lunes, 21 de mayo de 2018


“JESUITAS, 450 AÑOS DE AMOR Y SERVICIO AL PAÍS”
Homilía de Mons. Nicola Girasoli, Nuncio Apostólico en ocasión del 450º Aniversario


Estamos celebrando un aniversario muy especial: 450 años de la llegada y de la presencia de los Jesuitas en el Perú.
Y el primer profundo sentimiento que sale de nuestros corazones es el agradecimiento.
Muchas gracias, Hermanos Jesuitas, han sido 450 años de amor y de servicio al País. La presencia de los Jesuitas en la historia de nuestro queridísimo país ha sido fundamental para el desarrollo cultural, cívico y social del Perú. Muchísimas generaciones de hombres y de mujeres creyentes y no creyentes, católicos u de otras denominaciones religiosas del Perú repiten hoy de manera especial muchas gracias.
Y todos, todos estamos de acuerdo y convencidos que los Jesuitas en el Perú han hecho siempre las cosas bien, por esto le repetimos ¡gracias!. ¡Bravo!
Gracias por su compromiso en el sector de la educación y de la evangelización llevadas adelante en el curso de los siglos siempre con el respeto de las culturas locales y originarias de nuestro País, promoviendo la justicia social.
Este aniversario no es solamente memoria histórica y reconocimiento de un glorioso pasado, es también una herencia que nos invita en el presente a despertar un nuevo entusiasmo y un renovado dinamismo apostólico bien expresado en el lema que han elegido para este aniversario: La Fe que transforma, la Fe que nos empuja a recorrer nuevos caminos para el futuro.
Y el Papa Francisco, en la reciente Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate en el párrafo 135 nos dice que Dios siempre es novedad, que siempre nos empuja a partir una y otra vez y a desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras.
MIRAR AL PASADO CON AGRADECIMIENTO, VIVIR EL PRESENTE CON ENTUSIASMO Y CAMINAR HACIA EL FUTURO CON ESPERANZA.
Y el Camino es el llamado del Papa Francisco para UNA IGLESIA EN SALIDA MISIONERA HACIA LAS PERIFERIAS DEL MUNDO, HACIA LOS MÁS POBRES, HACIA LOS QUE NO TIENEN VOZ, HACIA LOS MÁS NECESITADOS.
Y el Papa Francisco nos dice que Jesús está en las periferias Y NOS ESTÁ ESPERANDO EN EL CORAZÓN DE NUESTROS HERMANOS HERIDOS, EN LOS HERMANOS QUE TIENEN SU VIDA OPRIMIDA Y SUS ALMAS OSCURECIDAS (GE 135).

La fe es el oxígeno de la vida, no podemos vivir sin fe, necesitamos este oxigeno que salva. En la primera lectura hemos proclamado que solamente en Cristo podemos salvarnos (Hch 4,12) Y LA FE NOS TRANSFORMA CUANDO NOS ENTREGAMOS GENEROSAMENTE A LOS HERMANOS Y HERMANAS MÁS NECESITADOS.
Y ustedes queridos hermanos Jesuitas del Perú tienen en su Historia un ícono que los invita a salir al encuentro de los pobres… es el ilustre Padre Antonio Ruiz de Montoya, un gran precursor de una Iglesia en salida misionera. Él, al final del siglo XVI, se puso en camino hacia Paraguay y junto a otros jesuitas fundó las reducciones del Paraguay siendo el lingüista y autor de obras de teología mística.
Antonio Ruiz de Montoya viajó mucho y sabemos que cuando murió en Lima en el 1652 un grupo de indígenas guaraní vinieron desde Paraguay a Lima a recoger sus restos para depositarlos y enterrarlos en las tierras donde él había sido misionero.
Nos ayuda en el camino de una Iglesia en salida misionera, una terapia que lamentablemente no practicamos mucho en nuestra Iglesia… necesitamos poner en marcha la terapia de la escucha. Necesitamos escuchar a todos, a todas, especialmente aquellos que tienen heridas profundas y se sienten marginados.
LA TERAPIA DE LA ESCUCHA ES UNA ACTITUD DE HUMILDAD Y DE SERVICIO.
El Papa Francisco, en esta gloriosa Iglesia de San Pedro el 19 de Enero, contestando a la pregunta de un padre Jesuita ha dicho que  escuchar nos ayuda a luchar contra la tentación de la mundanidad.
Refiriéndose también a los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, el Papa Francisco nos decía, en esta iglesia de San Pedro, que la mundanidad no es solamente llevar una vida demasiado relajada y frívola. Esas son solamente las consecuencias de la mundanidad.
LA MUNDANIDAD ES ELEGIR Y SEGUIR LOS CRITERIOS DEL MUNDO, ES USAR EL PODER POR SÍ MISMO, OLVIDÁNDOSE DEL SERVICIO A LOS DEMÁS; OLVIDÁNDOSE QUE PARA LA IGLESIA LA AUTORIDAD NO ES SINÓNIMO DE PODER SINO DE SERVICIO (Osservatore Romano, Ed. Española, no. 9/2018 – 2 de marzo 2018 pp. 6/7).
La mundanidad nos hace perder la identidad propia evangélica de nuestras instituciones y de nuestra misión evangelizadora.
La terapia de la escucha, al contrario, FORTALECE LA IDENTIDAD Y EL CAMINO DE LA UNIDAD EXPRESADA EN EL EVANGELIO DE HOY CON LA IMAGEN DE UN SOLO PASTOR Y UN SOLO REBAÑO (Juan 10,16).
Hermanos y Hermanas, queremos que la Fe transforme, y la transformación pasa también a través del don de nuevas vocaciones para continuar y fortalecer la misión de los Jesuitas para el servicio y la entrega a los demás.
Este domingo que se celebra la Jornada Mundial de las Vocaciones estamos llamados a rezar de manera especial por las vocaciones.
El Papa Francisco, en el Mensaje de esta Jornada Mundial Vocacional, nos habla de las tres etapas del camino vocacional: ESCUCHA, DISCERNIMIENTO Y VIDA.
Como el faro que con su luz ilumina y orienta hacia el puerto, una autentica pastoral vocacional debe acompañar al llamado de Dios con la luz del ejemplo y de un testimonio entusiasta de la vida religiosa.

Hermanos y Hermanas, hay una palabra en el Evangelio que en su sentido profundo resume todo el mensaje y toda la obra de Cristo. Esta palabra es tan importante que el evangelista San Marcos la menciona en la misma lengua de Jesús (Mc 7,33). Un día mientras Jesús estaba caminando cerca del Mar de Galilea le presentaron un sordo que además hablaba con dificultad y Jesús tocándolo le dijo: ÉFFATA…ÁBRETE!
Hoy Jesús, en medio de nosotros, toca el corazón de cada uno y nos dice: ÉFFATA- ÁBRETE, Iglesia del PERU… !Ábrete a la escucha, Iglesia del Perú!
ÁBRETE AL ENCUENTRO CON LOS POBRES Y CON LO QUE LA SOCIEDAD CONSIDERA DESCARTABLE.
ÉFFATA, ÁBRANSE no nos quedemos encerrados en nuestras instituciones, ENTRE LOS MUROS QUE NOS ALEJAN DE LAS NECESIDADES DEL PUEBLO DE DIOS.
ÉFFATA, ÁBRANSE, queridos Hermanos Obispos…Abran sus corazones, rompiendo todos los signos de poder para remplazarlos con los signos del servicio al pueblo de Dios. ÁBRANSE, Hermanos Obispos, PARA UN AUTÉNTICO CAMINO DE PERDÓN Y RECONCILIACIÓN.
ÉFFATTA, ÁBRANSE a la escucha de todos, ESPECIALMENTE DE LOS QUE NO TIENEN VOZ Y SON MARGINADOS.
ÉFFATA, HERMANOS JESUITAS! Ábranse con el ejemplo de Antonio Ruiz de Montoya.
¡Salgan y refuercen su vocación con la dimensión misionera! FORMACIÓN DE LA FE, FORMACIÓN EDUCATIVA Y FORMACIÓN CÍVICA a través de las Obras Sociales que son los tres pilares de la misión de los Jesuitas hoy en el Perú. ÁBRANSE.
QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS, hoy Jesús toca el corazón de cada uno de nosotros y nos grita: Queremos una IGLESIA del ÉFFATA…Una Iglesia que se abre al encuentro con los pobres y necesitados.
Sí. Queremos en el Perú una Iglesia del ÉFFATA. UNA IGLESIA, como nos repite el Papa Francisco, con las puertas abiertas, bien abiertas y donde todos se sientan adentro y ninguno se sienta al margen.
Hermanos y Hermanas, LA FE NOS TRANSFORMA SI TENEMOS SIEMPRE LOS BRAZOS Y EL CORAZÓN ABIERTO
 ¡Vivan los Jesuitas del Perú.
AMEN.



¿SABES CUÁNTO TE CONOCE EL DIOS DE JESÚS?

Salmos 139

1.Del maestro de coro. De David. Salmo. Yahveh, tú me escrutas y conoces;
2.Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto, mi pensamiento calas desde lejos;
3.Esté yo en camino o acostado, tú lo adviertes, familiares te son todas mis sendas.
4.Que no está aún en mi lengua la palabra, y ya tú, Yahveh, la conoces entera;
5.Me aprietas por detrás y por delante, y tienes puesta sobre mí tu mano.
6.Ciencia es misteriosa para mí, harto alta, no puedo alcanzarla.
7. ¿A dónde iré yo lejos de tu espíritu, a dónde de tu rostro podré huir?
8.Si hasta los cielos subo, allí estás tú, si en el seol  (en el fuego) me acuesto, allí te encuentras.
9.Si tomo las alas de la aurora, si voy a parar a lo último del mar,
10.también allí tu mano me conduce, tu diestra me aprehende.
11.Aunque diga: «¡Me cubra al menos la tiniebla, y la noche sea en torno a mí un ceñidor,
12.Ni la misma tiniebla es tenebrosa para ti, y la noche es luminosa como el día.
13.Porque tú mis riñones (´´que limpian”) has formado, me has tejido en el vientre de mi madre;
14.Yo te doy gracias por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios son tus obras. Mi alma conocías cabalmente,
15.Y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo formado en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra.
16.Mi embrión tus ojos lo veían; en tu libro están inscritos todos los días que han sido señalados, sin que aún exista uno solo de ellos.
17.Mas para mí ¡qué arduos son tus pensamientos, oh, Dios, qué incontable su suma!
18. ¡Son más, si los recuento, que la arena, y al terminar, todavía estoy contigo!
19.¡Ah, si al impío, oh Dios, mataras, si los hombres sanguinarios se apartaran de mí!
20.Ellos que hablan de ti dolosamente, tus adversarios que se alzan en vano.
21. ¿No odio, Yahveh, a quienes te odian? ¿No me asquean los que se alzan contra ti?
22.Con odio colmado los odio, son para mí enemigos.
23.Sóndame, oh Dios, mi corazón conoce, pruébame, conoce mis desvelos;
24.Mira no haya en mí camino de dolor, y llévame por el camino eterno.

domingo, 20 de mayo de 2018

MATRIMONIO, FAMILIA Y
UNIONES HOMOSEXUALES
Nota de la Comisión Permanente de la
Conferencia Episcopal Española
con ocasión de algunas iniciativas legales recientes
Madrid, 24 de junio de 1994

I. UNA RESOLUCIÓN DEL PARLAMENTO EUROPEO: ¿CONTRA LA DISCRIMINACIÓN O PARA LA CONFUSIÓN?
1. El pasado 8 de febrero el Parlamento Europeo aprobó una resolución sobre la igualdad de derechos de los homosexuales y de las lesbianas. En ella se pide, entre otras cosas, a la Comisión de la Comunidad Europea, que recomiende a los Estados miembros la eliminación de "la prohibición de contraer matrimonio o de acceder a regímenes jurídicos equivalentes a las parejas de lesbianas o de homosexuales" y, además, que se ponga fin "a toda restricción de los derechos de las lesbianas y de los homosexuales a ser padres, a adoptar o a criar niños" (n. 14).
La debilidad jurídica de esta resolución es muy grande. Entre otras cosas, porque la Comisión no tiene capacidad para determinar nada en esta materia. Desde el punto de vista puramente legal la resolución del Parlamento será ineficaz y apenas si merece ser tenida en cuenta. Pero su valor simbólico es considerable, porque favorece el deseo de algunos grupos de difundir la idea de que las parejas homosexuales tienen derecho a ser reconocidas legalmente con un estatuto jurídico semejante al de un verdadero matrimonio.
No se entiende por qué el Gobierno ha manifestado su intención de promover una legislación en el sentido de la mencionada resolución del Parlamento Europeo. Ha de quedar claro que si lo hace es exclusivamente por su propio deseo, pues no hay en esta cuestión imperativa legal alguno procedente del Parlamento de Estrasburgo que obligue al gobierno español ni a ningún otro gobierno de Europa.
2. Ante esta situación, los obispos deseamos contribuir con la presente Nota a que se eviten confusiones tan notorias como perjudiciales. La confusión es propia de una época de crisis que - según las certeras palabras de Juan Pablo ll "se manifiesta ante todo como profunda crisis de la verdad"1.
Son verdades muy elementales las que aparecen completamente oscurecidas y desquiciadas en el asunto que nos ocupa. Con el fin de iluminar las mentes y las conductas, queremos recordar la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad2 y sobre el matrimonio3.

II. LA CONDICIÓN Y EL COMPORTAMIENTO HOMOSEXUAL
3. La existencia de personas que experimentan una atracción sexual exclusiva o predominante hacia otras del mismo sexo es un hecho conocido a través de los siglos y de las culturas.
Hoy los medios de comunicación nos informan con cierta frecuencia de las acciones emprendidas por agrupaciones de personas homosexuales en diversos lugares del mundo, y también en España, con el fin de conseguir ser tratadas del mismo modo que las personas heterosexuales.
4. A este respecto queremos decir, en primer lugar, que los obispos deploramos que las personas homosexuales sean todavía objeto de expresiones malévolas y, mucho más, de acciones violentas.
Condenamos con firmeza estos comportamientos que ignoran la dignidad de las personas y lesionan los principios más elementales de la buena convivencia civil4.
Sabemos bien que, con independencia de la orientación sexual e incluso del comportamiento sexual de cada uno,toda persona tiene "la misma identidad fundamental: el ser creatura y, por gracia, hijo de Dios, heredero de la vida eterna"5.
Esta es la base de la inviolable dignidad de cada ser humano. De ella dimanan energías inagotables para luchar por la superación de los problemas personales y de las injusticias sociales.
5. Pero hemos de decir también que no se puede pedir a la sociedad que reconozca la condición o el comportamiento homosexual como una modalidad del ser humano comparable, por ejemplo, a las diferencias naturales de raza o sexo. Denunciamos como engañoso el intento de hacer creer a la opinión pública que determinadas restricciones legales, como la prohibición del matrimonio y de la adopción, sean "discriminaciones injustas" para las personas homosexuales.
Estas prohibiciones serían injustas si se aplicaran por causa de la raza, del origen étnico, del sexo, etc., pero no lo son en este caso. "Las personas homosexuales, en cuanto personas humanas, tienen los mismos derechos que todas las demás personas.
Entre los demás derechos, todas las personas tienen el derecho al trabajo, a la vivienda, etc."6Estos derechos son, en efecto, suyos en cuanto personas, no en virtud de su orientación sexual.
En cambio, la orientación sexual sí que ha de ser tenida en cuenta por el legislador en cuestiones directamente relacionadas con ella, como es el caso, ante todo, del matrimonio y de la familia. ¿Con qué criterios y en qué sentido?
6. Para dar una respuesta adecuada a esta pregunta hay que comenzar por distinguir entre lo que es la condición y lo que es el comportamiento homosexual. Nadie elige la condición homosexual. Pero sí hay libertad para elegir cómo vivirla, cómo comportarse con ella.
7. La particular inclinación de la persona homosexual no es de por sí éticamente reprobable. Es más, para la mayoría de ellas constituye "una auténtica prueba". Y POR ESO DEBEN SER ACOGIDAS CON ABSOLUTO RESPETO7. EL RESPETO Y LA ACOGIDA HAN DE SER ESPECIALMENTE SOLÍCITOS PORQUE LA CONDICIÓN EN LA QUE SE ENCUENTRAN DISTA DE SER FAVORABLE PARA SU REALIZACIÓN HUMANA Y PERSONAL.
La inclinación homosexual, aunque no sea en sí misma pecaminosa, "debe ser considerada como objetivamente desordenada", ya que es "una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral"8.
Es el comportamiento homosexual el que es siempre de por sí éticamente reprobable, aunque no haya que olvidar tampoco que, dada la habitual complejidad de estas situaciones personales, habrá que juzgar con prudencia su culpabilidad que incluso, en algunos casos, puede ser subjetivamente inexistente9.
8. Siendo esto así, parece claro que cuando las leyes no legitiman el comportamiento homosexual, lejos de tratar injustamente a nadie, responden a la norma moral y tutelan el bien común de la sociedad.
Y, a la inversa, las leyes que lo legitimaran carecerían de toda base ética, y ejercerían un efecto "pedagógico" negativo tendente a socavar el bien común10.
¿En qué nos basamos para decir que el comportamiento homosexual es de por sí y siempre éticamente reprobable?
Cuando afirmamos esto no hacemos más que recoger la verdad sobre la naturaleza del ser humano, asumida y desvelada en plenitud por la Revelación cristiana. Veámoslo con toda brevedad.
9. El comportamiento homosexual SEPARA LA SEXUALIDAD TANTO DE SU SIGNIFICADO PROCREADOR COMO DE SU PROFUNDO SENTIDO UNITIVO, QUE SON LAS DOS DIMENSIONES BÁSICAS DE SU NATURALEZA MISMA.
Los actos homosexuales no sólo son de por sí incapaces de generar nueva vida, sino que, además, por no proceder de una verdadera complementariedad sexual, SON TAMBIÉN INCAPACES DE CONTRIBUIR A UNA PLENA COMUNIÓN INTERPERSONAL EN UNA SOLA CARNE.
Las relaciones homosexuales CARECEN NECESARIAMENTE, POR SU PROPIA NATURALEZA, DE LAS DIMENSIONES UNITIVA Y PROCREADORA PROPIAS DE LA SEXUALIDAD HUMANA.
Ahora bien, ellas son las que hacen de la unión corporal del varón y de la mujer en el matrimonio la expresión del amor por el que dos personas se entregan la una a la otra de tal modo que esa mutua donación se convierte en el lugar natural de la acogida de nuevas vidas personales. El comportamiento homosexual es, pues, contrario al carácter personal del ser humano y, por tanto, contrario a la ley natural.
10. La Tradición cristiana ha percibido siempre de manera inequívoca QUE EL COMPORTAMIENTO HOMOSEXUAL CONTRADICE LA VERDAD DEL HOMBRE QUE LA REVELACIÓN DE DIOS ILUMINA PLENAMENTE.
El Amor creador, que es el Dios trino, comunión de personas en sí mismo, quiere a los seres humanos a su imagen y semejanza como varón y mujer (cfr Gn 1, 27).
"Por consiguiente, son creaturas de Dios LLAMADAS A REFLEJAR, EN LA COMPLEMENTARIEDAD DE LOS SEXOS, LA UNIDAD INTERNA DEL CREADOR"11.
Pero el pecado, el rechazo de la comunión de vida que Dios ofrece a los hombres, trae consigo el oscurecimiento del "significado nupcial" del cuerpo humano, es decir, DE SU CARÁCTER DE SIGNO Y DE MEDIADOR DE UNA ALIANZA DE AMOR CON DIOS Y ENTRE LOS HOMBRES.
Por eso en la historia de Sodoma la Sagrada Escritura tiene que condenar las relaciones homosexuales (cfr Gn 19,1-11) y el Levítico ha de excluir del Pueblo elegido a los que presentan un comportamiento homosexual (cfr Lv 18, 22 y 2O, 13).
San Pablo, en el nuevo contexto de la confrontación entre el cristianismo y la sociedad pagana de su tiempo, entiende igualmente ese mismo comportamiento homosexual como clara manifestación de que la armonía originaria entre el Creador y las creaturas ha sido rota por el pecado.
Este, en efecto, supone poner "la mentira en el lugar de la verdad de Dios" y adorar y servir "a la creatura en vez del Creador".
"Por eso - continúa el Apóstol - los entregó Dios a pasiones infames; y sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza; y lo mismo los hombres... se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre" (Rm 1, 18-32. Cfr. también, 1 Cor 6, 9 y 1 Tim 1, 10).

III. LAS "UNIONES HOMOSEXUALES" NO SON COMPARABLES AL MATRIMONIO, BASE DE LA FAMILIA
11. El amor que puede darse entre personas homosexuales no debe ser confundido con el genuino amor conyugal,SENCILLAMENTE PORQUE NO PERTENECE A ESTA ESPECIE SINGULAR DE AMOR. Puede ser un amor de benevolencia o amistad, que se orienta a la búsqueda del bien de la persona amada. Pero el amor de amistad nunca incluye las expresiones genitales de la sexualidad, que se orientan al don de la vida.
Es el amor propio de compañeros, amigos, hermanos o parientes, no de esposos.
El comportamiento homosexual -por las razones ya apuntadas- distorsiona gravemente este amor de amistad y no puede sino perjudicar el desarrollo integral de las personas que, equivocadamente, recurren a él.
12. En cambio, el amor esponsal conlleva la donación mutua y total, en cuerpo y alma, del esposo y de la esposa. "Esta totalidad, exigida por el amor conyugal, se corresponde también con las exigencias de una fecundidad responsable, la cual, orientada a engendrar una persona humana, supera por su naturaleza el orden puramente biológico y toca una serie de valores personales, para cuyo crecimiento armonioso es necesaria la contribución perdurable y concorde de los padres"12.
La donación total que los esposos hacen del uno al otro en el pacto libre por el que se establece la comunidad de vida y amor que es el matrimonio "los hace capaces de la máxima donación posible, por la cual se convierten en cooperadores de Dios en el don de la vida a una nueva persona humana.
De este modo los cónyuges, a la vez que se dan entre sí, dan, más allá de sí mismos, la realidad del hijo, reflejo viviente de su amor"13. He ahí el lugar propio de "la genealogía de la persona, que tiene su inicio eterno en Dios y que debe conducir a El"14.
13. Ninguna de las notas de la totalidad y fecundidad, que constituyen la naturaleza misma del amor del que se nutre el matrimonio, se dan ni pueden darse en las llamadas uniones homo-sexuales. Se trata de dos realidades substancialmente diversas que no pueden ser equiparadas sin que con ello se violente el ser mismo de la persona humana.
Cualquier equiparación jurídica de dichas uniones con el matrimonio supondría otorgarles una relevancia de institución social que no corresponde en modo alguno a su realidad antropológica.
La "solidez y trascendencia del amor conyugal, su carácter procreador y definitivo, es lo que le confiere una dimensión social y, por tanto, institucional y jurídica"15.
EL MATRIMONIO, ENGENDRANDO Y EDUCANDO A SUS HIJOS, CONTRIBUYE DE MANERA INSUSTITUIBLE AL CRECIMIENTO Y ESTABILIDAD DE LA SOCIEDAD.
Por eso le es debido el reconocimiento y el apoyo legal del Estado. En cambio, a la convivencia de homosexuales, que no puede tener nunca esas características, no se le puede reconocer una dimensión social semejante a la del matrimonio y a la de la familia.
14. Un punto de particular importancia en el que la equiparación entre el matrimonio y las "uniones homosexuales" se muestra como imposible es el del derecho a la adopción.
¿Qué tipo de derecho se puede invocar para que un niño tenga que vivir premeditadamente sin la figura del padre o la de la madre?
La psicología moderna ha puesto de relieve lo que la sabiduría humana de siempre ya conocía: la falta de la figura paterna o de la figura materna NO SE SUFRE SIN GRAVES DIFICULTADES EN EL DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD. Esta falta, agravada en el caso de la unión homosexual por la presencia de dos "padres" o dos "madres", exigirá en el niño un esfuerzo aún mayor PARA PODER DAR UN PERFIL SÓLIDO A SU IDENTIDAD SEXUAL NORMAL. NO ES, PUES, POSIBLE CALIFICAR DE DISCRIMINACIÓN EL QUE LAS LEYES PROHÍBAN LA ADOPCIÓN A LOS HOMOSEXUALES.
Más bien hay que pensar que  injustamente tratado sería el niño eventualmente adoptado en esas circunstancias. Tanto más cuanto que, en este momento, son muchos los matrimonios idóneos dispuestos a adoptar y que, por una u otra causa, no consiguen llegar a ver realizado su deseo.
Los niños que, por desgracia, se hayan visto privados de una familia propia no deben ser sometidos a una nueva prueba.
Tienen derecho a crecer en un ambiente que se acerque lo más posible al de la familia natural que no tienen16.
15. La realidad humana, creatural, del amor conyugal, que es la base de toda familia que merezca realmente ese nombre, es bella y sublime al tiempo que exigente y ardua.
Tanto su belleza como su exigencia aparecen ante nuestros ojos en su profundidad última cuando el amor de los esposos es referido por San Pablo al amor de Jesucristo mismo hacia su Iglesia (cfr Ef 5, 22-33).
La donación mutua que los esposos hacen de sí mismos en el amor participa de aquella donación suprema de la Cruz de la que ha brotado la Vida para el mundo. "El verdadero amor es siempre una experiencia pascual, de muerte y de vida, de entrega y de resurrección.
ASÍ TAMBIÉN LA SEXUALIDAD, CUANDO NO ES VIVIDA DESDE EL REDUCCIONISMO QUE EXCLUYE EL COMPROMISO DEL AMOR, CONSTITUYE UN MISTERIO DE PÉRDIDA PARA EL HALLAZGO Y DE MUERTE PARA LA VIDA, DE ENTREGA Y DE OBLACIÓN, DE COMUNIÓN INTERPERSONAL PARA QUE EL OTRO TENGA VIDA".
16Las personas homosexuales no están en modo algunas excluidas de la participación en el misterio pascual de Cristo ni de la vida y la misión de la Iglesia.
Antes al contrario, también ellas están llamadas a la autodonación de la que surge la vida verdadera.
Y uno de sus modos propios de autodesprendimiento creativo será, sin duda, "unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición"17.
No creemos que se pueda decir que se les exige más sacrificio a ellas que a los esposos cristianos. Pero, en uno y otro caso, estamos ciertos de que la Cruz es el único camino para la Vida. Y así lo podemos ver en el testimonio de generosidad y de gratuidad ofrecido a la Iglesia y al mundo por tantas personas de una y otra condición sexual.

IV. CONCLUSIÓN: NO SE PUEDE LEGITIMAR EL DESORDEN MORAL
17La realidad de la condición homosexual es frecuentemente difícil y dolorosa tanto por la lucha personal como por las dificultades de integración social que comporta, agravadas tan a menudo estas últimas por auténticas discriminaciones y comportamientos vejatorios de la dignidad personal.
La Iglesia quiere ayudar a las personas que padecen esta situación. Proclamar y recordar la verdad sobre el hombre, acogiendo con caridad auténtica a las personas, es el modo de más largo alcance de que ella dispone para que la ayuda resulte realmente efectiva.
18. Los obispos españoles, en plena y cordial comunión con el Papa Juan Pablo ll, queremos llamar la atención de la opinión pública de nuestro País para que se sepa distinguir el trigo de la paja, lo verdadero de lo falso.
Hay que acoger y respetar especialmente, como personas que son, a quienes sufren tendencias homosexuales.
Pero hay que decir también bien claro lo que parece obvio: "no puede constituir una verdadera familia el vínculo de dos hombres o dos mujeres, y mucho menos se puede atribuir a esa unión el derecho de adoptar niños"18.
19. El bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial, esencialmente heterosexual, como base ineludible de la familia. Por lo tanto, no es aceptable la legalización que equipare de algún modo las llamadas uniones homosexuales con el matrimonio.
Las leyes no tienen por qué sancionar "lo que se hace" convirtiendo el hecho en derecho. Es verdad que las normas civiles no siempre podrán recoger íntegramente la ley moral, pues "la ley civil a veces deberá tolerar, en aras del orden público, lo que no puede prohibir sin ocasionar daños más graves"19. Pero esta tolerancia no podrá extenderse a los comportamientos que atentan contra los derechos fundamentales de las personas, entre los cuales se cuentan "los derechos de las familias y del matrimonio como institución". En estos casos el legislador lejos de plegarse a los hechos sociales ha "de procurar que la ley civil esté regulada por las normas fundamentales de la ley moral"20. De lo contrario se haría responsable de los graves efectos negativos que tendría para la sociedad la legitimación de un mal moral como el comportamiento homosexual "institucionalizado".
20. Terminamos recordando las palabras del Papa que ya citábamos en parte al comienzo de esta Nota y que están tomadas de su Carta a las familias en este Año Internacional de la Familia:
"¿Quién puede negar que la nuestra es una época de gran crisis, que se manifiesta ante todo como profunda "crisis de la verdad"? Crisis de la verdad significa en primer lugar, CRISIS DE CONCEPTOS. LOS TÉRMINOS "AMOR", "LIBERTAD", "ENTREGA SINCERA", E INCLUSO "PERSONA", "DERECHOS DE LA PERSONA", ¿SIGNIFICAN REALMENTE LO QUE POR NATURALEZA CONTIENEN?
He aquí por qué resulta tan significativa e importante para la Iglesia y para el mundo - ante todo en occidente - la Encíclica sobre el "esplendor de la verdad" (Veritatis splendor). 

SOLAMENTE SI LA VERDAD SOBRE LA LIBERTAD Y LA COMUNIÓN DE LAS PERSONAS EN EL MATRIMONIO Y EN LA FAMILIA RECUPERAN SU ESPLENDOR, EMPEZARÁ VERDADERAMENTE LA EDIFICACIÓN DE LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR"21.
21. Estamos aún a tiempo de evitar que una nueva y nociva confusión -la de la convivencia de homosexuales con el matrimonio- venga a entorpecer la construcción de la civilización del amor.
Nosotros confiamos en el poder del Espíritu de Jesucristo resucitado que el Padre envía siempre a su Iglesia. El, a pesar de nuestras infidelidades, la sostiene en la verdad, el bien y el amor. Sostiene, en particular, a los matrimonios cristianos en el testimonio que dan de la verdad con su amor conyugal.
Y también a las personas homosexuales en su esfuerzo -a veces no menos heroico- por vivir de acuerdo con su vocación humana y cristiana. TODOS JUNTOS, CADA CUAL SEGÚN SU CONDICIÓN Y CON LA AYUDA DEL ESPÍRITU DE LA VERDAD, SOMOS LOS CONSTRUCTORES DE LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR.



Para la Iglesia católica, el matrimonio es una alianza por la que un hombre y una mujer constituyen una íntima comunidad de vida y de amor.
Por su naturaleza está ordenada al bien de los cónyuges y a la generación y educación de los hijos. Entre bautizados, el matrimonio es, además, un sacramento.18​ Por eso, un matrimonio de paganos que, al cabo de los años, recibiera el bautismo, no necesita repetir ningún rito o ceremonia: en el momento de recibirlo, su vínculo conyugal se convierte en sacramento.19
Según la Iglesia Católica, el origen del matrimonio entre una pareja no es solo cultural, sino que procede de la misma naturaleza humana en cuanto que (como dice el libro del Génesis (1-27), en la Biblia) al principio "Dios los creó hombre y mujer".

El matrimonio sería, por tanto, UNA INSTITUCIÓN Y NO UN PRODUCTO CULTURAL CUYAS PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS -UNIDAD, INDISOLUBILIDAD Y APERTURA A LA VIDA- VENDRÍAN DEFINIDAS POR LA PROPIA NATURALEZA DEL CONCEPTO CATÓLICO DE AMOR ENTRE HOMBRE Y MUJER, QUE EXIGE A LOS ESPOSOS O CÓNYUGES A AMARSE EL UNO AL OTRO PARA SIEMPRE Y QUE ALCANZA SU MAYOR EXPRESIÓN EN LA PROCREACIÓN.
Por eso, la Iglesia Católica se ha opuesto tradicionalmente al adulterio, la poligamiael rechazo de la fecundidad y el divorcio.20
También, recientemente, se ha manifestado en contra tanto a las legislaciones que permiten las uniones entre personas del mismo sexo como a aquellas que equiparan el estatus jurídico de dichas uniones al del matrimonio, PORQUE ENTIENDE QUE «SIGNIFICARÍA NO SOLAMENTE APROBAR UN COMPORTAMIENTO DESVIADO Y CONVERTIRLO EN UN MODELO PARA LA SOCIEDAD ACTUAL, SINO TAMBIÉN OFUSCAR VALORES FUNDAMENTALES QUE PERTENECEN AL PATRIMONIO COMÚN DE LA HUMANIDAD».21

Para los católicos, el fundamento del matrimonio se encuentra en Mateo 19:3-9; Marcos 10:9; Lucas 16:18; 1 Corintios 7:10-11 y en las siguientes palabras del Génesis:
Creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne...