO ASÍ FORMA DE UNIDAD Y DE PAZ A LA CIUDAD DEL HOMBRE Y HACIÉNDOLA, EN CIERTA MEDIDA, UNA ANTICIPACIÓN QUE PREFIGURA LA CIUDAD DE DIOS SIN BARRERAS”.

La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible.

No puede ni debe sustituir al Estado.
PERO TAMPOCO PUEDE NI DEBE QUEDARSE AL MARGEN EN LA LUCHA POR LA JUSTICIA.

Debe insertarse en ella a través de la argumentación racional y DEBE DESPERTAR LAS FUERZAS ESPIRITUALES, SIN LAS CUALES LA JUSTICIA, QUE SIEMPRE EXIGE TAMBIÉN RENUNCIAS, NO PUEDE AFIRMARSE NI PROSPERAR.

La sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la política. No obstante, le interesa sobremanera trabajar por la justicia ESFORZÁNDOSE POR ABRIR LA INTELIGENCIA Y LA VOLUNTAD A LAS EXIGENCIAS DEL BIEN.  

Ante todo hemos de resaltar la total autonomía e independencia de ambas entidades.
Efectivamente, la Iglesia y la comunidad política, si bien se expresan ambas con estructuras organizativas visibles, son de naturaleza diferente, tanto por su configuración como por las finalidades que persiguen.

El Concilio Vaticano II ha reafirmado solemnemente que “la comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno” .

La Iglesia se organiza con formas adecuadas para satisfacer las exigencias espirituales de sus fieles, MIENTRAS QUE LAS DIVERSAS COMUNIDADES POLÍTICAS GENERAN RELACIONES E INSTITUCIONES AL SERVICIO DE TODO LO QUE PERTENECE AL BIEN COMÚN TEMPORAL.

La autonomía e independencia de las dos realidades se muestran claramente, sobre todo, en el orden de los fines.
Pero también considera la mutua colaboración necesaria. La recíproca autonomía de la Iglesia y la comunidad política no comporta una separación tal que excluya la colaboración: ambas, aunque a título diverso, están al servicio de la vocación personal y social de los mismos hombres.

“Este servicio lo prestarán con tanta mayor eficacia, para bien de todos, cuanto mejor cultiven ambas entre sí una sana cooperación, habida cuenta de las circunstancias de lugar y tiempo”.

“América necesita laicos cristianos que puedan asumir responsabilidades directivas en la sociedad.

ES URGENTE FORMAR HOMBRES Y MUJERES CAPACES DE ACTUAR, SEGÚN SU PROPIA VOCACIÓN, EN LA VIDA PÚBLICA, ORIENTÁNDOLA AL BIEN COMÚN.

En el ejercicio de la política, vista en su sentido más noble y auténtico como administración del bien común, ellos pueden encontrar también el camino de la propia santificación”.
Caritas in veritate nos recuerda igualmente la importancia de que la Iglesia pueda contribuir al desarrollo, afirmando que ESTO SERÁ POSIBLE “SOLAMENTE SI DIOS TIENE UN LUGAR EN LA ESFERA PÚBLICA, CON ESPECÍFICA REFERENCIA A LA DIMENSIÓN CULTURAL, SOCIAL, ECONÓMICA Y, EN PARTICULAR, POLÍTICA.

La doctrina social de la Iglesia ha nacido para reivindicar esa «carta de ciudadanía» de la religión cristiana.
LA NEGACIÓN DEL DERECHO A PROFESAR PÚBLICAMENTE LA PROPIA RELIGIÓN Y A TRABAJAR PARA QUE LAS VERDADES DE LA FE INSPIREN TAMBIÉN LA VIDA PÚBLICA TIENE CONSECUENCIAS NEGATIVAS SOBRE EL VERDADERO DESARROLLO.
La exclusión de la religión del ámbito público, así como el fundamentalismo religioso, por otro lado, IMPIDEN EL ENCUENTRO ENTRE LAS PERSONAS Y SU COLABORACIÓN PARA EL PROGRESO DE LA HUMANIDAD.

LA VIDA PÚBLICA SE EMPOBRECE DE MOTIVACIONES Y LA POLÍTICA ADQUIERE UN ASPECTO OPRESOR Y AGRESIVO.

Se corre el riesgo de que no se respeten los derechos humanos, ya sea porque se les priva de su fundamento trascendente, o porque no se reconoce la libertad personal.

En el laicismo y en el fundamentalismo se pierde la posibilidad de un diálogo fecundo y de una provechosa colaboración ENTRE LA RAZÓN Y LA FE RELIGIOSA.

La razón necesita siempre ser purificada por la fe, y esto vale también para la razón política, QUE NO DEBE CREERSE OMNIPOTENTE.
A su vez, la religión tiene siempre necesidad de ser purificada por la razón PARA MOSTRAR SU AUTÉNTICO ROSTRO HUMANO.

La ruptura de este diálogo COMPORTA UN COSTE MUY GRAVOSO PARA EL DESARROLLO DE LA HUMANIDAD”.
Uno de los puntos más relevantes y necesarios para el funcionamiento de nuestra Red de Cáritas en el Perú, así como la viabilidad de sus proyectos de ayuda al desarrollo a través del financiamiento internacional, es precisamente EL TEMA DE LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL PARA EL DESARROLLO.

De aquí que le dediquemos este capítulo. “La solución al problema del desarrollo requiere la cooperación entre las comunidades políticas particulares:
Las Naciones, al hallarse necesitadas las unas de ayudas complementarias y las otras de ulteriores perfeccionamientos, SÓLO PODRÁN ATENDER A SU PROPIA UTILIDAD MIRANDO SIMULTÁNEAMENTE AL PROVECHO DE LOS DEMÁS.

Por lo cual es de todo punto preciso que los Estados se entiendan bien y se presten ayuda mutua.
El subdesarrollo dejaría de parecer una situación imposible de eliminar, casi una condena fatal, SI SE CONSIDERARA QUE ÉSTE NO ES SÓLO FRUTO DE DECISIONES HUMANAS EQUIVOCADAS, SINO TAMBIÉN RESULTADO DE MECANISMOS ECONÓMICOS, FI NANCIEROS Y SOCIALES Y DE ESTRUCTURAS DE IMPERFECCIÓN QUE, EN REALIDAD, LO ESTÁN PROVOCANDO.

Estas dificultades, sin embargo, deben ser afrontadas con determinación  firme y perseverante, PORQUE EL DESARROLLO NO ES SÓLO UNA ASPIRACIÓN, SINO UN DERECHO QUE, COMO TODO DERECHO, IMPLICA UNA OBLIGACIÓN:

La cooperación al desarrollo de todo el hombre y de cada hombre ES UN DEBER DE TODOS PARA CON TODOS Y, AL MISMO TIEMPO, DEBE SER COMÚN A LAS CUATRO PARTES DEL MUNDO: ESTE Y OESTE, NORTE Y SUR.

En la visión del Magisterio, el derecho al desarrollo se funda en los siguientes principios:

ü Unidad de origen y destino común de la familia humana;
ü Igualdad entre todas las personas y entre todas las comunidades, basada en la dignidad humana;
ü Destino universal de los bienes de la tierra;
ü Integridad de la noción de desarrollo;
ü Centralidad de la persona humana y
ü Solidaridad”.

La doctrina social induce a formas de cooperación capaces de incentivar el acceso al mercado internacional DE LOS PAÍSES MARCADOS POR LA POBREZA Y EL SUBDESARROLLO.
Pero al mismo tiempo el espíritu de cooperación internacional requiere que, POR ENCIMA DE LA ESTRECHA LÓGICA DEL MERCADO, SE DESARROLLE LA CONCIENCIA DEL DEBER DE SOLIDARIDAD, DE JUSTICIA SOCIAL Y DE CARIDAD UNIVERSAL, porque existe «ALGO QUE ES DEBIDO AL HOMBRE PORQUE ES HOMBRE, EN VIRTUD DE SU EMINENTE DIGNIDAD».

Uno de los campos esenciales en el ámbito de la cooperación y en el que Cáritas tiene un rol fundamental es la lucha contra la pobreza.
“Al comienzo del nuevo milenio, la pobreza de miles de millones de hombres y mujeres es la cuestión que, MÁS QUE CUALQUIER OTRA, INTERPELA NUESTRA CONCIENCIA HUMANA Y CRISTIANA. LA POBREZA MANIFI ESTA UN DRAMÁTICO PROBLEMA DE JUSTICIA: LA POBREZA, EN SUS DIVERSAS FORMAS Y CONSECUENCIAS, SE CARACTERIZA POR UN CRECIMIENTO DESIGUAL Y NO RECONOCE A CADA PUEBLO EL IGUAL DERECHO A SENTARSE A LA MESA DEL BANQUETE COMÚN.

 Esta pobreza hace imposible la realización de aquel humanismo pleno que la Iglesia auspicia y propone, a fin de que LAS PERSONAS Y LOS PUEBLOS PUEDAN SER MÁS Y VIVIR EN CONDICIONES MÁS HUMANAS.

La lucha contra la pobreza encuentra una fuerte motivación en la opción o amor preferencial de la Iglesia por los pobres.

En toda su enseñanza social, la Iglesia no se cansa de confirmar también otros principios fundamentales: primero entre todos, EL DESTINO UNIVERSAL DE LOS BIENES.
Con la constante reafirmación del principio de la solidaridad, la doctrina social insta A PASAR A LA ACCIÓN PARA PROMOVER EL BIEN DE TODOS Y CADA UNO, PARA QUE TODOS SEAMOS VERDADERAMENTE RESPONSABLES DE TODOS.

El principio de solidaridad, también en la lucha contra la pobreza, debe ir siempre acompañado oportunamente por el de SUBSIDIARIDAD, gracias al cual es posible estimular el espíritu de iniciativa, base fundamental de todo desarrollo socioeconómico, en los mismos países pobres: a los pobres se les debe mirar no como un problema, SINO COMO LOS QUE PUEDEN LLEGAR A SER SUJETOS Y PROTAGONISTAS DE UN FUTURO NUEVO Y MÁS HUMANO PARA TODO EL MUNDO.

La red nacional de Cáritas, gestora de programas de desarrollo sostenible y canalizadora de tantos recursos de cooperación internacional, debe tener muy presente que los programas de desarrollo, para poder adaptarse a las situaciones concretas, han de ser flexibles; y que las personas que se benefi cien DEBEN IMPLICARSE DIRECTAMENTE EN SU PLANIFICACIÓN Y CONVERTIRSE EN PROTAGONISTAS DE SU REALIZACIÓN.

“Constructores de su propio desarrollo, los pueblos son los primeros responsables de él. PERO NO LO REALIZARÁN EN EL AISLAMIENTO”.

A nosotros nos corresponde, como nos recuerda Benedicto XVI, APLICAR LOS CRITERIOS DE PROGRESIÓN Y ACOMPAÑAMIENTO, INCLUYENDO EL SEGUIMIENTO DE LOS RESULTADOS.

“La cooperación internacional necesita personas que participen en el proceso del desarrollo económico y humano, mediante la solidaridad de la presencia, el acompañamiento, la formación y el respeto.
Desde este punto de vista, los propios organismos internacionales deberían preguntarse sobre la eficacia real de sus aparatos burocráticos y administrativos, frecuentemente demasiado costosos.
A veces, el destinatario de las ayudas resulta útil para quien lo ayuda Y, ASÍ, LOS POBRES SIRVEN PARA MANTENER COSTOSOS ORGANISMOS BUROCRÁTICOS, QUE DESTINAN A LA PROPIA CONSERVACIÓN UN PORCENTAJE DEMASIADO ELEVADO DE ESOS RECURSOS QUE DEBERÍAN SER DESTINADOS AL DESARROLLO.
A este respecto, cabría desear que los organismos internacionales y las organizaciones no gubernamentales se esforzaran por una transparencia total, informando a los donantes y a la opinión pública sobre la proporción de los fondos recibidos que se destina a programas de cooperación, sobre el verdadero contenido de dichos programas y, en fin, sobre la distribución de los gastos de la institución misma”.
Por todo ello, “el principio de subsidiaridad debe mantenerse íntimamente unido al principio de la solidaridad y viceversa, PORQUE ASÍ COMO LA SUBSIDIARIDAD SIN LA SOLIDARIDAD DESEMBOCA EN EL PARTICULARISMO SOCIAL, TAMBIÉN ES CIERTO QUE LA SOLIDARIDAD SIN LA SUBSIDIARIDAD ACABARÍA EN EL ASISTENCIALISMO QUE HUMILLA AL NECESITADO.

Esta regla de carácter general se ha de tener muy en cuenta incluso cuando se afrontan los temas sobre las ayudas internacionales al desarrollo.
Éstas, por encima de las intenciones de los donantes, pueden mantener a veces a un pueblo en un estado de dependencia, e INCLUSO FAVORECER SITUACIONES DE DOMINIO LOCAL Y DE EXPLOTACIÓN EN EL PAÍS QUE LAS RECIBE.

Las ayudas económicas, para que lo sean de verdad, no deben perseguir otros fines. Han de ser concedidas IMPLICANDO NO SÓLO A LOS GOBIERNOS DE LOS PAÍSES INTERESADOS, SINO TAMBIÉN A LOS AGENTES ECONÓMICOS LOCALES Y A LOS AGENTES CULTURALES DE LA SOCIEDAD CIVIL, INCLUIDAS LAS IGLESIAS LOCALES.

Los programas de ayuda han de adaptarse cada vez más a la forma de los programas integrados y compartidos desde la base.
En efecto, sigue siendo verdad que el recurso humano es lo más valioso de los países en vías de desarrollo: ÉSTE ES EL AUTÉNTICO CAPITAL QUE SE HA DE POTENCIAR PARA ASEGURAR A LOS PAÍSES MÁS POBRES UN FUTURO VERDADERAMENTE AUTÓNOMO.

Conviene recordar también que, en el campo económico, la ayuda principal que necesitan los países en vías de desarrollo ES PERMITIR Y FAVORECER CADA VEZ MÁS EL INGRESO DE SUS PRODUCTOS EN LOS MERCADOS INTERNACIONALES, POSIBILITANDO ASÍ SU PLENA PARTICIPACIÓN EN LA VIDA ECONÓMICA INTERNACIONAL.

En el pasado, las ayudas han servido con demasiada frecuencia sólo para crear mercados marginales de los productos de esos países.
Esto se debe muchas veces a una falta de verdadera demanda de estos productos: por tanto, ES NECESARIO AYUDAR A ESOS PAÍSES A MEJORAR SUS PRODUCTOS Y A ADAPTARLOS MEJOR A LA DEMANDA.
Además, algunos han temido con frecuencia la competencia de las importaciones de productos, normalmente agrícolas, provenientes de los países económicamente pobres.
Sin embargo, se ha de recordar que la posibilidad de comercializar dichos productos SIGNIFICA A MENUDO GARANTIZAR SU SUPERVIVENCIA A CORTO O LARGO PLAZO.

Un comercio internacional justo y equilibrado en el campo agrícola puede reportar BENEFICIOS A TODOS, TANTO EN LA OFERTA COMO EN LA DEMANDA.


Por este motivo, no sólo es necesario orientar comercialmente esos productos, SINO ESTABLECER REGLAS COMERCIALES INTERNACIONALES QUE LOS SOSTENGAN, Y REFORZAR LA FINANCIACIÓN DEL DESARROLLO PARA HACER MÁS PRODUCTIVAS ESAS ECONOMÍAS”

martes, 6 de junio de 2017

SIN LA GUÍA DE LA CARIDAD EN LA VERDAD, LA GLOBALIZACIÓN PUEDE CONTRIBUIR A CREAR RIESGO DE DAÑOS HASTA AHORA DESCONOCIDOS Y NUEVAS DIVISIONES EN LA FAMILIA HUMANA.

SIN LA GUÍA DE LA CARIDAD EN LA VERDAD, LA GLOBALIZACIÓN PUEDE CONTRIBUIR A CREAR RIESGO DE DAÑOS HASTA AHORA DESCONOCIDOS Y NUEVAS DIVISIONES EN LA FAMILIA HUMANA.     

                                                                                                        CÁRITAS

Nuestro tiempo está marcado por el complejo fenómeno de la globalización a través de un proceso de creciente integración de las economías.

Ciertamente la globalización alimenta nuevas esperanzas pero origina también grandes interrogantes.
Puede producir efectos potencialmente beneficiosos para toda la humanidad a través de la integración, PERO PUEDE POTENCIAR TAMBIÉN EL AUMENTO DE LAS DESIGUALDADES.

En este sentido nos advierte Caritas in veritate que “la novedad principal ha sido el estallido de la interdependencia planetaria, ya comúnmente llamada globalización.

 Pablo VI lo había previsto parcialmente, pero es sorprendente el alcance y la impetuosidad de su auge. Surgido en los países económicamente desarrollados, este proceso ha implicado por su naturaleza a todas las economías.

Ha sido el motor principal para que regiones enteras superaran el subdesarrollo y es, de por sí, una gran oportunidad. Sin embargo, SIN LA GUÍA DE LA CARIDAD EN LA VERDAD, ESTE IMPULSO PLANETARIO PUEDE CONTRIBUIR A CREAR RIESGO DE DAÑOS HASTA AHORA DESCONOCIDOS Y NUEVAS DIVISIONES EN LA FAMILIA HUMANA.  

Por eso, la caridad y la verdad nos plantean un compromiso inédito y creativo, ciertamente muy vasto y complejo.

Se trata de ensanchar la razón y hacerla capaz de conocer y orientar estas nuevas e imponentes dinámicas, ANIMÁNDOLAS EN LA PERSPECTIVA DE ESA «CIVILIZACIÓN DEL AMOR», DE LA CUAL DIOS HA PUESTO LA SEMILLA EN CADA PUEBLO Y EN CADA CULTURA”.

El crecimiento del bien común exige APROVECHAR LAS NUEVAS OCASIONES DE REDISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA ENTRE LAS DIVERSAS ÁREAS DEL PLANETA A FAVOR DE LAS MÁS NECESITADAS, HASTA AHORA EXCLUIDAS O MARGINADAS DEL PROCESO SOCIAL Y ECONÓMICO:

“En definitiva, el desafío consiste en:

ü Asegurar una globalización en la solidaridad,
ü Una globalización sin dejar a nadie al margen”.

Caritas in veritate nos advierte que “se ha de subrayar que no basta progresar sólo desde el punto de vista económico y tecnológico.

El desarrollo necesita ser, ante todo, AUTÉNTICO E INTEGRAL.

El salir del atraso económico, algo en sí mismo positivo, NO SOLUCIONA LA PROBLEMÁTICA COMPLEJA DE LA PROMOCIÓN DEL HOMBRE, NI EN LOS PAÍSES PROTAGONISTAS DE ESTOS ADELANTOS, NI EN LOS PAÍSES ECONÓMICAMENTE YA DESARROLLADOS, NI EN LOS QUE TODAVÍA SON POBRES, LOS CUALES PUEDEN SUFRIR, ADEMÁS DE ANTIGUAS FORMAS DE EXPLOTACIÓN, LAS CONSECUENCIAS NEGATIVAS QUE SE DERIVAN DE UN CRECIMIENTO MARCADO POR DESVIACIONES Y DESEQUILIBRIOS”.

 A veces se perciben actitudes fatalistas ante la globalización, como si las dinámicas que la producen procedieran de fuerzas anónimas e impersonales o de estructuras independientes de la voluntad humana.

 A este respecto, es bueno recordar que la globalización ha de entenderse ciertamente como un proceso socioeconómico, pero no es ésta su única dimensión.
Tras este proceso más visible hay realmente una humanidad cada vez más interrelacionada; hay personas y pueblos para los que el proceso debe ser de utilidad y desarrollo, gracias a que tanto los individuos como la colectividad asumen sus respectivas responsabilidades.

La superación de las fronteras NO ES SÓLO UN HECHO MATERIAL, SINO TAMBIÉN CULTURAL, EN SUS CAUSAS Y EN SUS EFECTOS.

 A pesar de algunos aspectos estructurales innegables, pero que no se deben absolutizar, «la globalización no es, a priori, ni buena ni mala. Será lo que la gente haga de ella».
Debemos ser sus protagonistas, no las víctimas, procediendo razonablemente, guiados por la caridad y la verdad.
Oponerse ciegamente a la globalización sería una actitud errónea que acabaría por ignorar un proceso que tiene también aspectos positivos, arriesgándose a desaprovechar las múltiples oportunidades de desarrollo que ofrece.
El proceso de globalización, adecuadamente entendido y gestionado, ofrece la posibilidad de una gran redistribución de la riqueza a escala planetaria como nunca se ha visto antes; PERO, SI SE GESTIONA MAL, PUEDE INCREMENTAR LA POBREZA Y LA DESIGUALDAD, CONTAGIANDO ADEMÁS CON UNA CRISIS A TODO EL MUNDO.

Es necesario corregir las disfunciones, a veces graves, que causan nuevas divisiones entre los pueblos y en su interior, DE MODO QUE LA REDISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA NO COMPORTE UNA REDISTRIBUCIÓN DE LA POBREZA, E INCLUSO LA ACENTÚE, COMO PODRÍA HACERNOS TEMER TAMBIÉN UNA MALA GESTIÓN DE LA SITUACIÓN ACTUAL.

LA ECONOMÍA Y LAS EMPRESA  

En la encíclica de Benedicto XVI se recogen las últimas novedades sobre la gestión empresarial responsable:

“Las actuales dinámicas económicas internacionales, caracterizadas por graves distorsiones y disfunciones, requieren también cambios profundos en el modo de entender la empresa.
Antiguas modalidades de la vida empresarial van desapareciendo, mientras otras más prometedoras se perfilan en el horizonte.
Uno de los mayores riesgos es, sin duda, QUE LA EMPRESA RESPONDA CASI EXCLUSIVAMENTE A LAS EXPECTATIVAS DE LOS INVERSORES EN DETRIMENTO DE SU DIMENSIÓN SOCIAL.

Debido a su continuo crecimiento y a la necesidad de mayores capitales, cada vez son menos las empresas que dependen de un único empresario estable que se sienta responsable a largo plazo, y no sólo por poco tiempo, de la vida y los resultados de su empresa, y cada vez son menos las empresas que dependen de un único territorio.
 Además, la llamada deslocalización de la actividad productiva puede atenuar en el empresario el sentido de responsabilidad respecto a los interesados, como los trabajadores, los proveedores, los consumidores, así como al medio ambiente y a la sociedad más amplia que lo rodea, en favor de los accionistas, que no están sujetos a un espacio concreto y gozan por tanto de una extraordinaria movilidad.

El mercado internacional de los capitales, en efecto, ofrece hoy una gran libertad de acción. Sin embargo, también es verdad QUE SE ESTÁ EXTENDIENDO LA CONCIENCIA DE LA NECESIDAD DE UNA «RESPONSABILIDAD SOCIAL» MÁS AMPLIA DE LA EMPRESA.
Aunque no todos los planteamientos éticos que guían hoy el debate sobre la responsabilidad social de la empresa son aceptables según la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia, es cierto que se va difundiendo cada vez más la convicción según la cual LA GESTIÓN DE LA EMPRESA NO PUEDE TENER EN CUENTA ÚNICAMENTE EL INTERÉS DE SUS PROPIETARIOS, SINO TAMBIÉN EL DE TODOS LOS OTROS SUJETOS QUE CONTRIBUYEN A LA VIDA DE LA EMPRESA: TRABAJADORES, CLIENTES, PROVEEDORES DE LOS DIVERSOS ELEMENTOS DE PRODUCCIÓN, LA COMUNIDAD DE REFERENCIA.

En los últimos años se ha notado el crecimiento de una clase cosmopolita de manager, que a menudo responde SÓLO A LAS PRETENSIONES DE LOS NUEVOS ACCIONISTAS DE REFERENCIA COMPUESTOS GENERALMENTE POR FONDOS ANÓNIMOS QUE ESTABLECEN SU RETRIBUCIÓN.
Pero también hay muchos managers hoy que, con un análisis más previsor, se percatan cada vez más de los profundos lazos de su empresa con el territorio o territorios en que desarrolla su actividad.
Pablo VI invitaba a valorar seriamente EL DAÑO QUE LA TRASFERENCIA DE CAPITALES AL EXTRANJERO, POR PURO PROVECHO PERSONAL, PUEDE OCASIONAR A LA PROPIA NACIÓN.

Juan Pablo II advertía que invertir tiene siempre un significado moral, además de económico. Se ha de reiterar que todo esto mantiene su validez en nuestros días a pesar de que el mercado de capitales haya sido fuertemente liberalizado y la moderna mentalidad tecnológica pueda inducir a pensar QUE INVERTIR ES SÓLO UN HECHO TÉCNICO Y NO HUMANO NI ÉTICO”.

 Caritas in veritate, . El pueblo de Israel, en la fase inicial de su historia, no tiene rey como los otros pueblos, porque reconoce solamente el Señorío de Yahvé. Samuel, a quien el pueblo reclama un rey, advierte de las consecuencias de un ejercicio despótico de la realeza (Cf. 1Sam 8,11-18). El poder real, sin embargo, también se puede experimentar como un don de Dios que viene en auxilio de su pueblo (Cf. 1Sam 9,16). El prototipo de rey elegido por Yahvé es David, cuya condición humilde es subrayada por la narración bíblica (Cf. 1Sam 16,1-13). El fracaso de la realeza en el plano histórico no llevará a la desaparición del ideal de un rey que, fiel a Dios, gobierne con sabiduría y realice la justicia.

Jesús rechaza el poder opresivo y despótico de los jefes sobre las naciones (Cf. Mc 10,42) y su pretensión de hacerse llamar benefactores (Cf. Lc 22,25), pero jamás rechaza directamente las autoridades de su tiempo.
Jesús, el Mesías prometido, ha combatido y derrotado la tentación de un mesianismo político, caracterizado por el dominio sobre las naciones (Cf. Mt 4,8-11; Lc 4,5-8). ÉL ES EL QUE HA VENIDO “A SERVIR Y A DAR SU VIDA” (Mc 10,45).

A los discípulos que discuten sobre quién es el más grande, el Señor les enseña a hacerse los últimos y a servir a todos (Cf. Mc 9,33-35). 59.

El señorío de Cristo, que es el Reino de Dios, entró en la historia de los hombres mediante el ocultamiento de Jesucristo, que se despojó de su rango, asumió la condición de esclavo, pasó por uno de tantos y se rebajó incluso hasta la muerte de cruz (Cf. Fil 2,7-8).
Jesucristo, como Mesías, ejerce, aún antes de su venida gloriosa, su señorío en el mundo, pero, mientras duran las circunstancias históricas, lo ejerce en el ocultamiento y bajo el signo de la contradicción y de la cruz.

Jesucristo ejerce principalmente su soberanía a través de la Iglesia y de los cristianos en ella, que viven y actúan desde la fe y desde la libertad regia de los hijos de Dios, FRENTE A LAS ESCLAVITUDES DE UNA CREACIÓN SOMETIDA A LA CORRUPCIÓN DEL PECADO; consiguientemente, trabajan al servicio de los pobres y a favor de la justicia, en orden a preparar la llegada del Reino de Dios en su plenitud148.

“El plazo se ha cumplido. El Reino de Dios está llegando. CONVIÉRTANSE Y CREAN EN EL EVANGELIO (Mc1,15).

La voz del Señor NOS SIGUE LLAMANDO COMO DISCÍPULOS MISIONEROS Y NOS INTERPELA A ORIENTAR TODA NUESTRA VIDA DESDE LA REALIDAD TRANSFORMADORA DEL REINO DE DIOS que se hace presente en Jesús.

Acogemos con mucha alegría esta buena noticia. Dios es amor, es Padre de todos los hombres y mujeres de todos los pueblos y razas.
Jesucristo es el Reino de Dios que procura desplegar toda su fuerza transformadora en nuestra Iglesia y en nuestras sociedades.
En Él, Dios nos ha elegido para que seamos sus hijos CON EL MISMO ORIGEN Y DESTINO, CON LA MISMA DIGNIDAD, CON LOS MISMOS DERECHOS Y DEBERES VIVIDOS EN EL MANDAMIENTO SUPREMO DEL AMOR.

El Espíritu ha puesto este germen del Reino en nuestro Bautismo y lo hace crecer mediante la conversión permanente gracias a la Palabra y a los sacramentos”.

Comunidad política, persona humana y pueblo.
La persona es el fundamento y el fi n de la convivencia política.
El hombre es una criatura social y política por naturaleza; de ahí que la comunidad política derive de la naturaleza misma de las personas.
La comunidad política encuentra en la referencia al pueblo su auténtica dimensión: ella “es, y debe ser  en realidad, la unidad orgánica y organizadora de un verdadero pueblo”.

EL PUEBLO, NO OBSTANTE, NO ES UNA MULTITUD AMORFA, UNA MASA INERTE PARA MANIPULAR E INSTRUMENTALIZAR, SINO UN CONJUNTO DE PERSONAS, CADA UNA DE LAS CUALES TIENE LA POSIBILIDAD DE FORMAR SU OPINIÓN ACERCA DE LA COSA PÚBLICA Y LA LIBERTAD DE EXPRESAR SU SENSIBILIDAD POLÍTICA Y HACERLA VALER DE MANERA CONVENIENTE AL BIEN COMÚN.

“La comunidad política tiende al bien común cuando actúa a favor de la creación de un ambiente humano en el que se ofrezca a los ciudadanos la posibilidad del ejercicio real de los derechos humanos y del cumplimiento pleno de los respectivos deberes:

De hecho, la experiencia enseña que, cuando falta una acción apropiada de los poderes públicos en lo económico, lo político o lo cultural, se produce entre los ciudadanos, sobre todo en nuestra época, un mayor número de desigualdades en sectores cada vez más amplios, resultando así que los derechos y deberes de la persona humana carecen de toda eficacia práctica.

La plena realización del bien común requiere que la comunidad política desarrolle, en el ámbito de los derechos humanos, una doble y complementaria acción, de defensa y de promoción:


Debe evitar, por un lado, que la preferencia dada a los derechos de algunos particulares o de determinados grupos venga a ser origen de una posición de privilegio en la nación, y soslayar, por otro, el peligro de que, por defender los derechos de todos, incurran en la absurda posición de impedir el pleno desarrollo de los derechos de cada uno” 

lunes, 5 de junio de 2017

LOS GOBERNANTES QUE NO PERMITEN A LOS TRABAJADORES ALCANZAR NIVELES SATISFACTORIOS DE OCUPACIÓN, ESTOS NO CONSEGUIRAN SU LEGITIMACIÓN ÉTICA NI LA JUSTA PAZ SOCIAL”.

LOS GOBERNANTES QUE NO PERMITEN A LOS TRABAJADORES ALCANZAR NIVELES SATISFACTORIOS DE OCUPACIÓN, ESTOS NO   CONSEGUIRÁN SU LEGITIMACIÓN ÉTICA NI LA JUSTA PAZ SOCIAL”.

Cáritas
EL TRABAJO HUMANO.

El trabajo pertenece a la condición originaria del hombre y precede a su caída; no es, por ello, ni un castigo ni una maldición.

El trabajo debe ser honrado porque es fuente de riqueza o, al menos, de condiciones para una vida decorosa, e instrumento eficaz contra la pobreza (Cf. Prov 10,4). No debemos caer en la tentación de idolatrar el trabajo, porque en ÉL NO SE PUEDE ENCONTRAR EL SENTIDO ÚLTIMO Y DEFINITIVO DE LA VIDA; EL TRABAJO ES ESENCIAL, PERO ES DIOS, NO EL TRABAJO, LA FUENTE DE LA VIDA Y EL FIN DEL HOMBRE.

En el trabajo humano resplandece la belleza de la creación. “Jesús, el carpintero (cf. Mc 6, 3), dignificó el trabajo y al trabajador, y recuerda que el trabajo no es un mero apéndice de la vida, sino que «CONSTITUYE UNA DIMENSIÓN FUNDAMENTAL DE LA EXISTENCIA DEL HOMBRE EN LA TIERRA», POR LA CUAL EL HOMBRE Y LA MUJER SE REALIZAN A SÍ MISMOS COMO SERES HUMANOS.

EL TRABAJO GARANTIZA LA DIGNIDAD Y LA LIBERTAD DEL HOMBRE; ES PROBABLEMENTE LA CLAVE ESENCIAL DE TODA LA CUESTIÓN SOCIAL”131. 49.

El trabajo humano procede de la persona y está esencialmente ordenado y finalizado a ella.

El trabajo debe estar orientado hacia el sujeto que lo realiza, PORQUE LA FINALIDAD DEL TRABAJO, DE CUALQUIER TRABAJO, ES SIEMPRE EL HOMBRE.

Gracias a ello es posible la afirmación DE QUE EL TRABAJO ES PARA EL HOMBRE Y NO EL HOMBRE PARA EL TRABAJO, Y QUE LA FINALIDAD DEL TRABAJO, DE CUALQUIER TRABAJO REALIZADO POR EL HOMBRE, SIGUE SIENDO SIEMPRE EL HOMBRE MISMO.

El trabajo es “una obligación, es decir, un deber”, Y ES TAMBIÉN UN DERECHO FUNDAMENTAL Y UN BIEN PARA EL HOMBRE.

La Iglesia ha enseñado el valor del trabajo por su carácter de necesidad.
Efectivamente, el trabajo es necesario para formar y mantener una familia, para adquirir el derecho a la propiedad y contribuir al bien común de la familia humana.

 “EL TRABAJO ES UN BIEN DE TODOS, QUE DEBE ESTAR DISPONIBLE PARA TODOS AQUELLOS CAPACES DE ÉL. LA PLENA OCUPACIÓN ES, POR TANTO, UN OBJETIVO OBLIGADO PARA TODO ORDENAMIENTO ECONÓMICO ORIENTADO A LA JUSTICIA Y AL BIEN COMÚN.

Una sociedad donde el derecho al trabajo sea anulado o sistemáticamente negado y donde las medidas de política económica no permitan a los trabajadores alcanzar niveles satisfactorios de ocupación, NO PUEDE CONSEGUIR SU LEGITIMACIÓN ÉTICA NI LA JUSTA PAZ SOCIAL”.

 EL DESEMPLEO, LA INJUSTA REMUNERACIÓN DEL TRABAJO Y EL VIVIR SIN QUERER TRABAJAR SON CONTRARIOS AL DESIGNIO DE DIOS.

El discípulo y misionero, respondiendo a este designio, PROMUEVE LA DIGNIDAD DEL TRABAJADOR Y DEL TRABAJO, EL JUSTO RECONOCIMIENTO DE SUS DERECHOS Y DE SUS DEBERES, DESARROLLA LA CULTURA DEL TRABAJO Y DENUNCIA TODA INJUSTICIA.

EL HOMBRE, LA POBREZA Y LA RIQUEZA  

En el Antiguo Testamento se encuentra una doble postura frente a los bienes económicos y la riqueza. Por una parte, hay aprecio a la disponibilidad de bienes materiales considerados necesarios para la vida, vistos como una bendición de Dios.
Por otra parte, LOS BIENES ECONÓMICOS NO SON CONDENADOS EN SÍ MISMOS SINO POR SU MAL USO; así, por ejemplo, la tradición profética DENUNCIA LA ESTAFA, LA USURA, LA EXPLOTACIÓN, LAS INJUSTICIAS, LA OPRESIÓN A LOS POBRES, ETC. (Cf. Is 58,3 -11; Jer 7,4-7; Os 4,1-2; Am 2,6-7; Miq 2,1-2)

Jesús asume toda la tradición del Antiguo Testamento sobre los bienes económicos, la riqueza y la pobreza, confi riéndole una definitiva claridad y plenitud (Cf. Mt 6,24; 13,22; Lc 6,20-24; 12,15-21; Rom 14,6-8; 1Tim 4,4).

Los bienes, aun cuando son poseídos legítimamente, CONSERVAN SIEMPRE UN DESTINO UNIVERSAL.

Toda forma de acumulación indebida es inmoral, precisamente porque se halla EN ABIERTA CONTRADICCIÓN CON EL DESTINO UNIVERSAL QUE DIOS CREADOR ASIGNÓ A TODOS LOS BIENES.

La utilización del propio poder adquisitivo DEBE EJERCITARSE EN EL CONTEXTO DE LAS EXIGENCIAS MORALES DE LA JUSTICIA Y DE LA SOLIDARIDAD, Y DE RESPONSABILIDADES SOCIALES PRECISAS:


NO SE PUEDE OLVIDAR “EL DEBER DE LA CARIDAD, ESTO ES, EL DEBER DE AYUDAR CON LO PROPIO «SUPERFLUO» Y, A VECES, INCLUSO CON LO PROPIO «NECESARIO», PARA DAR AL POBRE LO INDISPENSABLE PARA VIVIR”.

domingo, 4 de junio de 2017

¿SABES QUE EL ESPÍRITU SANTO NOS PUEDE CAMBIAR PARA VIVIR EL EVANGELIO DE UNA FORMA QUE NO SOMOS CAPACES NI DE IMAGINAR?

¿SABES QUE EL ESPÍRITU SANTO NOS PUEDE CAMBIAR PARA VIVIR EL EVANGELIO DE UNA FORMA QUE NO SOMOS CAPACES NI DE IMAGINAR?
Homilía del Domingo de Pentecostés (Hechos 2, 1-11 / Juan 20, 19-23)
P. Carlos Cardó, SJ
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"Ese mismo día, el primero después del sábado, los discípulos estaban reunidos por la tarde, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
Llegó Jesús, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: «¡LA PAZ ESTÉ CON USTEDES!»

Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor.
Jesús les volvió a decir: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envío a mí, así los envío yo también.»
Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «RECIBAN EL ESPÍRITU SANTO: A QUIENES DESCARGUEN DE SUS PECADOS, SERÁN LIBERADOS, Y A QUIENES SE LOS RETENGAN, LES SERÁN RETENIDOS.»" 

Cincuenta días después de la Pascua, la Iglesia celebra la fiesta de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo, LA “INAUGURACIÓN” DE LA IGLESIA.

El texto de los Hechos de los Apóstoles (2, 1-11) nos explica lo que ocurrió en la comunidad de los discípulos del Señor después de su Resurrección.

Con elementos simbólicos de resonancia cósmica, se describe la irrupción del Espíritu Santo en la Iglesia, EL COMIENZO DE LA PREDICACIÓN DEL EVANGELIO Y EL COMIENZO DE LA ETAPA DEFINITIVA EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN.

El Espíritu impulsa a la Iglesia más allá de la estrecha Judea y de toda frontera geográfica o cultural, hasta abarcar el mundo.
ESPÍRITU DE UNIDAD Y DE AMOR, hace a los apóstoles eficaces mensajeros del evangelio de modo que todos lo entienden en su propia lengua.
Por su parte, el evangelio de Juan (20, 19-23) nos hacer ver el cambio que se produjo en la comunidad de los discípulos por el encuentro con Jesús resucitado.
Después que murió en la cruz, el grupo de sus seguidores se disolvió, muchos huyeron y los pocos que quedaron, los Once, volvieron a reunirse pero a puertas cerradas por miedo a los judíos.

El Resucitado SE LES HACE PRESENTE Y ALEJA DE ELLOS EL MIEDO Y LA DECEPCIÓN, DEVOLVIÉNDOLES LA ALEGRÍA Y LA CONFIANZA.
LA PAZ, LA ALEGRÍA Y EL PERDÓN son las notas características del encuentro con el Resucitado.
Al evocar la experiencia de los primeros cristianos, que se hacían entender por todos porque hablaban más sus obras y el ejemplo de sus vidas que las palabras, SE NOS INVITA A SEGUIR HACIENDO CREÍBLE EL EVANGELIO CON LO QUE SOMOS Y CON LO QUE HACEMOS, CON NUESTRA UNIÓN Y SOLIDARIDAD, DE MODO QUE TODOS PUEDAN ENTENDERNOS.

NECESITAMOS UN NUEVO PENTECOSTÉS, UNA NUEVA EXPERIENCIA DE REENCUENTRO CON JESÚS, QUE NOS DEVUELVA EL ENTUSIASMO PROPIO DE LA FE Y DEL COMPROMISO CRISTIANO.

Cristo sigue viviente en su Iglesia de manera personal y efectiva por medio del Espíritu que envía sobre los apóstoles Y QUE RECIBIMOS EN EL BAUTISMO.

Cristo no nos ha dejado solos, vuelve a nosotros, y por su Espíritu ESTABLECE UNA COMUNIÓN DE AMOR ENTRE EL PADRE Y TODOS NOSOTROS Y ÉL MISMO.

La comunidad de los apóstoles y de los primeros cristianos quedó transformada por la venida del Espíritu Santo.

También nosotros podemos creer en nuestra propia transformación.

EL ESPÍRITU DEL SEÑOR NOS HACE CAPACES DE LA CONSTANTE RENOVACIÓN, CAMBIA NUESTRA MANERA DE PENSAR, NOS DA DISPONIBILIDAD PARA LO QUE EL SEÑOR NOS QUIERA PEDIR, NOS DISPONE A ENCONTRARNOS Y COMPRENDERNOS POR ENCIMA DE LAS DIFERENCIAS.

El Espíritu Santo no es un concepto, ni una fórmula, SINO EL MISMO SER DIVINO QUE HA DADO LA EXISTENCIA A TODO CUANTO EXISTE Y CONDUCE LA HISTORIA HUMANA A SU PLENITUD.

Nosotros lo reconocemos en la fuerza interior que dinamiza al mundo, que no cesa de impulsar para que todo crezca y se multiplique la vida, que alienta todo el despliegue histórico en la justicia y la paz.
La Biblia nos habla de Él como la Fuerza Divina que hizo a tantos hombres y mujeres capaces de llevar vidas extraordinarias y hacer obras asombrosas por el bien de su pueblo. También hoy puede hacerlo; SU ACCIÓN EN NOSOTROS NOS PUEDE CAMBIAR PARA VIVIR EL EVANGELIO DE UNA FORMA QUE NO SOMOS CAPACES NI DE IMAGINAR.
Pero debemos pedir que descienda sobre nosotros  (Is 11, 2) y estar dispuestos a recibir de él aquellos dones que concedió a tantos de sus elegidos: DON DE SABIDURÍA E INTELIGENCIA, DE CONSEJO Y FORTALEZA, DE CONOCIMIENTO Y AMOR DE DIOS. ÉL NOS HARÁ CAPACES DE DISTINGUIR LOS CAMINOS DEL SEÑOR EN NUESTRAS VIDAS (Ef 1,17; Col 1, 9) Y SABER DISCERNIR SUS BUENAS INSPIRACIONES Y LAS QUE SE LE OPONEN, A FIN DE PODER ACERTAR EN NUESTRAS DECISIONES Y PROYECTOS.
Debemos dejar que surja de nuestro interior aquel gemido inefable con que el mismo Espíritu, como dice San Pablo, ora e intercede por nosotros desde el fondo de nuestro ser (Rom 8, 23-24) para que sintamos realmente a Dios como Abbá, Padre, libres de temor y de cualquier oscuro interés.

ES ESPÍRITU DE HIJOS, NO DE ESCLAVOS, QUE NOS HACE OBRAR POR AMOR, NO POR TEMOR NI POR LA OBLIGACIÓN DE LA LEY Y QUE, RESPETANDO NUESTRA LIBERTAD, NO DEJA DE IMPULSARNOS A CUMPLIR CON MÍSTICA Y PASIÓN NUESTRO COMPROMISO POR LA JUSTICIA, CUYO FRUTO ES LA PAZ SOCIAL.

El Espíritu todo lo penetra (Jl 3,1-5), todo lo inspira y todo lo enseña.

Él nos hace capaces de mantener aquello que podemos pensar que está por encima de nuestras fuerzas y de nuestra capacidad de resistencia: UNA CONDUCTA INTACHABLE REGIDA POR VALORES CONSISTENTES, Y SOSTENIDA POR EL DESEO DE EN TODO AMAR Y SERVIR, COMO EL SENTIDO DE NUESTRA VIDA.

Él, Espíritu de Jesús, puede hacer en nosotros el milagro de transformación que operó en los apóstoles, discípulos y discípulas de Jesús e hizo de ellos las columnas de la Iglesia que dieron con la ofrenda de sus vidas el supremo testimonio de su amor (1 Cor 2,12; Jn 16,12) a Cristo y a sus hermanos.
 “Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles
Y ENCIENDE EN ELLOS EL FUEGO DE TU AMOR”.