|
Una de las enseñanzas fundamentales de la carta apostólica Novo millennio ineunte y de la recentísima Rosarium Virginis Mariae, atañe al íntimo e inseparable vínculo entre Jesucristo y su Cuerpo místico, que es la Iglesia, mediante el cual él prosigue, a lo largo de los siglos, su misión de salvación entre los hombres que se suceden en el tiempo.
Sin duda, se trata de un tema que, por su
importancia teológica y su actualidad pastoral, merece algunas reflexiones.
EL HOMBRE DE HOY NECESITA VER EL ROSTRO DE CRISTO La persona humana es "LA ÚNICA CRIATURA EN LA TIERRA A LA QUE DIOS HA AMADO POR SÍ MISMA" (Gaudium et spes, 24).
"Desde su concepción está destinada a
la bienaventuranza eterna" (Catecismo de la Iglesia católica, n. 1703), que alcanzará su
culmen en la vida futura.
En definitiva, lo que Dios ha querido con la
creación del hombre es QUE LLEGUE A SU
PLENITUD (cf. E. Colom A. Rodríguez Luño, Scelti in Cristo per essere santi. Elementi di teologia morale
fondamentale, Roma 1999, pp. 66-67).
ALCANZARLA
ES EL FIN ÚLTIMO Y EL PRINCIPIO UNIFICADOR DE TODA LA EXISTENCIA HUMANA.
Lo explica san Agustín con una expresión que se
ha hecho célebre: "Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón
está inquieto hasta que descanse en ti" (Confesiones, I, 1).
Esta aspiración al bien absoluto "es considerada y vivida por el cristiano como aspiración a la santidad, ENTENDIDA COMO PLENITUD DE LA FILIACIÓN DIVINA, QUE EN LA TIERRA SE REALIZA MEDIANTE EL SEGUIMIENTO Y LA IMITACIÓN DE CRISTO" (E. Colom A. Rodríguez Luño, o.c., p. 55).
San Pablo es muy claro a este respecto:
Dios Padre "nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo,
PARA QUE FUÉSEMOS SANTOS E
IRREPROCHABLES ANTE ÉL POR EL AMOR" (Ef 1, 4-5). Esta es la vocación fundamental del hombre,
de todo hombre.
Por consiguiente, SÓLO EN CRISTO EL HOMBRE PUEDE REALIZAR SU ALTÍSIMA VOCACIÓN Y CUMPLIR ASÍ SUS ASPIRACIONES MÁS ÍNTIMAS, ENCONTRANDO UNA RESPUESTA ADECUADA A LOS NUMEROSOS INTERROGANTES QUE SURGEN EN SU CORAZÓN. Precisamente por eso, el hombre, y especialmente el de hoy, quiere ver a Cristo: "Queremos ver a Jesús" (Jn 12, 21).
En la carta apostólica Novo millennio ineunte, después de
recordar esta petición, hecha al apóstol Felipe por unos griegos que habían
acudido a Jerusalén para la peregrinación pascual, el Papa subraya que
"los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre conscientemente, piden
a los creyentes de hoy no sólo "hablar" de Cristo, sino en cierto
modo HACÉRSELO "VER" (n. 16).
En efecto, sin Él, y sin la plena conciencia de
su vocación originaria, LA VIDA DEL
HOMBRE EN LA TIERRA CARECE DE PUNTOS DE REFERENCIA, TODO SE OSCURECE Y
RESULTA INEXPLICABLE.
Para todos los tiempos valen las palabras de san
Pedro: "Señor, ¿a quién iremos? TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA ETERNA" (Jn 6, 68), TÚ
TIENES PALABRAS DE AMOR.
En realidad, "EL HOMBRE NO PUEDE VIVIR SIN AMOR.
Permanece para sí mismo un ser incomprensible, SU VIDA ESTÁ PRIVADA DE SENTIDO SI NO SE
LE REVELA EL AMOR, SI NO SE ENCUENTRA CON EL AMOR (...).
El hombre QUE
QUIERE COMPRENDERSE HASTA EL FONDO A SÍ MISMO (...) DEBE ACERCARSE A
CRISTO" (Redemptor hominis, 10), VER SU ROSTRO AMOROSO.
EL ROSTRO DE CRISTO EN EL ROSTRO DE LA IGLESIA 1. La constitución conciliar Lumen gentium comienza con dos afirmaciones fundamentales: "Cristo es la luz de los pueblos. Por eso este sacrosanto Concilio, reunido en el Espíritu Santo, desea vehementemente iluminar a todos los hombres con la luz de Cristo, que resplandece sobre el rostro de la Iglesia, anunciando el Evangelio a todas las criaturas" (n. 1).
Y el documento del Concilio prosigue poniendo de
relieve el carácter sacramental de la Iglesia: "Es en Cristo como
un sacramento o
signo e instrumento de la unión íntima con Dios que une todo el género humano" (ib.).
En el capítulo sobre el pueblo de Dios, el texto
vuelve a repetir el mismo concepto: "Dios (...) fundó la Iglesia
para que sea para todos y cada uno el sacramento visible de esta unidad que nos salva" (n.
9).
Henry de Lubac expresa de forma muy precisa esta realidad sacramental de la Iglesia diciendo que "si Cristo es el sacramento de Dios, la Iglesia es para nosotros símbolo de Cristo" (Cattolicesimo, Gli aspetti sociali del dogma, Roma 1948, p. 52).
La perspectiva sacramental es, sin duda, la
perspectiva teológica que permite comprender mejor no sólo el misterio
cristológico, sino también el eclesiológico.
En efecto, afirmar que la Iglesia es sacramento
de Cristo quiere DECIR QUE TIENE COMO ÚNICO
FIN HACER PRESENTE Y REVELAR A TODO HOMBRE EL ROSTRO DE CRISTO,
"REFLEJAR LA LUZ DE CRISTO EN CADA ÉPOCA DE LA HISTORIA Y HACER QUE SU
ROSTRO RESPLANDEZCA TAMBIÉN ANTE LAS GENERACIONES DEL NUEVO MILENIO"
(Novo millennio ineunte, 16), es decir, SER "EPIFANÍA (festividad) PERENNE" DEL HOMBRE-DIOS, "EL SER DIVINO Y HUMANO AL MISMO
TIEMPO, EN EL QUE LO HUMANO ES INSTRUMENTO Y MANIFESTACIÓN DE LO
DIVINO" (J.A. Möhler, Symbolik, 36, 6, Munich 1985, p. 333).
2. ¿De qué modo la Iglesia hace presente a Cristo y revela su rostro?
¿Qué debemos responder a los hombres que, como
los Magos que llegaron de
Oriente a Jerusalén para adorar a Jesús,
preguntan también: "¿Dónde está el rey de los judíos que ha
nacido?" (Mt 2, 2).
La Iglesia cumple la misión de hacerlo presente mediante el ejercicio de su triple munus docendi, sanctificandi et regendi. En el munus docendi HACE PRESENTE EL ROSTRO DE CRISTO MAESTRO, EN CUANTO QUE ÉL ESTÁ PRESENTE EN SU PALABRA LEÍDA IN ECCLESIA ET AB ECCLESIA E INTERPRETADA POR EL MAGISTERIO (cf.Dei Verbum, 10; Lumen gentium, 24-25; Sacrosanctum Concilium, 7).
La autoridad del magisterio se ejerce en el
nombre de Jesús y está al servicio de la palabra de Dios, nunca por encima de
ella (cf. Dei Verbum, 10).
ES CRISTO
QUIEN HABLA A TRAVÉS DE LA IGLESIA.
En el munus
sanctificandi la Iglesia hace presente y revela el rostro de
Cristo sacerdote.
Basta recordar un texto de la constitución Sacrosanctum Concilium: "Cristo
está siempre presente en su Iglesia, principalmente en los actos litúrgicos.
Está presente en el sacrificio de la misa, no
sólo en la persona del ministro, (...) sino también, sobre todo, bajo las
especies eucarísticas.
Está presente con su virtud en los sacramentos,
de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza" (n. 7).
Y, por último, en el ejercicio del munus regendi, la Iglesia hace presente el rostro de Cristo rey (cf. Lumen gentium, 21 y 27.Ver G. Philips, L'Église et son mystère au II Concile du Vatican T. I, ed.Desclée, París 1967, pp. 248-252 y 349-354.
Sobre la relatividad y falibilidad de las medidas
concretas en el gobierno de la Iglesia, véase la reflexión de Ch.
Journet, Il carattere teandrico
della Chiesa, en G. Baraúna, "La Chiesa del
Vaticano II", ed. Vallecchi, Florencia 1965, pp.
359-360).
Este es, tal vez, el aspecto en el que el
elemento humano aparece de forma más evidente, pero tratar de disminuir su
importancia y relegarlo a un segundo plano significaría prácticamente un
rechazo de la lex incarnationis.
Por este motivo, la constitución Lumen
gentium recuerda que LOS
OBISPOS GOBIERNAN LAS IGLESIAS ENCOMENDADAS A ELLOS COMO VICARIOS DE CRISTO Y
EN SU NOMBRE (cf. n. 27).
En definitiva, LA IGLESIA ESTÁ LLAMADA A REFLEJAR EN SU ROSTRO EL ROSTRO DE CRISTO MAESTRO Y PROFETA, SACERDOTE Y REY, PARA QUE SE PUEDA DECIR DE ELLA, CON RESPECTO A CRISTO, LO QUE CRISTO DICE DE SÍ MISMO CON RESPECTO AL PADRE: "QUIEN ME VE, VE AL PADRE" (Flp 14, 9).
SER
REFLEJO DE CRISTO Y DE SU ROSTRO ES SU MISIÓN FUNDAMENTAL.
LOS
HOMBRES TIENEN EL DERECHO INALIENABLE DE PODER VER EN EL ROSTRO DE LA IGLESIA
EL ROSTRO DE SU SEÑOR, PARA QUE, EN ELLA Y POR ELLA, PUEDAN VERLO Y
CONTEMPLARLO.
A este respecto conviene hacer una precisión. La Iglesia, a la que se le ha encomendado la sublime misión de hacer presente y revelar el rostro de Cristo a los hombres, no sólo está constituida por sus estructuras, SINO TAMBIÉN POR TODOS LOS MIEMBROS DEL PUEBLO DE DIOS.
CON LA
ENCARNACIÓN, ÉL SE HA UNIDO EN CIERTO MODO A TODO HOMBRE (cf. Gaudium et spes, 22), pero está
presente, de una manera muy particular, en cada uno de los fieles.
UNA
PRESENCIA TAN ÍNTIMA Y PROFUNDA, QUE SE PODRÍA DEFINIRSE IDENTIFICACANDONOS
CON ÉL.
Lo expresa san Agustín con su fuerza acostumbrada: "Alegrémonos, por tanto, y demos gracias a Dios: no sólo hemos llegado a ser cristianos, sino que hemos llegado a ser Cristo mismo. ¿Lo comprendéis, hermanos? ¿Sois conscientes de la gracia que Dios ha derramado sobre vosotros? Asombraos y alegraos: ¡hemos llegado a ser Cristo!
Si Cristo es la cabeza y nosotros los miembros,
el hombre total es él y nosotros" (In Johannis evangelium tractatus, tr. 21, 8: Nuova
Biblioteca Agostiniana, XXIV, Città Nuova, 2ª ed., Roma 1985, pp. 495-497).
En efecto, el bautismo confiere a quien lo recibe una configuración con Cristo que es real ya aquí en la tierra, aunque sea imperfecta y se presente al mismo tiempo como meta por alcanzar.
EL
CRISTIANO LLEVA GRABADO EN SU CORAZÓN, DE MANERA INDELEBLE, EL ROSTRO DE JESÚS.
No sólo es alter Christus, sino ipse Christus, expresión clásica, muy conocida.
Por consiguiente, la meta última de todo hombre consiste esencialmente EN UNA PLENA Y TOTAL IDENTIFICACIÓN CON CRISTO, EN SER UN REFLEJO CADA VEZ MÁS PERFECTO DE SU ROSTRO.
AL
EXPRESARNOS ASÍ, NO HACEMOS MÁS QUE REFERIRNOS A UNO DE LOS CAPÍTULOS
FUNDAMENTALES DE LA TEOLOGÍA PAULINA.
Hablando de la relación íntima y vital de Cristo
con los que han sido regenerados en las aguas bautismales, san Pablo es muy
claro y categórico. Afirma de sí mismo: "Ya no vivo yo, sino que es
Cristo quien vive en mí" (Ga 2,
20). Palabras que valen también para todo bautizado (cf. 2 Co 13, 5; Col 3, 4).
Esta identificación del cristiano con Cristo se ha de expresar en la vida de cada día. Está llamado a hacer presente a Cristo y manifestar a los demás su rostro con su testimonio personal.
Siguen siendo actuales, a este respecto, las
palabras de Pablo VI: "El hombre contemporáneo escucha más a gusto
a los testigos que a los maestros o si escucha a los maestros es porque son
testigos" (Discurso a los
miembros del Consilium de laicis, 2 de octubre de 1974: AAS 66 [1974] 568).
Y Juan Pablo II reafirma: "HOY LA GENTE SE FÍA POCO DE LAS PALABRAS Y DE LAS DECLARACIONES SOLEMNES; QUIERE HECHOS.
Por ello, mira con interés, con atención e
incluso con admiración a los testigos. Se podría decir que la deseada
mediación entre la Iglesia y el mundo moderno, para que tenga de verdad
eficacia, EXIGE TESTIGOS QUE SEPAN
HACER REALIDAD LA PERENNE VERDAD DEL EVANGELIO EN SU PROPIA EXISTENCIA Y
AL MISMO TIEMPO LA CONVIERTAN EN INSTRUMENTO DE SALVACIÓN PARA SUS HERMANOS Y
HERMANAS" (Discurso en
la presentación de un libro sobre la santidad, 15 de febrero de
1992: L'Osservatore
Romano, edición en lengua española, 6 de marzo
de 1992, p. 4).
EL ROSTRO DE CRISTO EN LOS SANTOS Y TESTIGOS DE LA IGLESIA 1. EL ROSTRO DE CRISTO RESPLANDECE CON LUZ MÁS INTENSA EN LOS SANTOS Y TESTIGOS DE LA FE, puesto que en ellos, en virtud de su docilidad al Espíritu, se ha hecho más nítida la identificación con Jesús recibida en el bautismo: han llegado a ser, por decirlo así, más ipse Christus en la participación en su vida y en su misión. Pero el rostro de Cristo que se refleja en los santos, y que ellos han mostrado al mundo, es el del Señor muerto y resucitado, del que habla el Papa en la Novo millennio ineunte. Al respecto dice: "Como en el Viernes y en el Sábado santo, la Iglesia permanece en la contemplación de este rostro ensangrentado, en el cual se esconde la vida de Dios y se ofrece la salvación del mundo.
Pero esta contemplación del rostro de Cristo NO PUEDE REDUCIRSE A SU IMAGEN DE
CRUCIFICADO. ¡ÉL ES EL
RESUCITADO! SI NO FUESE ASÍ, VANA SERÍA NUESTRA PREDICACIÓN Y
VANA NUESTRA FE (cf. 1
Co 15, 14). (...)
LA IGLESIA
MIRA AHORA A CRISTO RESUCITADO. (...) En el rostro de Cristo, la
Iglesia, su Esposa, contempla su tesoro y su alegría. "Dulcis Iesu memoria, dans vera
cordis gaudia"" (n. 28).
Es precisamente lo que han hecho los santos. En la variedad de sus carismas y en la pluralidad de sus vocaciones, HAN TENIDO LA HUMILDE AUDACIA DE FIJAR SU MIRADA EN EL ROSTRO DE CRISTO RESUCITADO, VIVIENDO SU RADICALISMO EVANGÉLICO COMO UNA FASCINANTE AVENTURA DEL ESPÍRITU. Han alcanzado las más altas metas de la santidad, contemplándolo con amor. Esta es, ciertamente, la tarea fundamental de todo cristiano. ESTÁ LLAMADO A SER, ANTE TODO Y SOBRE TODO, UN CONTEMPLADOR DEL ROSTRO DE CRISTO.
Lo subraya con vigor Juan Pablo II en su
recentísima carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, firmada,
como se sabe, en la plaza de San Pedro durante la audiencia general del
pasado 16 de octubre.
En ella el Papa es sumamente claro y
categórico: "FIJAR LOS OJOS
EN EL ROSTRO DE CRISTO, DESCUBRIR SU MISTERIO EN EL CAMINO ORDINARIO Y
DOLOROSO DE SU HUMANIDAD HASTA PERCIBIR SU FULGOR DIVINO MANIFESTADO
DEFINITIVAMENTE EN EL RESUCITADO GLORIFICADO A LA DERECHA DEL PADRE ES LA
TAREA DE TODOS LOS DISCÍPULOS DE CRISTO; POR TANTO, ES TAMBIÉN LA
NUESTRA" (n. 9).
Los santos son los que han comprendido a fondo, y
han vivido con más intensidad, esa tarea como una auténtica exigencia de su
bautismo.
HAN SIDO
LOS CONTEMPLADORES POR EXCELENCIA DEL ROSTRO DEL SEÑOR CRUCIFICADO Y
RESUCITADO.
Y, contemplando el rostro de Cristo, se han abierto "a acoger el misterio de la vida trinitaria, para experimentar de nuevo el amor del Padre y gozar de la alegría del Espíritu Santo" (ib.).
Al actuar así, los santos han hecho que se
cumplieran en ellos las palabras de san Pablo: "REFLEJANDO COMO EN UN ESPEJO LA GLORIA DEL SEÑOR, NOS VAMOS
TRANSFORMANDO EN ESA MISMA IMAGEN CADA VEZ MÁS: así es como actúa
el Señor, que es Espíritu" (2
Co 3, 18; cf. Rosarium Virginis Mariae, 9).
2. Al contemplar el rostro de Cristo, los santos y los testigos de la fe no han hecho más que imitar a la Virgen María, que es el modelo más perfecto de contemplación del rostro del Señor.
Lo recuerda, reafirmándolo con fuerza, el Papa en
la citada carta apostólica sobre el rosario: "El rostro del Hijo le
pertenece (a María) de un modo especial. (...) Su mirada, siempre llena de
adoración y asombro, no se apartará jamás de él. Será a veces una mirada interrogadora,
como en el episodio de su extravío en el templo. (...) Será en todo
caso una mirada penetrante,
capaz de leer en lo íntimo de Jesús, hasta percibir sus sentimientos
escondidos y presentir sus decisiones, como en Caná (cf. Jn 2, 5); otras veces será una mirada dolorida, sobre
todo al pie de la cruz. (...) En la mañana de Pascua será una mirada radiante por
la alegría de la resurrección y, por fin, una mirada ardiente por la efusión del Espíritu en el día
de Pentecostés (cf. Hch 1,
14). María vive mirando a Cristo y tiene en cuenta cada una de sus
palabras: "Guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su
corazón" (Lc 2, 19;
cf. 2, 51)" (nn. 10-11).
Esto es precisamente lo que, con la ayuda de la gracia, han tratado de hacer los santos y los testigos de la fe: CONTEMPLAR EL ROSTRO LÍMPIDO Y LUMINOSO DE CRISTO, Y HACER QUE RESPLANDEZCA ANTE LOS HOMBRES DE SU TIEMPO.
Lo han hecho con su testimonio personal, y muy a
menudo con el sacrificio de su vida, que, para el cristiano, siempre es el
testimonio supremo de su fe en el Señor resucitado.
3. Por eso, precisamente, los santos siempre fueron en realidad, como destaca el Papa, los auténticos constructores de la historia humana. "LA VERDADERA HISTORIA DE LA HUMANIDAD ESTÁ CONSTITUIDA POR LA HISTORIA DE LA SANTIDAD. (...)
Todos los santos y los beatos son testigos, es decir, personas que,
confesando a Cristo, su persona y su doctrina, han dado consistencia y
expresión creíble a una de las notas esenciales de la Iglesia, que es
precisamente la santidad.
Sin ese
continuo testimonio, la misma doctrina religiosa y moral, predicada por la
Iglesia, correría el peligro de confundirse con una ideología puramente
humana.
Y es, en cambio, DOCTRINA DE VIDA, O SEA, APLICABLE Y TRANSFERIBLE A LA PROPIA
EXISTENCIA: DOCTRINA QUE DEBE HACERSE VIDA, A EJEMPLO DE JESÚS MISMO,
QUE PROCLAMA: "YO SOY LA VIDA" (Jn 14, 8) Y AFIRMA
QUE VINO PARA DAR ESTA VIDA Y DARLA EN ABUNDANCIA (cf. Jn 10, 10).
La santidad, no como ideal teórico, sino como
camino que hay que recorrer en el fiel seguimiento de Cristo, ES UNA EXIGENCIA ESPECIALMENTE URGENTE
EN NUESTROS TIEMPOS" (Discurso
en la presentación de un libro sobre la santidad, 15 de febrero de
1992: L'Osservatore
Romano, edición en lengua española, 6 de marzo de 1992, p. 4).
Para el Papa Juan Pablo II, señalar la santidad a los fieles es, hoy más que nunca, una urgencia de la acción pastoral de la Iglesia (cf. Novo millennio ineunte, 30-31). Sí. De lo que más tienen necesidad la Iglesia y el mundo es de santos.
De santos que, después de "haber visto"
el rostro de Cristo, considerado en sus rasgos históricos y en su misterio
inefable, den testimonio de él (cf. Jn 19, 35).
Es decir, DE
SANTOS QUE VIVAN CON ABSOLUTA COHERENCIA EL RADICALISMO EVANGÉLICO Y LAS
VIRTUDES PROPIAS DEL CRISTIANO.
"Nos esforzamos mucho -afirma un ilustre prelado italiano- por ir tras la gente para hablar de Jesucristo.
En cambio, sería necesario invertir el rumbo,
haciéndonos santos; ENTONCES SERÁ LA
GENTE LA QUE VENDRÁ A BUSCARNOS.
Lo hemos visto muchas veces también nosotros, por
ejemplo, en los casos del padre Pío de Pietrelcina, la madre Teresa de
Calcuta, el Papa Juan XXIII (...) ¡Cuánta gente se interesaba por ellos! Los
amaba, los seguía, y lo que los impulsaba a buscarlos no era una curiosidad morbosa,
(...) sino el hecho de que EN ELLOS SE
VEÍAN LOS SIGNOS DE LA PRESENCIA Y DEL AMOR DE JESÚS A TRAVÉS DE LA ORACIÓN,
LA MANSEDUMBRE, LA DISPONIBILIDAD, LA AYUDA A LOS NECESITADOS Y EL AMOR A LA
IGLESIA" (G. Chiaretti, arzobispo de Perusa: Carta pastoral con ocasión de la Cuaresma
de 2001).
La santidad de los cristianos, como dice el filósofo Jacques Maritain, ES LA VÍA PARA DEMOSTRAR A LOS INCRÉDULOS LA EXISTENCIA DE UN DIOS AMOROSO Y MISERICORDIOSO, ES EL ÚNICO EVANGELIO QUE EL HOMBRE CONTEMPORÁNEO SABE LEER, ESCUCHAR Y COMPRENDER.
"Es con la santidad de vida -escribe el
mismo prelado- como el cristiano resulta "interesante" incluso para
una opinión pública distraída. Interesante no porque haga milagros (...), SINO PORQUE TIENE EL VALOR DE IR
CONTRA CORRIENTE, NO SE AVERGÜENZA DE SU FE, MÁS AÚN, HABLA DE ELLA CON
ALEGRÍA Y ENTUSIASMO, ES COHERENTE EN TODAS SUS OPCIONES, Y AFRONTA CON
VALENTÍA LA MARGINACIÓN SOCIAL A LA QUE PUEDE SER CONDENADO, PERDONANDO Y AMANDO
A QUIEN LO CRUCIFICA" (ib.).
Juan Pablo II, en la Novo millennio ineunte, dice que, confortada por la experiencia del rostro del Señor resucitado, la Iglesia reanuda hoy, con renovada esperanza, su camino para anunciar a Cristo al mundo, al inicio del tercer milenio. Este es el camino que han seguido siempre los santos y los testigos de la fe. Y ESTE ES TAMBIÉN EL CAMINO QUE TODOS ESTAMOS LLAMADOS A SEGUIR PARA VIVIR EN PLENITUD EL MISTERIO PASCUAL DEL SEÑOR RESUCITADO Y DAR A CONOCER SU ROSTRO RESPLANDECIENTE A LOS HOMBRES DE NUESTRO TIEMPO.
En esto consiste esencialmente la santidad
cristiana: SER REFLEJO DE LA
SANTIDAD DE DIOS QUE RESPLANDECE EN EL ROSTRO DE CRISTO.
Este es nuestro compromiso, como subraya el
cardenal Newman en una de sus elevaciones: "Permanece conmigo, y yo
comenzaré a resplandecer como tú resplandeces; a brillar hasta ser luz para
los demás. Toda la luz, oh Jesús, vendrá de ti: nada será mérito mío. Tú
serás quien brille, a través de mí, ante los demás. (...) HAZ QUE TE ANUNCIE NO CON LAS PALABRAS,
SINO CON EL EJEMPLO, CON LA FUERZA DE ATRACCIÓN, CON LA INFLUENCIA SOLIDARIA
QUE PROCEDE DE LO QUE HAGO, CON MI SEMEJANZA VISIBLE A TUS SANTOS, Y CON LA
CLARA PLENITUD DEL AMOR QUE MI CORAZÓN ALBERGA POR TI".
Card. José SARAIVA M., c.m.f.
Prefecto de la Congregación para las causas de los santos |
lunes, 25 de septiembre de 2017
EL ROSTRO DE CRISTO EN EL ROSTRO DE LA IGLESIA
lunes, 4 de septiembre de 2017
¿SABÍAS QUE EL AMOR DE DIOS EN TODA SITUACIÓN HUMANA DE DOLOR, DE MALDAD Y DE MUERTE NOS LIBERA Y NOS SALVA?
¿SABÍAS QUE EL AMOR
DE DIOS EN TODA SITUACIÓN HUMANA DE DOLOR, DE MALDAD Y DE MUERTE NOS LIBERA Y NOS
SALVA?
(Mt 16, 21-28)
P. Carlos Cardó, SJ
En aquel
tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén
para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de
los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
Pedro se
lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole: "No lo permita Dios,
Señor. Eso no te puede suceder a ti". Pero Jesús se volvió a Pedro y le
dijo: "¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi
camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los
hombres!".
Luego
Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir conmigo, que renuncie a
sí mismo, que tome su cruz y me siga.
Pues el
que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la
encontrará.
¿DE QUÉ LE SIRVE A UNO GANAR EL MUNDO
ENTERO, SI PIERDE SU VIDA? ¿Y QUÉ PODRÁ DAR UNO A CAMBIO PARA RECOBRARLA?
Porque el
Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de
sus ángeles, y entonces LE DARÁ A CADA
UNO LO QUE MERECEN SUS OBRAS".
El contexto de estas palabras de Jesús es el anuncio que ha hecho a sus
discípulos de lo que le va a pasar en Jerusalén, adonde se dirigen.
En la santa
ciudad mueren los profetas enviados de Dios. Allí lo harán padecer y morir en
una cruz; los fariseos y las autoridades religiosas ya lo han decidido.
Por eso comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos
que tenía que ir a Jerusalén y padecer mucho allí (16,21).
Pero este padecer mucho REMITE A UN MISTERIO QUE SE NOS TIENE QUE
REVELAR: EL MISTERIO DE LA PASIÓN DE JESÚS POR TODOS NOSOTROS, QUE LO LLEVA A
PADECER CON NOSOTROS Y A ASUMIR COMO PROPIO EL SUFRIMIENTO, EL MAL Y LA MUERTE
DE SUS HERMANOS Y HERMANAS.
No es el sufrimiento por sí solo lo que salva, SINO EL AMOR Y LA CONFIANZA CON QUE JESÚS LO ASUME, HACIENDO
PRESENTE A DIOS EN ÉL CON TODO EL PODER SALVADOR DE SU AMOR.
De este MODO JESÚS INTRODUCE EL
AMOR DE DIOS EN TODA SITUACIÓN HUMANA DE DOLOR, DE PECADO Y DE MUERTE PARA
QUE EN ELLA ESTÉ SIEMPRE PRESENTE EN FAVOR DE LOS QUE SUFREN LA FUERZA DEL AMOR
DE DIOS, QUE LIBERA Y SALVA.
Los sufrimientos y la muerte de Jesús hacen ver hasta qué extremos llega
el amor que Dios nos tiene.
Un lenguaje así
puede chocar con la manera habitual de pensar de los hombres. Por eso, Pedro en particular no lo
entiende y llevando aparte a
Jesús, comenzó a reprenderlo. Pero recibe de Jesús (16,17-19) la más
severa reprimenda: Ponte detrás,
Satanás…, tú no piensas como Dios, sino como los hombres.
Están los
pensamientos de Dios y los pensamientos de los hombres; EL DISCÍPULO PREFERIDO AÚN NO HA DADO EL PASO.
Después de esto,
Jesús invita a sus discípulos a seguirlo, a recorrer con Él
su camino hasta el final y asumir su estilo de vida con todas sus consecuencias.
El discípulo –CADA UNO DE NOSOTROS– HA
DE SER UN REFLEJO DE SU MAESTRO.
Es lo que
quiere: la identificación con Él PARA
QUE SU VIDA, SUS PALABRAS Y OBRAS, SE PROLONGUEN EN LA COMUNIDAD DE SUS
DISCÍPULOS.
La condición
para lograrlo es clara: Niéguese a sí
mismo, nos dice.
NIEGUE CADA CUAL SU FALSO YO
–DEFORMADO POR EL EGOÍSMO Y EL PECADO– PARA HACER NACER SU YO AUTÉNTICO, QUE
SE REALIZA EN EL AMOR, EN LA ENTREGA, EN EL SERVICIO SIN RESERVAS.
Y añade: Lleve su cruz, la cruz de cada
uno, QUE ES LA LUCHA CONTRA EL MAL QUE
ACTÚA EN MÍ, LA LUCHA CONTRA MI EGOÍSMO; ES MI TAREA, QUE NADIE PUEDE HACER POR
MÍ.
Llevar la cruz
significa también ASUMIR LAS CARGAS DE
SUFRIMIENTO QUE LA VIDA IMPONE Y VER LA PRESENCIA DE DIOS EN ELLAS.
Entonces se
revela el sentido que pueden tener y el bien al que pueden contribuir si se
viven con Dios.
No se trata de
añadir sufrimientos a los que la vida misma y las exigencias del compromiso
cristiano normalmente imponen.
Se trata de
aprender a llevar el sufrimiento como Cristo nos enseña, SABIENDO, ADEMÁS, QUE NUNCA ESTAREMOS SOLOS, PUES JESÚS VA DELANTE
CON SU CRUZ COMO QUIEN ABRE Y FACILITA EL CAMINO.
Quien quiera salvar su propia
vida la perderá. Estas palabras de Jesús expresan una gran verdad: que QUIEN VIVE QUERIENDO PONERSE A RESGUARDO DE
TODA PÉRDIDA, DE TODA RENUNCIA, DE TODA DONACIÓN…, ESE TAL, ECHA A PERDER
SU VIDA, PORQUE LA VIDA ES RELACIÓN Y SE REALIZA EN EL AMOR, QUE CONSISTE EN
DAR Y RECIBIR.
Debemos enseñar
a nuestros jóvenes que no sólo por motivos religiosos sino por razones
psicológicas y sociales, LA CAPACIDAD
DE ASUMIR EL DOLOR QUE TODA VIDA SOPORTA, EL SABER RENUNCIAR A LA SATISFACCIÓN
INMEDIATA Y CAPRICHOSA DE LOS PROPIOS IMPULSOS EN FUNCIÓN DE VALORES SUPERIORES
Y DE UN PROYECTO DE VIDA DE METAS ALTAS, ESTO FORMA PARTE DE LA FORMACIÓN DEL
ADULTO.
No hay que
elegir el camino fácil sino la meta.
LA VIDA ES AMAR, DAR DE SÍ CON
GENEROSIDAD, EN ESO ESTÁ EL SECRETO DE LA VERDADERA FELICIDAD Y DEL
VERDADERO ÉXITO.
Fuera de esta
perspectiva, aunque gane el mundo entero, LA
VIDA NO SE LOGRA, SE MALOGRA.
Muchas veces
hallaremos difícil esta exigencia. Pero confiamos en el Señor que nos asegura
su compañía y apoyo constante.
ÉL NOS HACE COMPROBAR QUE EL
AMOR SUAVIZA LO QUE LAS EXIGENCIAS TIENEN DE COSTOSO.
sábado, 19 de agosto de 2017
¿CREES PODER HACER LO QUE TE VIENE EN GANA, HASTA DESPRECIAR LA VIDA DEL INOCENTE POR CÁLCULO POLÍTICO, POR ´´MANTENER RENOMBRE, AUTORIDAD Y DOMINIO”?
¿CREES PODER HACER LO QUE TE VIENE EN GANA, HASTA DESPRECIAR LA VIDA DEL INOCENTE POR CÁLCULO POLÍTICO, POR ´´MANTENER RENOMBRE, AUTORIDAD Y DOMINIO”?
(Mt 14, 1-12)
P. Carlos Cardó, SJ
En aquel tiempo, el rey Herodes oyó lo que contaban de Jesús y les dijo a sus cortesanos: "Es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en Él fuerzas milagrosas”.
Pero llegó el cumpleaños de Herodes, y la hija de Herodías bailó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que le pidiera.
Ella, aconsejada por su madre, le dijo: "Dame, sobre esta bandeja, la cabeza de Juan el Bautista".
El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por no quedar mal con los invitados, ordenó que se la dieran; y entonces mandó degollar a Juan en la cárcel.
Trajeron, pues, la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre.
Después vinieron los discípulos de Juan, recogieron el cuerpo, lo sepultaron, y luego fueron a avisarle a Jesús.
Herodes había apresado a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, pues Juan le decía a Herodes que no le estaba permitido tenerla por mujer. Y aunque quería quitarle la vida, le tenía miedo a la gente, porque creían que Juan era un profeta.
La actividad de Juan Bautista y la de Jesús estuvieron muy relacionadas.
LA MUERTE CRUENTA DE JUAN ANTICIPA LA MUERTE DE JESÚS.
Ambos sufren el mismo destino de los grandes profetas.
En su martirio, el enviado de Dios demuestra que su vida ha estado configurada con la palabra que recibió de lo alto Y QUE ÉL HA TRANSMITIDO CON TODAS SUS CONSECUENCIAS; manifiesta así el valor de la causa a la que se ha entregado.
Hay valores que valen más que la vida, esta verdad se hace patente en la muerte del profeta.
Herodes, el asesino de Juan Bautista, ES —JUNTO CON PILATO— EL PROTOTIPO DE LOS HOMBRES TRAMPOSOS E INCONSECUENTES.
Dice de Él San Mateo que había oído hablar de Jesús.
LA FE SE INICIA POR EL OÍDO, CREEMOS PORQUE HEMOS OÍDO, LA FE SE TRANSMITE.
Herodes había oído, pero está incapacitado para alcanzar la verdad, COMO TODOS AQUELLOS QUE OPRIMEN LA VERDAD CON LA INJUSTICIA Y CAUSAN LA INDIGNACIÓN DE DIOS (Rom 1, 18).
EL MODO DE VIVIR NO DEJA OÍR LA VERDAD, LA DILUYE CON LA FRIVOLIDAD, LA CENSURA CON LA PREPOTENCIA.
El modo de vida de Herodes aparece implícitamente descrito:
EL ADULTERIO,
LA DESHONESTIDAD Y
LA VIOLENCIA.
TODOS ESTOS INGREDIENTES APARECEN OSTENTOSAMENTE EN EL BANQUETE QUE EL REY SE ORGANIZA POR SU CUMPLEAÑOS.
FIESTA DE LOS PODEROSOS SOBRE EL DOLOR DE LOS INOCENTES. FIESTA DE CUMPLEAÑOS CON SABOR A MUERTE.
Sobresale en el festín la figura deplorable de Herodías, CONCUBINA INCESTUOSA DE HERODES, SÍMBOLO DEL PLACER QUE ÉL CREE PODER DARSE PORQUE TODO LO PUEDE:
SE CREE CAPAZ DE QUITARLE LA MUJER A SU HERMANO FILIPO, DE PISOTEAR VALORES UNIVERSALES, DE EXHIBIR SU INMORALIDAD A LA VISTA DE TODOS.
La mayor torpeza del corrupto es creerse omnipotente.
Esta omnipotencia le hace exhibir sin temor alguno su adulterio. Pero el santo profeta lo encara: ¡No te es lícito! Como ocurre con frecuencia en los casos de corrupción, LA DENUNCIA PONE AL CULPABLE EN LA ENCRUCIJADA: o vida o muerte.
La decisión es inevitable. No se puede ser una cosa y al mismo tiempo su contraria.
Pero el malvado elige la muerte del que lo acusa. Por eso Herodes quería matarlo.
Quien obra el mal siente como una amenaza las palabras de quien lo corrige. Y al no hallar razones, quiere acabar con él, pensando que así quedará tranquilo. Pero no procede por miedo al pueblo que aprecia al profeta.
La ocasión se produce con el banquete. Belleza, arte y placer aporta la hija de Herodías. Danza ante el rey y la corte, y encanta.
Belleza, arte y placer, son buenos en sí; pero el mal se sirve de ellos; LA BELLEZA SE TORNA MAL GUSTO, EL ARTE VULGARIDAD Y EL PLACER SE PROSTITUYE:
YA NO DAN VIDA SINO PRODUCEN MUERTE.
Pide lo que quieras, le dice el que se cree capaz de todo. Incluso juró darle lo que pidiera, quedando obligado a cumplir su promesa insensata.
ES MUY COMÚN ESTE QUEDAR ENTRAMPADO EL SUJETO EN SUS PROPIAS CONTRADICCIONES.
Y por su parte LA BELLEZA, BAJO EL INFLUJO DE LA NECEDAD, ES CAPAZ DE LLEGAR A CAUSAR EL HORROR.
La muchacha, instigada por su madre, pidió que le diera en una bandeja la cabeza del Bautista.
Herodes se entristeció. Rápido se esfumaron belleza y placer.
LA TRISTEZA PUEDE SER BUENA –advierte Ignacio de Loyola para acertar en el discernimiento– PORQUE HACE RECAPACITAR, INDUCE AL ARREPENTIMIENTO.
Pero ocurre muchas veces que EL HOMBRE NO PUEDE SALIRSE DEL ENREDO EN QUE SE HA METIDO, QUEDANDO PRESO DEL QUÉ DIRÁN.
Y por eso, nada más que por eso, por la por pura veleidad de no quedar mal ante los palaciegos, ordenó que le cortaran la cabeza a Juan.
Herodes se pone así ENTRE LOS PRIMEROS DE LA LARGA SERIE DE NECIOS QUE HAN CREÍDO Y CREEN PODER HACER LO QUE LES VIENE EN GANA, HASTA DESPRECIAR LA VIDA DEL INOCENTE POR CÁLCULO POLÍTICO, POR MANTENER ´´RENOMBRE, AUTORIDAD Y DOMINIO”.
El relato concluye con una nota de piedad: vinieron sus discípulos (de Juan), recogieron el cuerpo, le dieron sepultura y fueron a contárselo a Jesús.
El historiador Flavio Josefo (Antigüedades judías, XVIII) se fija en el motivo político del asesinato.
Herodes podía temer que a consecuencia de la predicación del Bautista se armase un movimiento popular que podría traerle problemas con los romanos, de quienes era vasallo.
Los evangelios prefieren resaltar la dimensión moral del arresto y decapitación del santo Y SITUARLO COMO PRECURSOR, AUN EN SU MUERTE, DEL MESÍAS JESÚS.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)